El Frente para la Victoria dio una lección de institucionalidad política al elegir a Federico Pinedo del PRO como presidente provfisional del Senado de la Nación. Con 43 legisladores de 72 pudo haberse quedado con el cargo, sin embargo privilegió el sentido del pronunciamiento popular del balotaje. Es lo que mueve aquí en Misiones la toma de decisiones de Rovira que, en la sesión extraordinaria del Parlamento, dio un gesto de apoyo a la gobernabilidad de Macri. En otra sintonía, las oposiciones partidocráticas mantienen actitudes fundamentalistas contrarias a los cambios que dicen expresar. No hay argumentos válidos para votar en contra del Presupuesto de la Provincia.

Las oposiciones partidocráticas en Misiones no se dieron por enteradas del profundo gesto de institucionalidad que subyace en la designación de Federico Pinedo como presidente 1° del Senado de la Nación. Con una amplia mayoría, 43 de los 72 legisladores, el Frente para la Victoria tenía la posibilidad de nombrar a uno de los suyos en el cargo que, no es un cargo cualquiera, ya que está en la línea de sucesión presidencial. Tampoco hizo valer su mayoría para las designaciones de las secretarías parlamentarias responsables de la agenda legislativa y del manejo de los recursos. Pocos medios pusieron el suficiente énfasis en la actitud del FVP, kirchnerismo si se prefiere. Traduce una clara intención de privilegiar la institucionalidad y centrar los debates y confrontaciones, que los habrá, en el marco, precisamente, de las instituciones republicanas. El gesto no es natural. Tiene un profundo sentido político y traduce intenciones y adelanta la manera en que el FPV hará oposición al gobierno de Cambiemos. Hay que recordar que en 2001, el peronismo asumió otra actitud. Después de imponerse en las parlamentarias de ese año impuso a Ramón Puerta como presidente provisional, movida que, ante la renuncia anterior de Chacho Álvarez lo ponía directamente debajo de De la Rúa. Y ya se sabe lo que sucedió.

EL MENSAJE DE ROVIRA: El mismo mensaje de respeto a la institucionalidad como ámbito de resolución de conflictos y de las diferencias está en el nudo de la intervención de Carlos Rovira ayer en la sesión extraordinaria del parlamento misionero convocada para el tratamiento de los presupuestos de recursos y gastos del Estado. Desde la interpretación del pronunciamiento popular en las urnas como marco de referencia para la toma de decisiones, no sólo defendió la sanción de la ley de Presupuesto sino que llamó a respetar lo que votó el pueblo en un gesto de abierto respaldo a la gobernabilidad de Mauricio Macri. Con la prudencia y moderación que no es común, ni siquiera entre nosotros los periodistas, llamó a no ser prejuiciosos: “quiero decir como jefe político del proyecto renovador que he sugerido apoyar todas las iniciativas del nuevo presidente. Creo que no debe haber contradicción, sino coherencia”, para remarcar: “renace una nueva esperanza en la provincia y en la Nación. Debemos cuidar de acompañar a todo el deseo de un pueblo, que es el deseo de lo mejor”. Fue cuando se diferenció de las críticas ideologizadas para considerar, con respecto al gobierno electo en la Nación: “si todavía no han dado los primeros pasos y los primeros alientos, no rompamos la iniciativa. Yo creo que es de buena agente facilitar el acceso para que las cuestiones pendientes formen parte de una nueva sociedad”.

FUNDAMENTALISTAS EN CAMPAÑA: Dentro de este contexto los diputados provinciales que votaron en contra del Presupuesto volvieron a repetir argumentaciones ya remanidas para cuestionar la institucionalidad de la letra de la ley. Si el fundamentalismo es la actitud contraria a cualquier cambio o desviación en los dogmas y las prácticas que se consideran esenciales e inamovibles en un sistema ideológico, no cabe duda, los que votaron en contra son fundamentalistas. Pero revisando los antecedentes, inscriptos en sus discursos y sus proyectos, fundamentalmente de los ucerreístas, ese fundamentalismo nada tiene que ver con lo doctrinario. Más bien es un posicionamiento en la oferta electoral. Siguen convencidos de que todo voto en contra de Rovira genera expectativas de posicionamiento en el tablero político. Desde afuera no se entiende que no hayan revisado el papelón del 22 de octubre. Los ciudadanos no los tienen en cuenta. Les fue muy mal. Fueron doblados y triplicados por los votos en blanco.