Era de esperar que en el estado en que se encuentra el debate político en el país el discurso de la Presidenta del 1-M fuera elogiado por oficialistas y denostado por las oposiciones. Ante la presencia de este círculo oscuro vale enfocar el análisis del discurso desde otra perspectiva, menos dicotómica. Por ejemplo, destacar que durante casi cuatro horas la gente movilizada siguió atentamente sus palabras.  Las cámaras fueron pródigas en mostrar lágrimas y emociones de mujeres y hombres que bebían sus conceptos. Las pocas crónicas desde la plaza dieron cuenta de este fenómeno de identificación del pueblo movilizado con su líder. Esta adhesión popular, que sí fue rescatada por los medios, se constituye en el abordaje más preciso para el análisis del discurso. La gente se siente contenida y protegida. Aparece en este sentimiento popular un hilo conductor de las palabras de CFK. En forma magistral, la Presidenta logra encuadrar en el contexto internacional e interno, las tensiones de la política en la toma de decisiones. Parecía que la gente común estaba tocando, viendo y entendiendo la significación política del desendeudamiento del Estado nacional, que constituyó uno de los ejes de la recuperación de la política como expresión de la soberanía popular y de su pretendida emancipación de los poderes fácticos que, en el mundo entero se articulan en un entramado mafioso entre el poder financiero y mediático.  La tv alcanzó a mostrar el llanto de mujeres comunes, lágrimas de emotivos respaldos personales por el caso AMIA que, nuevamente, pudo ser comprendido y aprehendido en el tablero de la geopolítica mundial que, en Medio Oriente juega batallas decisivas.  El poder autonomizado de los aparatos de Inteligencia, la CIA, la Mossad y aquí la ex Side, no es algo inentendible para el ciudadano común. La Presidenta lo desoculta y legitima la lectura conspirativa que se corresponden con las conductas antidemocráticas que anidan en las estructuras del Estado. Siempre se supo, pero nadie lo decía. Viejo lobo, el dirigente local Aníbal Velázquez, escribió en misionesplural, al otro día de la muerte de Nisman, que toda la movida tenía olor a la CIA.

Estos ejes conceptuales del discurso de Cristina explican el sentido general de las políticas aplicadas desde 2003 y echan luz sobre la obra de gobierno.  Puede suponerse que fue el objetivo de la línea discursiva, yendo de lo general a lo particular permanentemente.  Que por eso no aburrió tanto dato que, ni lejos, estuvieron de abarcar todo lo realizado.  Es el esquema que explica y logra la adhesión popular en toda la acción de gobierno, incluso a las imputaciones concretas que la Presidenta hace a un sector del Poder Judicial decididamente jugado en contra de las trasformaciones democráticas en su ámbito, en los medios y en todas las relaciones sociales. En esta línea argumental se hubiera también entendido cómo la inflación, que afecta directamente a los sectores de ingresos fijos, forma parte de un contexto político y económico. Develar que la puja por el ingreso y el excedente, en la Argentina se libra en el mercado cambiario, hubiera arrojado luz sobre un tema que la hegemonía mediática y la ideología dominante reduce a una exclusiva responsabilidad de los gobiernos.  Entendemos que se perdió una oportunidad de apuntar a los formadores de precios y a los especuladores como responsables del flagelo de la inflación.

 LA AUTOVÍA 14 NO ESTÁ TERMINADA: Escuchamos a la Presidenta en directo y para chequear recurrimos a la página de la Casa Rosada.  En el capítulo de las inversiones en infraestructura leemos: “el 1º de marzo Cristina Fernández aseguró que “el séptimo hito fue la autovía 14, inaugurada: 531 kilómetros de lo que había sido denominada la ruta de la muerte”. Recordó que en 2003, cuando asumió Néstor Kirchner la Presidencia no existía ni siquiera un proyecto para construirla. “Dos años tardamos en hacer el proyecto y este año la terminamos”.

Un desliz que leído parece menos severo que al escucharlo, pero lo concreto es que la autovía 14 no está terminada. La ruta 14 llega hasta Bernardo de Irigoyen. Se hicieron 531 km desde Ceibas a Paso de los Libres. Faltan 662 km.  Una apostilla que las oposiciones en Misiones dejaron pasar.