Bajo por Sarmiento y, como por un túnel, llego (al rancherío, dice la canción) al escenario montado para la celebración de los 60 años de La placita. Fundada allá por 1956. El año en que Ramón Ayala componía la famosa galopa El mensú. La que dice neike neike. Canción representativa que no pudo faltar esta noche, de la mano de Espiral, con malabaristas incluidos en el escenario.

Lapla, apócope con el que se la conoce, cumple 60 años. Y la celebración no pudo ser mejor, una noche cálida en invierno, las tormentas y el frío postergándose, dando espacio al merecido reconocimiento a este emblemático lugar de la ciudad de Posadas.
Vecinos acercándose con su silleta, con su familia. Apostados sobre la plazoleta, en la canchita de básquet, en las veredas, sobre la calle Sarmiento, desde donde se veía mejor, cortada al tránsito para la ocasión. Cuatro banderas flameaban al viento. La argentina, la paraguaya, la de misiones y la de Posadas (esta última una mezcla de la de Portugal con alguna cámara de comercio o industria). Pensar que una vez se quiso sacar la placita, mudarla, pero resistió, amparada por todo el vecindario.
Desde la 14 comenzaron los festejos para los más pequeños, con juegos, entretenimientos, sorteos, sorpresas varias, el cine gigante y el show del Sapo Pepe y sus amigos, peloteros y chocolate, con participación de mucho público, con la presencia del Intendente Joaquín Losada y grandes invitados como la Orquesta Folclórica Municipal; la Banda Santa Rosa de Encarnación (Paraguay); el Ballet Municipal de Posadas; la Banda Municipal de Encarnación; la Banda Municipal de Posadas; el Ballet Municipal de Encarnación; la Escuela Municipal de Danza María Luisa Alonso de Zambrano.
Exactamente a las diez y media de la noche, después de escuchar a un coro juvenil de Bolivia, presentado como –un morocho de apellido alemán- subió al escenario Joselo Schuap. Ya el colorido colectivo estacionado a un costado delataba la inminente presencia del consagrado músico Alma mater de toda esta movida. “vine a tocar porque soy agradecido a esta ciudad, yo vivía en una pieza acá cerca y lo conocía a Ichu Castillo, hoy era su cumpleaños” dijo emocionado. “que los cumplas placita e Ichu” deseó Joselo desde el micrófono, recordando el doble cumpleaños que se festejaba. Un rato después subió parte de la formación de Espiral a cantar Ichu querido con Joselo, al compás de las palmas estridentes del público se escuchaba “a la pucha Ichu” en honor al músico desaparecido. Pidió aplausos también para los viejos del puerto, y recordó a don Vergara refiriéndose a él como “protector de la laguna” lo que suscitó ovación y algarabía de todos incluso parientes del recordado vecino.
-Aguante la Renga- deslizó en un momento, sin olvidar, y respetando, a 6 mil personas que en otro sector de la ciudad escuchaban otro tipo de música. Al final sonó infaltable la canción compuesta especialmente sobre los vericuetos del mercado. Y como culminación de la noche se disfrutó de la cumbia de Los forasteros, cuyo cantante contó, orgulloso, que vive en esta región desde hace muchos años, y compartió varios clásicos de su repertorio.
Todo lo que genera, lo que simboliza, la presencia de ese monumento llamado La placita (que no es una plaza diminuta, y solo eventualmente un edificio, patrimonio histórico, donde funciona un mercado) no sería lo mismo sin el contexto, el poder, el folklore que emerge de todo un barrio. Como gritó Schuap “mi canto enviudaría, Villa Blosset no te mueras”

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