«Nuestra lucha es permanente porque los blancos siguen sin considerarnos dueños de la tierra. Nos ven como extranjeros”, afirmó el cineasta mbya guaraní, Ariel Kuaray Ortega.

Por Patricia López Espínola

Miércoles 20 de abril de 2022. Los pueblos originarios que habitan la Tierra Colorada tienen un gran representante para registrar su cosmovisión. Se trata de Ariel Kuaray Ortega Duarte, cineasta mbya guaraní que nació hace 35 años en la comunidad Tamanduá, del municipio de 25 de Mayo.
Desde niño le gustaba descubrir qué había más allá del monte que rodeaba su aldea y, al crecer, decidió conformar con un grupo de jóvenes algo parecido a tomar imágenes y escribir guiones. Así se inscribió en un proyecto del Instituto Federal del Amazonas (IFAM) para realizar un registro audiovisual.
Fue seleccionado y junto al colectivo de cine, registraron las caminatas de los guaraníes desde Paraguay hacia Argentina y Brasil.
Así nació su primer documental «Tava, Casa de Piedra», realizado en 2014, que habla de las reducciones jesuíticas desde los puntos de vista de las comunidades guaraníes que se encuentran en Misiones, en Paraguay y en el sur de Brasil.
Ortega trabaja en la Productora de Cine Guaraní y en la ONG brasileña Vídeo Nas Aldeias, de Olinda, Pernambuco. Vive en Río Grande Do Sul pero visita seguido su aldea, donde vive su familia.
«Durante la época de la reducción, muchos guaraníes aceptaron vivir ahí con los sacerdotes jesuitas mientras otros se fueron al monte. A estos se les llamó «los infieles».
El cineasta, en estas historias, tiene también una búsqueda personal: investigar en profundidad si es descendiente de los que se quedaron en las reducciones o de los que emigraron al monte. Para ello, escuchó las versiones de la historia de parte de los ancianos para no quedarse sólo con lo que decían los historiadores o los jesuitas.
«Viajamos con un equipo por Misiones y por algunos estados de Brasil -Sao Paulo, Río Grande Do Sul y Río de Janeiro-, convencidos que las comunidades tenemos derecho a vivir y defender la tierra, porque sólo nosotros sabemos lo que es mejor para nuestro pueblo».
En ese sentido la lucha es permanente. «Desde la pelea para que en el hospital del blanco respeten nuestra cultura, hasta que nos consideren como seres humanos con nuestra diversidad. Muchos blancos son ignorantes porque desconocen nuestro lenguaje y nuestra espiritualidad, es decir nuestra cultura», reflexiona.
Y también cuestiona que tanto en Argentina como en Brasil los aborígenes son considerados parte importante de la sociedad pero cuando reclaman sus derechos “nos ven como invasores, nos tratan como extranjeros, no respetan las diferencias culturales y tampoco se imparte de manera integral la educación bilingüe en las escuelas. Creo que las personas, para respetar nuestra cultura, tienen mucho que aprender».

Cine sin intermediarios

Ariel Ortega define a la técnica de su trabajo como “cine directo». Se trata de un estilo propio de grabar considerando que la cámara filmadora es una integrante más, aunque sea una herramienta del hombre blanco.
«Lo que buscamos es que al entrar a la comunidad lo que se muestre tenga nuestra mirada, porque observamos que cuando alguien de afuera, un blanco llega a filmar, ve mucho romanticismo e idealiza a nuestro pueblo con una mirada que tiende a mostrar paz y amor en el lugar, como si no fuéramos personas conflictivas».
En ese sentido sus películas son un poco más reales. «Creo que cada uno debe vivir de acuerdo a lo que es, sin que le quieran imponer otra cultura, así criamos a nuestros chicos».
Es crítico hacia la acción del Estado intentando decidir por las comunidades nativas. «Nosotros lo tomamos como una invasión a esa iniciativa de integración de los blancos a través de la política partidaria», cuestionó.

«En mi familia hay mujeres que son lideresas espirituales»

Ariel Ortega Duarte destacó el rol de las mujeres dirigiendo cine. Sostuvo que tienen una sensibilidad diferente a la de los hombres en el momento de filmar.
«En este punto de la historia en la que estamos en la lucha por la igualdad de los géneros, esa sensibilidad es cada vez más mayor e influyó en gran medida hacia adentro de las comunidades indígenas en Brasil, tratando de acabar con el machismo».
Afirmó que varias integrantes de su familia son lideresas espirituales, como su abuela y su hermana Jorgelina, que tienen un rol muy importante entre los pueblos originarios. «Creo que si entre nosotros existe el machismo es porque estamos influenciados por la cultura occidental. Actualmente se visibiliza más a las mujeres como cacicas. Aunque siempre fueron las madres o las lideresas las que tomaban las decisiones en nuestra comunidad, aún cuando muchos creen que las mujeres son sumisas, y están detrás del hombre como si él fuera el responsable de las decisiones».
En ese sentido, contó que la vida lo encuentra viajando muchas veces de la mano de su compañera, Patricia Ferreira, maestra y cineasta guaraní que se ocupa de producir historias sobre el papel de la mujer dentro de las comunidades.

Ficción sobre la metamorfosis

Como cineasta, Kuaray Ortega hizo varios documentales. Ahora conforma un grupo de cine guaraní que presentó sus películas en Estados Unidos, Francia y Alemania.
En la localidad de 25 de Mayo tiene pensado desarrollar su primera ficción: la historia de la metamorfosis de un hombre guaraní que se transforma en yaguá (leopardo).
«Se trata de mostrar las razones que lo llevaron a transformarse porque en nuestra cultura creemos que cualquier persona puede convertirse en un animal, un insecto o un ave si hace algo en exceso. Y este hombre cazaba desmesuradamente, no tenía límites ni respetaba las reglas de la caza y por eso se transformó en yaguareté. Es una historia real que pasó en la década del 80 en mi pueblo cuando yo era niño», recordó.
Su deseo es encarar él mismo el rodaje en su pueblo porque generalmente viene alguien de otro lado a registrar «lo que hacemos, y creo que el trabajo, el modo de mostrar y contar sólo impacta de manera positiva en el mundo porque es contado desde adentro y con nuestra mirada», dijo el joven guaraní.