La amplia repercusión de la reunión de Passalacqua con periodistas en la noche del viernes parece inaugurar una nueva etapa en las relaciones del gobierno y la prensa. Es la noticia debajo de las noticias generadas en las preguntas y respuestas. Más allá de los anuncios que tuvieron amplia cobertura, la noticia es la fase de construcción de confianzas. El estilo y la humildad del Gobernador, destacada en los medios, lo muestran como dirigente emergente capaz de expresar las demandas de los misioneros. Por otro lado, se puede sostener que todas las preguntas formuladas, con agenda abierta, estuvieron fundamentadas en un esquema conceptual referenciado en el provincialismo, lo que da lugar a la afirmación de que la Renovación ha logrado instalar el misionerismo como sentido común.

Posadas (lunes, 18 de julio) Amplia repercusión tuvo en los medios la reunión del Gobernador con periodistas el viernes a la noche, para responder preguntas con agenda abierta y repasar el resultado de su viaje a Europa con el Presidente de la Nación. Esa repercusión se constituyó en una noticia subyacente a las noticias que generaron las preguntas y respuestas. Y esto fue rescatado, por ejemplo en Primera Edición al señalar en su panorama político: “la intensa actividad del gobernador cerró la semana con una inédita reunión que contó con la presencia de no menos de ochenta periodistas en la Residencia, donde habló de todo, mano a mano, con agenda abierta y sin guiones de ningún tipo”. O en Misiones Online cuando destaca el estilo y la humildad de Hugo Passalacqua y agrega: “su forma de comunicar también es distinta. Aunque concedió algunas entrevistas individuales para dar detalles de la gira europea, en la noche del viernes convocó a casi un centenar de periodistas de toda la provincia, incluso de medios abiertamente enfrentados al Gobierno, a una cena en la residencia oficial en la que respondió cada una de las preguntas realizadas”.
Pero la noticia detrás de las noticias, no es sólo “la humildad del Gobernador en su apertura a los medios”, como destaca más de un periodista, sino el hecho “institucional”. Si bien no es cierto, como se consignó por ahí, que el anterior gobernador sólo daba conferencias con medios “amigos”, el clima de la reunión pareciera abrir nuevas relaciones del Gobierno con la prensa. Hay que recordar las habituales conferencias con periodistas de Maurice Closs en el salón de audiencias de la Rosadita, en la que participaban sin discriminación toda la diversidad de medios, para poner en su justo lugar esta “apertura” de la que se habla.
Lo nuevo se inscribiría en el inicio de una fase ascendente en la institucionalización de las relaciones sociales y políticas iniciadas por la Renovación con las rupturas del 2003. La disputa por la autonomía en la toma de decisiones fue netamente política en los primeros años en el que el movimiento “misionerista” aparecía como una máquina destructora de reglas y de hasta de los lazos políticos con los partidos nacionales. A diferencia de los gobiernos anteriores consagrados desde 1983, la Renovación se propuso organizar una nueva relación entre gobernantes y gobernados. Fue la decosntrucción de una lógica para una construcción positiva. La fase de asumir la administración del Estado, que fue la más conflictiva políticamente, le siguió, con Carlos Rovira en el Parlamento, desde donde se registra una permanente producción de reglas institucionales, jurídicas y normativas, que van dando forma a un nuevo tipo de “racionalidad” dominante con anclaje en una lógica autonomista.
Se puede sostener que todas las preguntas formuladas al Gobernador, en la noche del viernes, con agenda abierta, estuvieron fundamentadas en un esquema conceptual referenciado en el provincialismo, lo que da lugar a la afirmación de que la Renovación ha logrado instalar el misionerismo como sentido común. Sería la mayor victoria política en el planteo cultural de fondo: asumir que lo local es lo universal visto por nosotros, es decir, si los interrogantes universales del ser humano generan diversas respuestas según la época y el lugar, los misioneros tenemos nuestra propia cosmovisión. Una de las mayores pruebas de ésta afirmación reside en la vida y las luchas, victorias y derrotas de Andrés Guacurarí, que fue dando respuestas surgidas de su propio pueblo a las tensiones de la naciente Argentina, con fuertes lazos coloniales, europeizada y ajena. La ley que lo instituye como prócer de los misioneros fue un hito que revela fidelidad a un pasado, olvidado en la historia oficial, pero que en sus tradiciones humanísticas perduró como sustrato común a todos los misioneros. Cuando Passalacqua juró sobre la réplica de la lanza de Andresito al asumir el 10 de diciembre, como lo hizo Rovira en 2012, se hace cargo explícitamente del mandato ancestral del Comandante y al mismo tiempo abre debates que obligan a revisar todas las valoraciones históricas y se coloca en la frontera de las utopías sociales.
Esta construcción de subjetividades desoculta la adhesión que tiene Passalacqua como gobernador. Su estilo y su humildad, lo muestran como dirigente emergente capaz de expresar las demandas de los misioneros. Lo marcó Juan Carlos Argüello en su panorama político : “Su estilo es silencioso. Cree en la despersonalización de la política y en que cada vez más, los gobernantes deben cumplir su tarea en forma casi “anónima”, ideas que se confirman en la inexistencia de cuadros con su fotografía en las oficinas públicas, sustituidas por imágenes del general Andresito Guacurarí.

