Closs y Wellbach como candidatos encarnan las propuestas misioneristas fuera de la grieta y con identidad propia. Closs, se sabe, desde su trayectoria expresa la capacidad de gestión y Wellbach completa la más profunda significación de la fórmula con su trayectoria, dentro y fuera de la cancha de la política, desde sus convicciones humanistas a contrapelo de los abordajes economicistas de la realidad.

Posadas (Domingo, 25 de junio).  La nominación de Ricardo Wellbach para acompañar a Maurice Closs en la fórmula de la Renovación para disputar las bancas de Misiones en el  Senado y la Cámara de Diputados de la Nación expresa con toda claridad las ideas fuerza que subyacen en la toma de decisiones de la conducción del movimiento renovador misionerista.

En el acto de proclamación de los candidatos, Carlos Rovira hace referencia a las categorías de la realidad líquida para definir las sociedades modernas y encuadrar también la realidad político – institucional del país. Desliza la necesidad de adaptarse ante las cosas se no se quedan fijas, que no son tan sólidas como se creía en la modernidad positivista que conformó los movimientos populares del siglo XX. Es el contexto en el que el mentor de la Renovación admitió que Misiones, como oposición al Gobierno nacional, posibilitó las mejores armas al presidente Mauricio Macri, de otro signo político, “para que apure las respuestas, pero ahora es momento de votar a nuestros candidatos y en esto no hay contradicción, sino todo lo contrario: hay una sola síntesis porque para cerrar la grieta no debemos encontrar la solución de un lado o del otro, eso forma parte del pasado; el presente es mirar por arriba, donde está el pueblo esperando y hacia donde debe ir la Renovación, con sus propuestas superadora y autenticidad”.

Closs y Wellbach como candidatos encarnan esas propuestas fuera de la grieta y con identidad propia. Closs, se sabe, desde su trayectoria expresa la capacidad de gestión y el acompañamiento desde la primera etapa de la conformación de la Renovación como espacio de rupturas con las dependencias de las políticas porteñas. Y Wellbach completa la más profunda significación de la fórmula con su trayectoria dentro y fuera de la cancha de la política. Rovira dixit: “son las conductas y los méritos ganados con el pueblo, que es quién modela esa ecuación”.

 Lo humano siempre lo humano

Pero si hay una sociedad contemporánea con certezas tan efímeras como líquidos en las manos, en la que somos más libres que nunca pero a la vez aislados en las individualidades,  la Renovación la asume, pero no para resignarse ante la impotencia de los cambios.

Wellbach lo tiene claro. En una entrevista con periodistas de este medio vuelve a poner al hombre y la mujer de carne y hueso como sujetos en el centro de la actividad política.  Pero habla de un hombre integral y desde su formación de humanista ligado a las comunidades de base de la Iglesia, rescata el concepto del hombre nuevo para anclarlo en el del “hombre misionero”

¿Qué es esto?, le preguntamos entendiendo que parece un poco descolgado de los debate del momento.

Wellbach, como todo político sabe que los votos los conceden los temas cotidianos como el precio de los alimentos, el poder adquisitivo de los salarios y el empleo disponible,  pero también el humor social. Y  allí es donde apunta cuando sostiene que ese humor social, el sentido común,  es una construcción del poder. Y si bien admite que se expresa hoy más que nunca a través de los medios y las redes sociales, es en síntesis en el campo cultural donde se pone en disputa.

Si en la polarización de hoy, en el votante K está muy presenta la idea de que “con Cristina estábamos mejor”, mientras que en el votante del PRO-Cambiemos el temor a que vuelvan los K al poder es el mayor impulsor, en el votante de la Renovación, para Wellbach, esa disyuntiva aparece superada en la decisión de afirmar su identidad como misionero. No se deja arrastrar por la moda, digamos de Durán Barba, que respalda, desde sus éxitos electorales, teorías de fragmentos y de pos-verdades, para rescatar el humanismo cristiano, el relato si se quiere del cristianismo como emancipación.

