Francisco Fonseca fue demorado el viernes en un control de alcoholemia. Fue linchado mediáticamente por la tendencia epocal de la moralización del debate político. Pero es presidente de la UCR en un momento de renunciamientos doctrinarios. No debería estar en el banquillo por ese desliz sino interpelado por la ausencia de la UCR en los debates por las decisiones estructurales e ideológicas que toma el gobierno del que son socios.

Posadas (Lunes, 2 de octubre) Asistimos este fin de semana a una condena mediática de Francisco Fonseca por haber sido demorado el viernes en Eldorado mientras conducía con un nivel de alcohol en sangre casi el doble del permitido en las rutas nacionales.
El escrache en las redes fue, diríamos, sistémico. Se hace hincapié en que fue uno de los impulsores de la ordenanza de “Tolerancia Cero de Alcohol al Conducir” desde su banca de concejal de Posadas. Hasta Clarín, en su edición del sábado 30 habla de “Escándalo en Misiones detienen al presidente de la UCR tras no pasar un test de alcoholemia”.
Decimos sistémico, porque el linchamiento o escrache, es epocal. Se inscribe, en la triste derrota del discurso político ante el poder hegemónico que se vale del moralismo abstracto para silenciarlo. Silenciar el discurso político que tiene que ver con las convicciones ideológicas, con proyectos colectivos, con el impulso a la libertad y la defensa de derechos.
No es nuevo el debate por el moralismo como relato para distorsionar, disuadir y disociar las conciencias. Para exacerbar el individualismo en el abordaje de los problemas sociales. Uno de los marxistas más lúcidos de los años de la República española, Adolfo Sánchez Vázquez, que rescató la categoría de “praxis” en oposición a la ortodoxia de los manuales de la URSS, distinguía claramente la ética de la política, aunque sin caer en el realismo político que justifica los medios ante los fines.
El moralismo abstracto consiste en juzgar los actos políticos bajo el prisma de un criterio moralizante. Impera cuando se juzga a un hombre público sólo por sus virtudes o vicios personales. Para no caer en el simplismo de oponer moral y política, es necesario señalar que el ser humano está culturalmente formado en valores que tienen que ver con la moral pero también con la cosa pública.
Decíamos sistémico y epocal porque son los parámetros de discusión que impuso el poder mediático al servicio del statu quo utilizando a personajes como Carrió. El debate político de hoy revela la derrota de Raúl Alfonsín que la vio venir cuando la calificó de traidora e hipócrita (ver La Nación del 23 de octubre de 2007).
Es triste entonces que Fonseca gane el centro de la atención por el desliz de conducir después de ingerir un vaso de vino, de champán o más probablemente de cerveza por su edad.
Lo que debería estar en discusión es su gestión como presidente de la UCR de Misiones. Asumió hace menos de un año con la promesa de renovar las metodologías partidocráticas que fueron paralizando al partido convertido en una maquinaria estamental similar a la que perpetran los “gordos” en los sindicatos. ¿Cambió Fonseca la manera de hacer política en la UCR? Es lo que debería estar en debate y no su grado de alcohol en la sangre.
Fonseca asumió también un partido que a fuerza de interpelar a sus afiliados y adherentes desde un discurso cada vez más derechoso fue diluyendo su identidad histórica. ¿Hace valer Fonseca los principios populares de la UCR ante iniciativas conservadoras de Cambiemos? Es lo que debería debatirse también. ¿Qué se discute en la UCR además de las pulseadas conocidas por los cargos?
Cuando asumió, Fonseca enfatizó también en la necesidad de elaborar un proyecto político integral de desarrollo para Misiones. Hasta ahora no se conocen ni borradores de un proyecto y ni siquiera de posiciones ante los temas medulares del momento. Por ejemplo ¿ante el reclamo de Vidal de qué lado está la UCR? o ¿qué esquema tributario proponen para sostener un Estado que tiene la responsabilidad de sostener la educación y la salud?. Y así. Además, si se repasan las iniciativas de los diputados que tiene el partido en la Cámara de Representantes y en el Congreso ese vacío de proyecto habla de la pérdida de las referencias doctrinarias. Precisamente, la mayoría de las observaciones que hacen en el parlamento desnudan la impotencia de la política. Carrió y Clarín los tienen en el barro de las denuncias moralizantes que monopolizan el discurso de los diputados ucerreístas en el parlamento misionero.
Fonseca no debería estar en el banquillo por el desliz de manejar con alcohol en la sangre, que no es lo mismo que manejar borracho, debería ser interpelado por la ausencia de la UCR en los debates y en la toma de decisiones estructurales e ideológicas del gobierno que integran como socios menores.

 

 

 

 

 

 

 

foto: Grupo 33

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