Una familia de Pozo Azul, productora histórica de tabaco, comenzó a diversificar su chacra con producción de alimentos. La llegada de mil repollos a Posadas, a través de “Misiones Produce”, expone el desafío de generar mercados y canales de comercialización para fortalecer las alternativas productivas de las familias rurales.

Miércoles 2 de septiembre de 2026. Una familia productora de Pozo Azul que durante años estuvo vinculada principalmente al cultivo de tabaco comenzó a diversificar su chacra con la producción de alimentos. Esta semana, un camión de “Misiones Produce” trasladó a Posadas una carga de mil repollos cultivados por la familia, en una experiencia que vuelve a poner en primer plano uno de los desafíos de la producción misionera: generar alternativas para las chacras y, al mismo tiempo, construir canales de comercialización para esos productos.
El protagonista de esta experiencia es Luis Francois, productor de Pozo Azul, quien junto a su familia decidió incorporar la producción de alimentos a una chacra que durante años estuvo dedicada principalmente al tabaco. La llegada de los repollos a Posadas constituye el primer resultado concreto de esa diversificación y permite observar cómo una decisión productiva adquiere otra dimensión cuando existe un destino comercial para lo que se produce.
“Antes tenía que ir buscando alguna vuelta”, explicó Francois al referirse a las dificultades que encontraba para comercializar su producción. La posibilidad de contar con un canal de venta modifica también la planificación de la chacra y abre la posibilidad de incrementar la superficie destinada a los alimentos. “Podemos plantar hasta un poco más”, resumió el productor.
El dato adquiere relevancia porque la diversificación productiva no depende solamente de la capacidad de una familia para incorporar un nuevo cultivo. También requiere resolver una cuestión central para cualquier actividad económica: quién compra, cómo se transporta la producción y en qué condiciones se concreta la comercialización.

Del cultivo al mercado
La experiencia se desarrolla en el marco de “Misiones Produce”, una iniciativa orientada a vincular la producción de las chacras con la demanda de alimentos en los centros urbanos. En este caso, el circuito permitió trasladar desde Pozo Azul una producción concreta hacia Posadas.
Para el dirigente Martín Sereno, el valor de la experiencia excede la cantidad de repollos transportados. “Estos mil repollos tienen un enorme valor porque demuestran en la práctica algo que sostenemos desde hace tiempo, y es que Misiones tiene tierra, productores, conocimiento y capacidad para producir una parte mucho mayor de los alimentos que consumimos”, sostuvo.
Sereno planteó que la discusión debe incorporar el destino de la producción y el impacto que genera sobre las familias productoras. “Cuando hablamos de desarrollo productivo no podemos pensar solamente en cuánto se produce, sino también qué producimos, el trabajo que genera, cuántas familias pueden vivir de esa actividad y qué parte de ese dinero queda circulando en nuestros pueblos y ciudades”, señaló.
Desde esa perspectiva, la producción de alimentos puede convertirse en una actividad con capacidad para vincular distintos eslabones dentro de la provincia. “Un repollo producido en Pozo Azul que se vende en Posadas pone en movimiento al productor, a su familia, al transporte, al comercio y al consumidor. Es una cadena de valor que empieza en nuestra tierra y genera riqueza dentro de Misiones”, afirmó Sereno.
La afirmación plantea una cuestión que trasciende esta operación puntual: la comercialización es parte de la actividad productiva y puede determinar qué cultivos resultan viables para una familia. Sembrar supone asumir costos, trabajo y riesgos; contar con un comprador constituye una condición adicional para decidir cuánto producir.

La comercialización como parte de la producción
En ese punto aparece uno de los principales problemas que enfrentan las pequeñas explotaciones: producir no garantiza por sí mismo la colocación de la cosecha. La logística, el transporte, la búsqueda de compradores y la negociación de precios pueden quedar a cargo de cada productor, lo que agrega dificultades a una actividad que ya está condicionada por los costos y los ciclos de producción.
“Durante mucho tiempo dejamos solo al pequeño productor que además tenía que conseguir transporte, buscar comprador y negociar individualmente el precio, y así es muy difícil sostener una chacra”, sostuvo Sereno. A partir de ese diagnóstico, planteó la necesidad de identificar la demanda, organizar la producción y establecer canales que permitan vincularla con las familias productoras.
La experiencia de Francois muestra ese vínculo desde la perspectiva de la chacra. La posibilidad de comercializar la producción genera condiciones para proyectar una mayor superficie sembrada y avanzar en la diversificación.
En ese sentido, Sereno sostuvo que la soberanía alimentaria debe traducirse en mecanismos concretos de producción y comercialización. “Soberanía alimentaria significa que los alimentos que nuestro pueblo consume todos los días puedan ser producidos cada vez más por familias misioneras. Y para eso no alcanza con esperar que las familias produzcan: debemos acompañar, planificar qué hace falta, garantizar calidad y, fundamentalmente, construir mercados para esa producción”, afirmó.

Una alternativa al monocultivo
El caso de Pozo Azul incorpora además otro elemento: la transición desde una actividad productiva conocida durante años hacia un esquema más diversificado.
La familia Francois mantuvo durante buena parte de su trayectoria una fuerte vinculación con el tabaco y ahora comenzó a incorporar alimentos a la producción de la chacra. La diversificación puede permitir distribuir los ingresos entre distintas actividades y aprovechar diferentes momentos del calendario productivo, aunque su sostenibilidad dependerá de factores como los costos, los rendimientos, la asistencia técnica y, especialmente, la existencia de mercados estables.
Sereno sostuvo que ese proceso requiere acompañamiento sostenido. “No se trata de decirle a una familia de un día para otro que abandone una producción que conoce desde hace años, sino de construir alternativas reales”, afirmó.
En ese sentido, enumeró como condiciones para avanzar en la diversificación la asistencia, los insumos, el conocimiento, la logística y la existencia de compradores. “La alternativa debe generar ingresos y mejorar la vida de la familia”, concluyó.
La carga de mil repollos que llegó desde Pozo Azul a Posadas representa, en términos materiales, una operación acotada. Su importancia periodística está en otro lugar: muestra, a partir de una experiencia concreta, que la decisión de diversificar una chacra está estrechamente ligada a la posibilidad de vender lo producido.
El desafío consiste entonces en transformar experiencias puntuales en circuitos previsibles de producción y comercialización. Para las familias que buscan incorporar alimentos a sus chacras, saber qué demanda existe y contar con un canal para llegar al consumidor puede ser tan determinante como disponer de tierra, conocimiento y capacidad de trabajo.