El protagonismo de los jóvenes, que desbordan con su afán de vida la ciudad, sus calles e instituciones, refutan las malas ondas que predican el poder real y el denunciativismo desmovilizante de las oposiciones. La estudiantina, el parlamento estudiantil, el festival para retener en la memoria el Día de los Lápices y el millar de voluntarios de la colecta Techo son algunas manifestaciones de la “provincia real”.

Posadas es, en estos tiempos, una ciudad copada por los jóvenes. No son sólo los redobles de la estudiantina con toda su carga de significantes, diríamos ya inscriptas en las tradiciones. Son muchos más. Alumnos de escuelas de todos los municipios están participando del Parlamento Estudiantil asumiendo ya, la carga de las representaciones y su inserción en las instituciones en ejercicio del debate democrático. No es sólo euforia y excitación excesiva de los cuerpos de baile. También ganan las calles para detener el tiempo y conmocionarse en el festival “Los lápices siguen escribiendo” y recuperar el aliento desde la memoria de sus compañeros detenidos – desparecidos hace 39 años. Otros, no menos comprometidos con su tiempo, con el dolor de la pobreza en sus conciencias en formación, más de mil de ellos, salieron a las plazas como voluntarios para pedir, pedir por Techo para los sin-viviendas.

Es una estampa de época. La alegría de los jóvenes para festejar sin ataduras y para jugarse en el compromiso con el otro.

Este entusiasmo juvenil que podemos palpar en Posadas, entusiasmo por la vida que promete y tiene futuro, esa alegría tiene hilos comunicantes con la algarabía que salió del subsuelo de la patria en los festejos del bicentenario, preludio del 54% de Cristina Fernández de Kirchner en la primera vuelta de 2011.Por eso un pueblo alegre, y más si desborda de juventudes, irrita al poder real, a las elites. Posadas en estos días, su pueblo, demuestra que no cae en la prédica del odio y del miedo.

La popularidad de la estudiantina, las expectativas que despierta el parlamento estudiantil en todo el interior profundo de Misiones, la profunda solemnidad del festival por la memoria del Día de los Lápices, y el voluntariado, aunque apolítico que contrastaba en la plaza 9 de Julio con la carpa negra de fundamentalistas docentes, todo ese despliegue de futuro, desde el rescate del pasado y un presente proyectivo, todos esos jóvenes reflejan una provincia muy diferente en la que viven las oposiciones que, si bien medran también con las conquistas de la década, siempre tiran mala onda. Es tradición en los debate electorales en nuestros pagos que los gobernantes sean acusados de “vivir en otro mundo”. Pues en estos tiempos, desde la misma sociedad y desde su mayoritaria juventud, se está diciendo que los que viven en otro mundo son los candidatos de las oposiciones.

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