Por Santiago Morales

1) Posadas.
Después de la disertación de los escritores invitados un encuentro con lectores, a la hora de las preguntas del público, un lector quiso leer un poema suyo, pero no solo eso, sino que se paró y se lo entregó a una de las escritoras para que lo leyese.
Eso tal vez sea el riesgo, o lo negativo, de esa forma, procedimiento, de presentar un libro: La disposición de un grupo de gente llamado público enfocando hacia otras personas que forman un panel. Pararse y poner a los consagrados a atender la obra propia, sobre todo si la calidad de la obra desentona, puede ser una osadía inapropiada.
El intercambio de material entre escritores y lectores (generalmente también entrantes en la escritura) suele ser común cuando el encuentro está organizado para que la interacción se dé en una ronda donde la palabra fuera posible para todos.
2) Los libros.
En Misery, de Stephen King en su mejor terror, sin monstruos más que los humanos, la cruel lectora que mantiene de rehén a su escritor favorito exige protagonismo sin  poder establecer la distancia necesaria entre lector y escritor para que se produzca el fenómeno de la literatura.
3) La política.
No siempre es desubicado pararse, levantarse y romper el protocolo, robar el protagonismo. Cuando la diputada misionera María Britez se levantó de su banca, le llevó yerba a Macri y este dijo por lo bajo -quién es esta desubicada- fue una coherente ruptura de simetrías dada la inversa de importancia: los diputados representan al pueblo, la superioridad en política. Los legisladores están para ser escuchados más que escuchar. Lo mismo sucedió con Alicia Castro en 2002 cuando bajó los escalones del recinto cimbrando su cadera y llevó la bandera de EEUU para que la reemplazaran por la argentina en consecuencia de las relaciones carnales y en repudio a una ley que exigía el Fondo Monetario Internacional (FMI) cuando se trataba la modificación de la ley de Quiebras. En estos casos se trata, más que  de un robo, de una recuperación de protagonismo, exigiendo que el rol de congresal no es de lector o mero oyente.
4) El cine.
En Balas sobre Broadway (ya el título es irónicamente insurgente) película de Woody Allen de 1994, el guardaespaldas de una actriz, que se ganó el papel por ser la mujer del mafioso que sponsorea la obra, termina corrigiendo el guión desde la sombra de la ultima butaca mientras observa los ensayos y su interrupción, sus intervenciones, mejoran la obra, superan el diálogos y la trama originales ante la sorpresa y maravilla del director y los actores. El robo de protagonismo por parte del gangster convierte en éxito la producción.
5) Recitales.
Recientemente volvió a instalase en agenda la discusión sobre quienes acuden a los espectáculos a canalizar sus frustraciones.
El barra brava no mira el partido, se para de espaldas en un para-avalanchas, y en los recitales pasa lo mismo con algunos espectadores, hacen notar su presencia, como sea, rompiendo, pegando, robando, buscando imponer protagonismo de cualquier manera, intentando desplazar del centro de atención al artista usándolo como mero transportador, como vehículo para conseguir el éxtasis ideal en que la realidad se desvanece o pasa al olvido.

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