El tribunal de disciplina de la UCR extendió por un año la inhabilitación de Mario Pegoraro como afiliado del partido. La curiosa condena se fundamenta en que fue candidato a vicegobernador por la Alianza PRO – Cambiemos  el año pasado pero, sin hurgar mucho, salta a las luces que fue una movida para sacarlo de la interna. El aparato teme que a través de Pegoraro el macrismo de Misiones se quede con el partido. Aunque no se crea fue Carrió la que encendió la mecha cuando, en el marco de una reunión ampliada de gabinete,  le increpó a Humberto Schiavoni que no se meta en la interna radical.

Posadas (5 de Mayo) Ni expulsado ni suspendido, Mario Pegoraro fue inhabilitado como afiliado radical por el lapso de un año. Fue la figura que encontró el Tribunal de Disciplina de la UCR para sacarlo fuera del escenario de las internas partidarias que se  deben realizar este año para renovar autoridades.

inhabilitacion mario pegoraro

El fallo del tribunal es un verdadero intríngulis que no tiene asidero ni ético, ni jurídico y mucho menos político.  Pegoraro fue candidato a vicegobernador por el macrismo en Misiones con el respaldo de la conducción nacional de la UCR que, en la Convención de Gualeguaychú había tomado la decisión de participar en la Alianza con Mauricio Macri. Es cierto que la decisión de la UCR Misiones fue participar en las elecciones provinciales con la tradicional Lista 3, pero sus candidatos pelearon, casi esquizofrénicamente, en la Justicia para ir enganchados de la boleta Macri – Michetti. Se puede abrir así un interrogante sobre quién fue más leal a la línea bajada por el Comité y la Convención Nacional. Y quién fue más coherente.  Pegoraro bien puede argumentar que esa decisión de preservar la identidad en las elecciones provinciales fue un factor decisivo para la confusión del electorado radical. Y como dos más dos son cuatro, podría hacer una presentación demostrando que si el partido hubiese seguido la línea aliancista, el espacio hubiera consagrado un diputado nacional y evitar que la Renovación se quedara con las cuatro bancas que se elegían para el Congreso de la Nación.  Por eso la decisión del tribunal aparece sesgada por su inocultable obediencia a los jefes del partido. Por algo quedó desprestigiado con las renuncias de dos referentes simbólicos como Mabel Marelli y Gloria Llamosas.

 El fantasma de la casa tomada

El temor a los topos y la intervención desde afuera en las elecciones internas de la UCR no es de ahora. En los 90 se acusó, entre otros a Carlos Alderete, y a Pablo Andersen de trabajar para Puerta y a Tulo Llamosas de hacerle el juego. Después fue Tony Schuster y hasta Raúl Solmoirago fue sospechado.  Y la lista es interminable. En los últimos años el fantasma de la casa tomada apuntaba a Osvaldo Navarro, Hugo Escalada y María Losada, como quinta columnas de Rovira. Ahora es Pegoraro el agente de los hermanos Schiavoni.  Son fantasmas que sigue agitando el grupo que maneja el partido desde hace al menos dos décadas.  Para perpetuarse necesitan demonizar al otro. Y esta vuelta recibieron la ayuda conspirativa de Lilita Carrio, que en un reunión de gabinete nacional ampliada, se acercó a Humberto Schiavoni para increparlo por meterse en la interna de la UCR. “Ese es mi terreno”, dijo para marcarle la cancha y no aceptó como cierto cuando el director de la EBY le respondió que “te equivocás a mí la UCR me tiene sin cuidado. No está en mi agenda”.

Pero volviendo a los fantasmas de la intrusión, un simple repaso de quiénes se beneficiaron con el vínculo con el poder, no encuentra en la lista a los denunciados.  Son los que se venden como puros los que lograron hacer negocios con el peronismo, o con Mauri Closs en los últimos años. Damiani por caso, siempre tuvo contratos, tipo cordón cuneta con los intendentes de turno. Barrios Arrechea en la provisión de muebles a las escuelas. Pastori, que reclama transparencia en el Tribunal de Cuentas logró el nombramiento sin concurso de su hijo.  Como la lista es larga, alcanza con revisar hoy quiénes son los que consiguen conchabos en las delegaciones nacionales designados por Macri. Nadie de Pegoraro.  Pero en esta revisión de denuncias sobre connivencia con el peronismo, hay algo que subyace como impronta suicida del ucerreísmo misionero: ¿quién entregó la gobernación que había ganado Llamosas en 1995? ¿Por qué los popes de entonces cambiaron Mendoza por Misiones en componendas con el ministro Corach?

El método de denunciar lo que están haciendo les sigue dando resultado en el negocio chico. Pero la cuestión central pasa por averiguar qué fuerza política estaría interesada en intruir  y perder tiempo en una UCR que ha perdido a sus electores. Porque de tanto predicar desde la derecha lo que han conseguido  es que el simpatizante radical ahora vote Macri. Y será muy difícil que vuelvan a madre.

González el intransigente

Inhabilitado, suspendido o expulsado, a Pegoraro la figura le da lo mismo. Lo concreto es que lo dejaron afuera.  Desde el año pasado no se le permite participar de las reuniones del bloque, que tiene la mitad de los diputados que fueron consagrados en 2013. Los colaboradores del bloque deslizan que el intransigente es Gustavo González que se siente herido personalmente por la decisión de Pegoraro de sumarse orgánicamente a la fórmula de la Alianza Cambiemos.  Dice que lo restó votos. Y no le perdona. Se afirma que ante la insistencia de sus pares para terminar con el episodio, llegó al extremo de apretar: “es él o yo”.

Alineamientos internos

Las elecciones para renovar el mandato de Hernán Damiani en el comité central provincial, se aventuraban tranquilas. Es que todos los directivos, diputados y concejales, se muestran ideológicamente más macrista que Macri. Y por supuesto que el Papa. Alcanza con revisar los facebooks del partido y de  los jefes más conocidos, sus tuiters y sus declaraciones para comprobar que respaldan decididamente al gobierno nacional.   Pastori en el Congreso no desentona con la bajada de línea de la Casa Rosada. Es un soldado. Tampoco aparecen diferencias en los posicionamientos de los más jóvenes. La suposición de que tendrían una cosmovisión afín a las socialdemocracias, aunque sea por edad y rebeldía, quedan totalmente desmentidas en el perfil marcadamente neoliberal de las declaraciones que se conocen de los concejales Pianesi y Arjol.

Tanta convergencia ideológica hacía presumir como muy posible y probable la confección de una lista de unidad. Sin embargo no es así. Todas las movidas preanuncian el enfrentamiento de dos grupos. Se hace complicado encasillarlos por ideas y proyectos. No son verdes, ni del Mapar, ni del llamosismo. Ni conservadores ni de izquierda. Ni personalistas y antipersonalistas. No son jóvenes contra viejos. No son Posadas contra el interior. No hay contradicción dialéctica ni corriente ideológica que los identifique. Los agrupamientos sólo se explican por los nombres. De un lado, González y Bordón manejados desde las sombras por Solmoirago que puso a la presidente de la Convención. Estos están  aliados a Pastori y Damiani al que sólo le queda la lealtad del diputado Molina. Del otro, Pianesi que es presidente de la JR nacional, Arjol y Fonseca que estarían sumando a Navarro.  Algo de orgánica sin embargo se ve en los alineamientos nacionales en la disputa por los espacios que enfrenta a Sanz con el eterno operador Coty Nosiglia.  Allá se juegan cosas más pesadas, no simples cargos de delegaciones en el interior. Pero esa es otra nota.

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