Las historias de éxitos de los que emigran de la Argentina -que los medios señalan como inviable-, son las historias que hoy suplen a la telerrealidad (vos la conocés como reality show) de los 90, que suplieron a su vez a las novelas de entretenimiento de los 70 y los 80. Estas notas de marras entretienen. En los 80 militaban el amor de clases (rica o rico enamorado de humildes) y hoy todavía militan la historia de la desigualdad, con un cambio de paradigma: en las telenovelas, podías soñar que encontrarías el amor arriba de un colectivo o de un taxi. Ahora encontrás el futuro arriba de un avión.

Miércoles 18 de mayo de 2022. El diario La Nación milita la emigración como disparador del éxito. No se cansan de escribir historias de una montonera de personas que salen del país porque acá, dicen, no hay futuro.
No hay futuro, machacan.
Para graficar, elige “el Gran Diario Argentino” hablar de profesionales (o personas con empleos formales) que dejan todo para ir a limpiar baños, hacer empanadas o a trabajar sobreexplotados y denigrados como les pasa a muchos conocidos, allende los mares, y cuyas historias conocemos por voz propia.
Todos los días, La Nación, seguido por Clarín y por Infobae (y sus redes de medios), dale que te dale con la cantinela (en Argentina, la cantinela es aquello que se repite con una insistencia que resulta molesta e inoportuna, ya sea un sonido o una idea) con la misma historieta, escrita con ribetes melodramáticos y cursilería sensiblera antes que con lenguaje periodístico, militando la desazón argentina.
¡Sí, militan la desazón!
Militan la Argentina como inviable; militan la falta de futuro; militan la decadencia política en favor de la antipolítica; militan la desgracia de vivir en el otrora granero del mundo, reventado en mil pedazos -no por la política sino- por políticos corruptos que ellos promocionaron, blindaron o posicionaron a cambio de prebendas, casi siempre con dinero público:….
La Nación y Clarín, al menos entre otras muchas empresas privadas, lograron que la dictadura militar convierta sus deudas privadas en deuda pública (en la deuda externa) que desde entonces y que también hoy no nos permite avanzar. Es el ancla, con una sociedad formateada desde esos medios que logran correr el eje del análisis a la pavada misma.
Pero también esos medios, mientras militan la desazón Argentina, con ánimo de destrucción, facturan millones y millones de pesos al propio Estado -otra vez, como siempre-, en pautas sin sentido, en plata regalada -que también Alberto paga- pero que no se discute jamás, porque siquiera se visibiliza.
A estos medios nadie les dice que vayan a laburar si quieren facturar para mantener su estatus (estatus autopercibido, claro). A ellos no. Pero ellos si instalan a fuerza de espacio y latiguillos de la caterva de opinólogos de teclados que dicen sus barbaridades y estos medios convalidan como «opinión pública» calificada.
Y al lado, la historia de Juancito, Pedrito y Anita que dejaron todo (en Capital Federal dejaron todo; siempre se van de Capital Federal, o de Córdoba alguna vez) para triunfar en los países del primer mundo (haciendo los trabajos del último mundo) y así sonreír para las fotos de sus páginas tan decorosas.
Todos los días hay una nota de esas. Es la que suple a la telerrealidad (vos la conocés como reality show) de los 90, que suplieron a su vez a las novelas de entretenimiento de los 70 y los 80. Estas notas de marras son así de pedorras, pero entretienen. En los 80 militaban el amor de clases (niña rica se enamora de hombre pobre, o cheto patricio se deslumbraba con la paisana del interior, pero solo porque estaba más buena, según los estándares de belleza que esas mismas corporaciones instalaron).
Eso militaban los medios. Eso militan los medios. Todavía militan eso, la historia de la desigualdad pero ahora con un cambio de paradigma: en las telenovelas, podías soñar que encontrarías el amor arriba de un colectivo o de un taxi. Ahora encontrás el futuro arriba de un avión.
Militan la historia de otres para que creas que a vos también te puede pasar (eso que llaman éxito) y sin no te pasa, te frustres (eso que llaman fracaso), porque es culpa del Estado o es culpa de la política.
Argumentos pedorros de entonces, en historias pedorras de ahora.
Esto también nos pasa. «A diario».