Quién era Marechal, el escritor que mencionó Alberto Fernández en su discurso del 17 de octubre.

Al comienzo del discurso el Presidente recordó la escena en que el pueblo pidió la liberación de Perón: “De repente asomaron millones de argentinos a los que la patria había olvidado, invisibles, dijo Leopoldo Marechal. Una Argentina invisible asomó a los ojos de todos, argentinos que por primera vez llegaban al centro de la ciudad y, en un acto de rebeldía, se sentaron en la fuente y calmaron su calor después de tanta caminata poniendo sus pies en la fuente”
Leopoldo Marechal nació el 11 de junio de 1900, en Buenos Aires. Hijo de un mecánico uruguayo y un ama de casa argentina. A los 13 años entró a trabajar en una fábrica de cortinas, la mayoría de sus compañeros no superaban los 18 años de edad, al mes de haber ingresado organizó una huelga encabezando él mismo el reclamo salarial y fue despedido acusado de responsable de la revuelta.
Después fue maestro, bibliotecario y profesor de enseñanza secundaria; como escritor, fue poeta, dramaturgo, novelista y ensayista.
Se convirtió en uno de los más grandes escritores argentinos, no obstante en torno a él se ha desplegado un interesado silencio y ocultamiento, que lo ha llevado a ser un desconocido para muchos de sus compatriotas, por haber asumido tempranamente un declarado compromiso con el peronismo.
El aparato cultural de la oligarquía no podía permitir que un convencido adherente del peronismo fuera reconocido como uno de los mejores escritores, porque de esa forma se derrumbaría esa imagen sarmientina que vinculaba a ese movimiento con la “barbarie”, de esa manera se le birló a Marechal su posibilidad de reconocimiento por parte de las generaciones que lo sucedieron.
Su padre murió en 1919 víctima de la gripe española que tuvo el carácter de epidemia, Marechal cuenta que su padre pudo haberse curado si el patrón del aserradero donde trabajaba no lo hubiese obligado a salir de su convalecencia.
Cuando llegó la Revolución de 1943, Marechal vivía de la docencia por 6 horas de Cátedra en la Escuela de Arte “Manuel Belgrano”, y el cargo de maestro que no ejercía por estar en una Comisión de Folklore, cuya misión era preparar dos antologías folklóricas para uso de las escuelas, el movimiento de 1943 terminó con la Comisión y debió volver a la escuela.
Marechal vio que Perón estaba realizando la revolución posible con la que había soñado desde su juventud y no abandonó su apoyo al gobierno cuando rompió relaciones con el Eje, como lo hicieron muchos otros de los suyos.
Además la mayoría de los nacionalistas veían con desconfianza todo aquello que suscitara el apoyo de las masas populares, por el contrario Marechal consideraba indispensable contar con esa adhesión.
Apoyó el 17 de octubre de 1945 y formó parte del Comité Pro-candidatura del Coronel Perón, junto con Hipólito Paz, Castiñeira de Dios y Arturo Cancela.
El gobierno peronista lo confirmó en la Dirección General de Cultura, pero cuando la Dirección se convirtió en Secretaría nombraron a otro funcionario y lo pasaron a la Dirección de Enseñanza Superior y Artística, más adelante cercenaron lo de la enseñanza superior y le quedó lo de Artística, pequeña Dirección muy a su gusto porque debió trabajar con las Escuelas de Arte.
Cuando se produjo el 17 de octubre de 1945 Marechal Se vistió apresuradamente y bajó a la calle, sumándose a la multitud que se dirigía a la Plaza de Mayo: “Vi, reconocí, y amé a los miles de rostros que la integraban: no había rencor en ellos, sino la alegría de salir a la visibilidad en reclamo de su líder. Era la Argentina “invisible” que algunos habían anunciado literariamente, sin conocer ni amar sus millones de caras concretas, y que no bien las conocieron les dieron la espalda. Desde aquellas horas me hice peronista”.
Marechal reconocía que no era hombre de acción sino de contemplación y meditación no tenía condiciones de político militante pero decidió con sus hechos y palabras declarar públicamente su adhesión al movimiento, y respaldarlo con su prestigio intelectual que por aquellos años era mucho.
Y se entusiasmaba al afirmar: “En el caso del “justicialismo, con abstracción de sus muchos aciertos y sus muchos errores, se logró lo más grande que podía conseguirse entonces: el esclarecimiento y puesta en obra de una “conciencia nacional y popular”. Se logró, en suma, convertir una “masa numeral” en un “pueblo esencial”, hecho que tuvo, tiene y tendrá consecuencias muy previsibles. Fácil es advertir que desde 1955, con ausencia del justicialismo, esta nación es ingobernable como no sea por la policía o la “metapolicía”, término que acabo de inventar…”
“A mí me interesa todo movimiento de liberación social. En concreto, como latinoamericano me interesa la liberación de las trabas que nos impone el imperialismo yanqui. Pero la verdadera trascendencia la visualizo como metafísica y sólo viable mediante Cristo”
El Adanbuenosayres, Megafón o la guerra, El banquete de Severo arcángelo, son sus libros más famosos.