No hay economía sin política

Formado en las lecturas de los teólogos de la liberación y en la construcción dialéctica entre las ideas y la práctica social en su compromiso con las comunidades de base, Wellbach entiende la política como una construcción colectiva que debe generar condiciones que distribuyan mejor la riqueza. “Por la formación, sostengo la idea del bien común, el compromiso con la historia que vivo y ayudar  a las concreciones. Todos debemos pensar primero en el bien común, poner el talento al servicio de la comunidad, para lograr un hombre correcto, un misionero con valores, que entienda que lo mejor es el bien común, no violento, que extirpe la violencia de género, que resuelva los conflictos en paz”

¿Cómo se defiende sin violencias derechos humanos que hoy son cuestionados por la violencia de arriba?

“Hay conciencia social con capacidad de movilización y expresión capaz de frenar las cosas que están mal hechas. Pero insisto en que a veces se reclama y se piensa que el asfalto es lo mejor y en realidad, la educación es más importante. El asfalto es necesario, pero la educación es lo que cambia el futuro”, responde.  Afirma así sus convicciones a contrapelo de la mirada economicista, que el neoliberalismo instaló como sentido común ya en los 90. Entiende que no hay economía pura sin política, sin poder y sin relaciones de fuerza. La política no es algo externo a las relaciones sociales. Algo así como un aditamento superestructural. Un epifenómeno que se derivara de manera lineal del factor económico. En este marco, el planteo  de Wellbach no subestimala lucha contrahegemónica. La batalla cultural por la creación de hombres nuevos, con valores que rescata del humanismo por  la creación de una nueva subjetividad histórica.

El nuevo eslogan de la Renovación: “Sentimos lo que sentís, hacemos lo que soñás” cobra, digamos materialidad política en la candidatura de Wellbach.  No hay resignación en la aceptación de la realidad tal como se muestra. Wellbach no es un pragmático materialista que puede justificar todo en nombre del realismo. En Misiones, la Renovación se corrió de esa codificación porteña de la realidad que llevó a los partidos tradicionales  a perder la confianza y la representación de los ciudadanos.

¿Cómo se diferencia la Renovación de las apelaciones que hace el PRO y ahora CFK para hacer política dando protagonismo al hombre común, no están diciendo lo mismo, no hay resignación de la política?  

“Para la Renovación no es una moda sostener que el poder está en la gente. Además nos diferenciamos en el método. Está en la cercanía de todos los días. Hay métodos de pasar de por los barrios. Hay métodos de consultar a través de focus groups, de encuestas, de mediciones para saber lo que quiere la gente. Nosotros lo hacemos desde el contacto directo, todos los días, en la gestión y el acompañamiento”.

En la trayectoria y en su historia personal está también la respuesta. De familia humilde, muy humilde, se acercó de joven al justicialismo por su cercanía con los pobres. “Me sigue doliendo la marginalidad –confiesa- me genera mucha impotencia encontrarme con situaciones que no se solucionan de golpe, porque faltan herramientas”. Y sale al cruce de las descalificaciones de la gente humilde que tiene subsidios. “Son reconocimientos de derechos –enfatiza- lejos de la beneficencia. Cuando dicen estos son vagos, en realidad, nadie se pregunta si tuvieron las herramientas para trabajar, para insertarse, para educarse.  No son un número. Es un país que no les dio las herramientas y hoy lo juzga. No todos nacen con luz, agua, rutas o el wifi. El que vive en Pozo Azul, sobreviviendo en el monte, ¿cómo lo saco? Pusimos 70 millones para urbanizar la chacra 145 de Posadas y apenas le dimos casas, pero eso no les resuelve la historia”.

También pone sobre la lupa el diagnóstico hecho desde arriba. “Dicen que hay que enseñarles oficios para que hagan algo. Pero en realidad, es para pagar dos pesos. Yo quiero que los hijos de los tareferos puedan ir a la Universidad. Que el cortador de pino tenga condiciones dignas, pero que su hijo pueda salir del monte y romper con el esquema. Tenemos gente que no es capaz de pedir. Vive en su paraje porque no puede enfrentar otras realidades. Somos diferentes”, remarca.

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