“Nosotros mismos les damos las piedras que nos tiran” dijo el diputado Mario Pegoraro sin disimular su enojo con sus pares de la banca ucerreísta. Es que la sesión del jueves 28 dejó a los diputados de la UCR como una rémora de la cultura machista al enredarse en su habitual retórica demagógica en un debate sobre la violencia de género, desatado por la apelación de Barrios Arrecha al “voto bombacha”.

Mientras la consigna “#NiUnaMenos” se viraliza en las redes sociales, convocando a una movilización el próximo 3 de junio en todas las plazas del país, los diputados de la UCR de Misiones quedaron expuestos como exponentes de la cultura machista. Enredados en su habitual retórica demagógica votaron en contra de repudiar agresiones a las mujeres perpetradas por el ex gobernador Barrios Arrechea y terminaron justificando las violencias verbales de las campañas electorales.
El debate se desató cuando en la sesión se analizó un pedido de repudio que hizo la diputada María Losada por declaraciones formuladas por Barrios Arrechea en un programa de TV, en el que dijo que el candidato de su partido Gustavo González “tiene pinta y el voto bombacha está asegurado”.
En lugar de dejar que el proyecto de declaración se diluya entre otros cuarenta proyectos que se votan en forma conjunta, tal cual sugería Mario Pegoraro, el presidente del bloque, Germán Bordón puso el tema en el centro del debate político. Quizá por estrategia de defensa ya que tiene una denuncia en el INADI, precisamente por violencia de género, presentada por su par María Losada, a quién agredió con una broma bien pesada propia de la cultura machista pero que, se revela como recurso de disciplinamiento a las mujeres.
Fue Losada la autora del proyecto de repudio. Aseguró que “es lamentable que un hombre de la política tenga esas expresiones hacia las mujeres” y advirtió que deriva de una lógica “que inhabilita a la mujer. Configura un acto de extrema violencia ese desliz verbal y no debemos perder de vista que el recurso de la violencia por parte de esa clase de hombres es instrumental y no constituye una pérdida de control involuntaria, sino más bien, una consciente convicción en el anhelo de toma de control”, consideró Losada. “Las palabras de Barrios Arrechea, revelan un estereotipo de violencia orientado a perpetuar la desigualdad, que no debemos permitir y que debemos rechazar enfáticamente, comprometiéndonos a seguir trabajando por alcanzar la plenitud de los derechos civiles, políticos y económicos de las mujeres”, agregó. También reveló que esas declaraciones habían sido repudiadas por el Comité Nacional y la Convención partidaria. Sin embargo, la fuerza de la cultura machista en la UCR ya había quedado en evidencia cuando Gloria Llamosas, desde el Tribunal de Ética rechazó las acusaciones argumentando que son “normales” en el partido. ¿Qué lleva a una mujer a aceptar esa estigmatización?. No cabe duda que la profunda penetración del discurso hegemónico.
Volviendo al recinto, sin medir a lo que se exponía, Bordón salió en defensa del ex gobernador empantanándose de entrada al hacer una ponderación del aspecto físico de González, que abiertamente incómodo por la situación se quedó callado mientras se hacía cada vez más chiquito en su bancada. Bordón contra argumentó minimizando la violencia verbal de su jefe al ponerla en comparación con las muertes de mujeres que se registran en el país por la violencia, generalmente de sus cónyuges. Esta lógica del victimismo es propia de Bordón, que se adelanta al juicio que tiene en el INADI y es propia de la retórica demagógica que busca desprestigiar de una forma falaz la argumentación del adversario denostándola como chicana y también como autoritaria. Dicen en el radicalismo que siempre hizo lo mismo. Por ejemplo, anula autoritariamente las elecciones internas en Santa Ana porque perdía a muerte. Él es el victimista, pero inmediatamente denuncia fraude con lo que posiciona a su adversario de forma implícita como atacante al adoptar una postura de víctima en el contexto de la discusión. En el recinto intentó confundir con el mismo mecanismo de instalar su culpa a otros para resguardarse en la compasión ajena. No funcionó. Uno a uno fueron desarmados sus argumentos, diríamos de banalización del mal, o de justificación del mal menor con intervenciones contundentes de las diputadas Claudia Gauto, Sonia Melo y entre otras Tiki Marchesini quién destruyó la defensa que ensayó Chiquitín Molina cuando dijo que todo era una broma. Apeló a la Wikipedia para señalar que “una broma es una maniobra, trampa o truco que se le hace a alguien a propósito para que se sienta ridiculizado, engañado o victimizado, normalmente por humor. En muchas bromas existe una crueldad inherente que las hace difíciles de diferenciar del acoso, el sadismo, el vandalismo o el hooliganismo”.
El diputado Hugo Escalada -expulsado de la UCR por no avalar el acuerdo con el PRO, al igual que Losada- en la misma sintonía que Marchesini observó que los diputados ucerreístas van de broma en broma, sin darse cuenta de los cambios registrados en la sociedad en la que ya no hay espacios para actitudes machistas.
Su intervención y después la de Losada obligaron a Bordón a ser explícito: “La UCR no repudia la violencia de género implícita en las declaraciones de Barrios Arrechea”. Mientras, Molina intentaba bajar el tono asegurando que el ex gobernador se había disculpado, pero encendió los ánimos cuando sostuvo que en el marco de la campaña electoral “habrá muchas frases desacertadas” pero que después quedan diluidas porque siempre se piden disculpas. Claudio Wipplinger lo cruzó categóricamente al subrayar que ni las campañas electorales justifican las descalificaciones del otro.

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