Muchas reacciones a favor y muchas en contra han circulado en las redes sociales después de la elección del premio nobel de literatura. Entre ellas se destacan el artículo Un mal día para la literatura, de Stefan Dege para DW, portal alemán de noticias y opinión, y uno del periodista argentino Juan Ignacio Boido quien no deja de ver la premiación como una vindicación al lado B del pueblo de los EEUU. Por Santiago Morales

“Dylan ha contribuido enormemente a la música y la cultura estadounidense pero, ¿Premio Nobel de Literatura? Ni se lo merece, ni lo necesita” opina Stefan Dege. ¿De qué hablaron los jueces reunidos en Estocolmo? ¿A quién quería impresionar el comité de los Nobel? Se pregunta. Decidieron concederle el Premio Nobel de Literatura a uno de los compositores de música más famosos de nuestro tiempo. Se rinde homenaje a un poeta y cantante, en vez de a un escritor. Hace años que Dylan figuraba entre los candidatos al Nobel, y esa condición de candidato eterno era suficiente para él y hacía honor a su obra musical. Explica Dege, esclareciendo que al final no era tan sorpresiva la aparición de Dylan, quien solo ha escrito un libro en prosa, llamado Tarántula, y una autobiografía (toda autobiografía que no sea de un profesional de las letras es sospechada de ser obra verdaderamente de un escritor fantasma ducho en el tema).
Hubo otras reacciones extremistas como la expresión: El mundo literario está de luto.
Dege, redactor de Cultura de DW, dice: “El Premio Nobel de Literatura puede ser muchas cosas: el reconocimiento a una obra literaria, como en el caso de Günter Grass; un estímulo para autores audaces, como en el de la bielorrusa Svetlana Alexievich el año pasado; una señal política, como ocurrió en el caso del chileno Pablo Neruda; o simplemente un faro para la inagotable producción literaria. El premio que recibió Bob Dylan actúa como un mal y premeditado reconocimiento a la nostalgia. Significa que no han podido encontrar a ningún escritor mejor que él”. Es atinado cuando recuerda que Las canciones no son poemas. Son canciones. Es discutible si las letras de Dylan funcionan sin su música.
Si lo que estaba pensando Estocolmo es cómo renovar la literatura, ¿por qué no le concedieron el premio al nigeriano Teju Cole, o la poeta canadiense Anne Carson? grandes voces literarias. ¿Por qué el comité no eligió a un escritor procedente de un país en desarrollo? De esa parte del mundo han salido pocos Premios Nobel. El jurado podría haber elegido, incluso, a un escritor que publique sobre todo en internet. Es todo muy cierto aunque es lo mismo que preguntarse por qué no aplican los mismos criterios que yo aplicaría. Es no aceptar que el jurado es otro, que el jurado no soy yo.
“Decidieron darle el Premio Nobel de Literatura a un hombre que ya no sabe qué hacer con tantos premios y honores” con esa excusa habría que dárselo a quien no ha ganado nunca nada.
Muy interesante cuando cita a la autora alemana Sybille Berg, quien tuiteó irónica y muy lúcidamente: “Mis oportunidades de conseguir el Premio Nobel de Física han aumentado de forma dramática”.

Ignacio Boido, director editorial de la filial argentina de Penguin Random House, una de las editoriales más poderosas del mundo, recuerda que el año pasado la Academia había avisado que la literatura se estaba haciendo en el borde, por primera vez el premio recaía en una periodista. Agrega Boido, que no es la primera vez que un outsider gana el Nobel y recuerda a Winston Churchill (1953) y Henri Bergson (1927). “Hasta Freud estuvo a punto de ganarlo”. Opina que es “un inmenso reconocimiento a la cultura popular” y no le sorprendería que después de esto veamos un Nobel de Literatura que sea una novela gráfica. Mirando con buenos ojos la condecoración a nuevas formas de literatura acordes a los nuevos tiempos.
Desde la óptica política este joven argentino observa que podría haber un mensaje, tal vez no explícito, al corazón de los Estados Unidos, donde se estaría dando un enfrentamiento entre Donald Trump y los chicos nacidos después de la Segunda Guerra Mundial. Se podría pensar un enfrentamiento entre lo que representa Trump y una EEUU lado b.
El debate parece la estrategia de marketing de una marca para que se hable de ella. ¿Necesita la fundación nobel que se polemice más sobre su criterio de selección? Discutir la elección, caprichosa o subjetiva, es negar la libertad de cierto poderoso círculo sueco. No sin certeza llegaron clamores del subdesarrollo vociferando -Más allá de la contracultura es un premio millonario a un yanqui multimillonario-.
Bob Dylan nació en Minnesota en 1941 con el nombre de Robert Allen Zimmerman. Lo verdaderamente importante de su obra, que tanto detractores como apologistas omiten, es que sus letras incorporan una variedad de temas sociales, políticos, filosóficos y literarios que desafiaron la música pop convencional existente, durante los 60’ y 70’ y apelaron generalmente a la contracultura emergente en la época.
La artista estadounidense Patti Smith, considerada la poetisa del punk, y muy asociada a lo mismo que representa Dylan, extrañamente confesó que ella le hubiera otorgado solo una mención a Bob Dylan y el Nobel a Haruki Murakami (un escritor prolífico, interesante, pero demasiado comercial y a veces tildado de naif)
Más allá de todo, cada entrega de este premio invita a relativizarlo. Recordando a quienes no lo ganaron. Y repasando polémicos premios a Obama, a Santos, etc. Después de todo es absurdamente relativo que se entregue uno por año ¿por qué no uno por día, por mes? Si lo que se premia no es lo producido en ese mismo año.
Inmediatamente afloraron listas de otros candidatos: Enrique Vila Matas, Yasmina Reza, premios post mortem a Roberto Bolaño, Roberto Gómez Bolaño, Borges, Kafka, Antonio Carlos jobim, Vinicius, Atahualpa, Sócrates, Tolstoi, Joyce, Pizarnik, Gombrowicz, Calvino, Nicanor Parra, Hitchcock, David Markson, César Aira, Piglia, el Ché. Woody Allen, John Lennon. Chaplin,. Georges Perec, Horacio Quiroga, Paul Auster, Caetano Veloso, Joaquin Sabina. Todos ellos eximios escritores cada uno en su especialidad.
Dicen que Dylan puede llegar a rechazar el premio. ¿Cómo sería el gesto de negación de cada uno estos candidatos?. “Rechazar el Nobel es mucho mejor que ganarlo. Es mucho más coherente con el espíritu del premio, que se ha extendido en tantas ridículas tangentes como para otorgarle a Santos el Nobel de la Paz” dijo Rafael Spregelburd.

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