Hilo conductor de las preguntas
Repasando siempre las veintidós preguntas formuladas el viernes al Gobernador, hay un hilo conductor en todas: la preocupación por la objetiva dependencia y debilidad de Misiones como Estado y su doble supeditación al gobierno nacional de turno. Por un lado a las políticas monetarias y fiscales delegadas a la Nación, a las que hizo referencia Passalacqua al recordar que hasta 1853 no había en las Provincias Unidas del Sur una moneda única. Por otra parte, siempre hablando de dependencias, el arbitrio de la “lapicera del Presidente” para enviar recursos a las provincias. Y esto plantea el interrogante de fondo, planteado en varias preguntas, pero explícitamente por Primera Edición, sobre los espacios de autonomía que puede tener la Provincia para evitar ajustes si al mismo tiempo se registra una caída en los ingresos previstos en el Presupuesto. Passalacqua fue enfático al rechazar hasta la palabra ajuste. “No vamos a reducir ni hemos echado personal. No hemos ajustado por ese lado ni tenemos voluntad de hacer ajuste”, subrayó.
Es el contexto en el que se valora la decisión política colaborativa de la Renovación con el gobierno de Macri sin renunciar a la identidad propia. Ese mismo día, se conocía en San Luis, una declaración de guerra de los Rodríguez Saá con el gobierno nacional. Para los puntanos, Macri discrimina igual que los Kirchner a las provincias. Aquí, Passalacqua reconocía al cerrar el encuentro que “la cosa no está fácil, pero confío en que salgamos adelante aprendiendo de los errores. En otros tiempos, la política ha sido muy arrogante, con un enorme narcisismo. Por eso creo que es un momento óptimo de ejercitar la cercanía y el diálogo. El país lo necesita. Ya habrá momentos de discutir en las urnas. Pero a la gente no le importa quién gobierna, sino que el hijo pueda ir a la escuela, que pueda pagar la luz, comprarse la moto. Me voy a ir convencido de eso, de que el gobernante debe ser cada vez más anónimo y que es momento de ir juntos para adelante. Ese es el punto de partida”, explicó y convenció al definir la relación entre la Provincia y el Estado nacional.
Con más paciencia que otros mandatarios, Passalacqua entiende que la cercanía con el Gobierno nacional puede rendir más frutos que una oposición tradicional de cruces verbales y palos en la rueda, que no se traduce en beneficios para nadie. “Misiones necesita de la Nación para sostener inversiones y planes de desarrollo”, destacan los analistas.

Políticas de Estado
En ese hilo conductor de las preguntas formuladas abiertamente y sin censura, se puede interpretar también que las prioridades que exponen traducen la existencia de Políticas de Estado que, son aquellas que se hacen con lo que nos une. Precisamente, por la amplia repercusión que tuvo en los medios, no vamos a reiterar aquí el despliegue de las respuestas pero los interrogantes están centrados en la relación nación provincia, en el financiamiento de la obra pública.
Entre esas políticas de Estado, la relación del poder político con la prensa pareciera que entra en una nueva etapa. Indudablemente, que la relación más fértil entre gobierno y prensa, para una sociedad, no puede negar las tensiones entre las lógicas del hacer y la lógica de pedir lo imposible. No sirve la lubricación acrítica de los medios oficialistas, ni tampoco la guerra personal que se libra desde algunos medios. Los debates secundarios desvirtúan todos los argumentos y, sobre todo, eclipsa los problemas de fondo. La multiplicidad de opiniones que hacen la vida democrática, se garantiza con la existencia de voces diversas. Es el arco mediático el que puede garantizar el debate, no un medio que siempre tendrá una línea editorial. Varios medios, varias voces. Es en ese espectro diverso que los gobiernos tienen también el derecho a expresarse.
En la Argentina, como en toda la región, la presencia de medios que hegemonizan la emisión de información, es una realidad concreta. Sus vínculos con los factores de poder son también innegables. Como decía Jaroslavsky en los años de Alfonsín: “atacan como partidos políticos y se defienden con la libertad de prensa”. Desde 1983 los gobiernos han perdido las batallas libradas con la lógica de los partidos políticos y aún sancionando leyes como la antimonopólica, ahora derogada por decreto. Las campañas de desprestigio y desestabilización del poder político, tan viejas como las repúblicas nacidas con las revoluciones americana y francesa, evidentemente no pueden enfrentarse en esa lógica amigo-enemigo. Son los gobiernos los que deben construir confianza en base a tolerancia y reconocimiento del otro. La confianza en una sociedad se torna relevante cuando se aplica a lo que es diferente de uno mismo. Es la desconfianza lo que impide la convergencia de intereses, la que puede expresarse en políticas de Estado. La amplia convocatoria de Passalacqua a los medios descubre así su intención de construir confianzas en las relaciones del gobierno con la prensa y por extensión con todos los sectores sociales.

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