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 “No soy profesor…soy maestro”, dijo con orgullo Mario Zajaczkowski cuando esta mañana presentó su obra “Historia de Asombrados” en la comisión de Educación de la Cámara de Diputados que emitió un dictamen para declararla de interés provincial.  El autor fue recibido por el pleno de la Comisión a solicitud especial del autor del proyecto el diputado de Apóstoles, Walter Molina.  Arrancó aplausos, un hecho que se da pocas veces, después de una emotiva exposición referida al proceso creador.

La referencia “soy maestro”, no es neutral en el contexto de la Cámara y más ampliamente de una sociedad que tiende a valorar el éxito,  los títulos y las formas sobre lo más profundamente humano.  No es una simple anécdota: después de su exposición, uno de los diputados le formuló una pregunta dirigiéndose a Zajaczkowski como “profesor…”. “Soy maestro de grado”, corrigió. Y tiene que ver con el contenido del libro, desde dónde se escribe.

“Historia de Asombrados”, rescata relatos de miedo que tradicionalmente se contaban en reuniones familiares. De aparecidos, el lobizón, el pombero, que Zajaczkowski escuchaba en el patio de su casa y según contó prendido a las polleras de su madre, por el miedo. Su madre, que contó, amasaba el pan y la vida en ese patio donde trascurría la cotidianidad con la familia y vecinos. La novedad del aporte del escritor apostoleño es que los cuentos tienen nombre y apellido. Recuerda a quién los contaba. Memoró, ahí en la Comisión de Educación, los relatos de su tío Benedicto, ciego y bandoneonista, el tío que murió rezando en el mismo patio de los cuentos de aparecidos. Mencionó, entre los mitos al Negrito del Pastoreo, que mencionó más uruguayo que argentino. Es el ánima que ayuda a recobrar el ganado extraviado. Para invocar su ayuda, además de una plegaria, se le deja un vasito de caña y un pedazo de tabaco negro sobre un tacurú, según contó Zajaczkowski.  Y él, confesó, suele invocarlo para recuperar ausencias y afectos.

En esta era de conexiones cibernéticas, de relaciones medidas por celulares, habría que invocar al Negrinho do Pastoreio, como le dicen en Río Grande do Sul, para volver a encontrar a hijos, nietos, tíos, padres y abuelos, unidos en relatos orales. Precisamente, el presidente de la Comisión, Carlos Báez, que leyó el libro, señaló que obras como “Historia de Asombrados”, deben difundirse en las escuelas para no dejar morir nuestras tradiciones.

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