Los diputados de Misiones tuvieron este año 17 sesiones ordinarias. En el Congreso Nacional los diputados 15 sesiones y los senadores 5, siempre hablando de ordinarias. Otro dato interesante: la Cámara de los Comunes en la monarquía parlamentaria inglesa sesiona 180 días al año, dos meses menos que en Misiones.

Posadas (Miércoles, 17 de enero. Por Carlos A. D´Onofrio) “Los diputados tienen que trabajar más”. Una frase propia del sentido común de la “gente” que tiene una imagen negativa de los representantes del pueblo. Lo que no está claro es qué es trabajar más para un diputado. ¿Sentarse en una oficina y atender? ¿O dar discursos para mostrarse en la TV y grabarse a sí mismos para difundir videítos por las redes sociales?
En nuestro sistema de gobierno, las atribuciones de la Cámara de Representantes, establecidas en el Capítulo III de la Constitución, definen con claridad las funciones de los diputados que, a través de la sanción de leyes se vuelven partícipes en la toma de decisiones.
El desprestigio de los parlamentos no se da sólo en la Argentina sino que es el resultado de una prédica antisistémica del poder económico concentrado que encuentra, en la diversidad de voces e intereses representados en el Poder Legislativo, una resistencia a las presiones que ejercen sobre los Gobiernos, no sólo del mundo subdesarrollado. La figura “tirale una pala a los diputados y salen disparados”, penetró en el sentido común construido por los medios hegemónicos. Tiene el mismo sustrato de acción psicológica que “los diputados quieren trabajar más”.
Este encuadre desnuda el sentido demagógico de la iniciativa del diputado Gustavo González de extender el período de sesiones ordinarias de la Cámara de Representantes de Misiones tres meses. Con el acompañamiento del interbloque Cambiemos recicló una propuesta que debe llevar más de 30 años repetida, de establecer el 1° de marzo como inicio del período ordinario. Propuesta que obliga a una enmienda constitucional, ya que el artículo 96 de Constitución Provincial fija el inicio el 1° de mayo.
El diputado de la UCR, que en cuatro años de su primer mandato no logró sancionar ninguna ley de su elaboración, logró la foto y salir en los medios pero al mismo tiempo terminó alimentando la campaña de desprestigio de los diputados. El título “los diputados quieren trabajar tres meses más”, es un boomerang. No se salvará del escrache mediático ni del resentimiento de la gente común que es bombardeada por TN con consignas anti-diptuados.
Los argumentos para extender el período ordinario de sesiones no tienen solidez porque ningún parlamento del mundo anda sancionando leyes todos los días. El Parlamento misionero tuvo este año 17 sesiones ordinarias que comparadas con los 15 que tuvo la Cámara de Diputados de la Nación y las 5, sí cinco, que tuvo el Senado, habilita al contraargumento de que sesionar entre mayo y octubre es suficiente. Hay otro dato. En Inglaterra, con un régimen de monarquía parlamentaria, la Cámara de los Comunes sesiona sólo seis meses al año. Y no será González el que dé lecciones de democracia a los ingleses, que antes de las producciones teóricas y mucha antes de las revoluciones americanas y francesa, ya había impuesto desde la práctica la división de poderes. Reiteramos que hablamos de sesiones ordinarias porque, por ejemplo el Senado de la Nación tiene reuniones especiales que circunscriben los asuntos a tratar.
Sucede que los órdenes sociales en las naciones de occidente y de nuestro continente ya tienen un sistema de gobierno que no requiere ajustes procedimentales permanentes. Hay Estados que funcionan. Pero lo que es cierto que los Estados no son neutros. Por eso la disputa es más política que administrativa. Y la política es acción no sólo debate. La calle, las plazas, también es política. Política se hace todos los días y las demandas que se van generando en la escucha tienen en el Ejecutivo las respuestas y en el legislativo la posibilidad de reformular normas para encuadrar, no sólo las acciones del Estado sino también los límites al poder económico y a los propios ciudadanos. Estos procesos requieren el funcionamiento de las comisiones y análisis que no necesariamente demanden urgencias legales.
La iniciativa de González, que tomó la posta de otros legisladores de la UCR desde hace por lo menos 30 años, alimenta también el estigma del partido asociado al asambleísmo permanente disociado de la práctica. Discutir y pronunciar discursos para la celebridad. Para eso necesitan escenario. Que se prendan las luces, los enfoquen las cámaras, tomen apuntes los taquígrafos, todo para aplaudirse entre ellos ya que ni su propia gente los sigue. Hay diputados del PRO y ex diputados que son conscientes de esta distorsión del rol del diputado en la sociedad, hartos de los discursos grandilocuentes. ¿Hasta cuándo se someterán a la lógica de la partidocracia?

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