El magister Carlos Andés Ortiz, Analista de Temas Económicos y Geopolíticos, sostiene que la disolución de los Estados nacionales no es un efecto colateral de las políticas neoliberales sino un objetivo. En su blog desarrolla la tesis de que buscan a toda costa imponer la globalización excluyente centrada en l acumulación financiera. Por Carlos Andrés Ortiz

Posadas (Lunes, 29 de octubre) Solo los muy desinformados pueden ignorar que la disolución de los Estados Nacionales es uno de los objetivos básicos de los grandes poderes financieros transnacionales que con el neoliberalismo como doctrina político – económica excluyente, buscan a toda costa imponer la globalización salvaje, sistema ateo e inmoral en el cual el ser humano es cosificado, siendo remplazable a bajísimo costo e inclusive es descartable. Por eso atacan instituciones humanas básicas, como la familia, los altos valores éticos y los propios Estados con todos sus ricos patrimonios culturales…además de sus riquezas concretas, claro está.
Ejemplos de acciones de zapa orientadas a forzar disoluciones y desguazamientos de Estados, son abundantes en las décadas recientes, siendo muy claro que se implementaron sobre todo a partir de la instauración del efímero Mundo Unipolar (1990), formato geopolítico que los cerebros del establishment anglosajón creyeron (o quisieron hacer creer) sería definitivo, pero que duró poco más de una década, cuando la nueva realidad del Mundo Multipolar de Grandes Bloques de Poder surgió con fuerza y ya no se pudo ocultar ni maquillar.
En rápida síntesis no excluyente de otros casos menos notorios o que no llegaron a consumarse, cabe señalar.
El desguace de Yugoeslavia, balcanizada hoy en siete pequeñas repúblicas, debilitadas y enemistadas entre si, casi todas ellas inviables o irrelevantes por completo. La OTAN completó la infame tarea, a los bombazos.
La división de Checoslovaquia en Chequia (o República Checa) y Eslovaquia, hoy dos mini Estados, casi irrelevantes.
La fragmentación y empobrecimiento acentuado de Libia, antes una potencia regional con muy buen nivel de vida (de ingresos medios comparables a Europa Occidental). También acá las “tareas sucias” fueron completadas con bombardeos de la OTAN. En esos años, Rusia estaba debilitada y en curso de disolución, y China no había adquirido el nivel de poder del que goza hoy. O sea, la OTAN, como brazo armado de los atlantistas, no tuvo un poder equivalente que la contrapese y frene.
El estallido de la URSS, y las posteriores acciones secesionistas (incluyendo operaciones de terrorismo islámico) en varias regiones de la Federación Rusa, las que en el marco del caos socio económico neoliberal de Yeltsin, amenazaban certeramente con una fragmentación total del gigantesco país, con la consecuente pérdida de todo peso geopolítico propio. Eso se revirtió bajo la férrea conducción de Vladimir Putin, quien mostró estatura de estadista de primer nivel mundial.
Varios países del mosaico político en el que fue dividida África Subsahariana, fueron llevados a tal nivel de ingobernabilidad y de carencias sociales y económicas, que pueden (des)calificar como naciones inviables. Algunas llegaron a pedir el “auxilio” de tropas de Francia (su ex metrópoli colonial) ante la imposibilidad de reinstaurar un mínimo nivel de orden interno.
Todo el arco de países árabes africanos, fue involucrado “espontáneamente” por el fenómeno de agitación político – mediática de las “primaveras árabes”, el cual se extendió incluso al Medio Oriente, siendo su formato de características atribuibles a acciones de guerras blandas montadas por “los servicios” de las Potencias Atlantistas.
El mismo formato de las “primaveras árabes” fue usado en Ucrania, para desestabilizar al gobierno anterior e instalar un gobierno alineado con la OTAN, para operar como punta de lanza en el sensible flanco eslavo de Rusia, justo en donde hace siglos nació –en Kiev- el por entonces proto Estado zarista ruso.
En Sudamérica, un manto de denso silencio se tendió sobre los intentos secesionistas de la ”Media Luna” ganadera y no andina de Bolivia, montados para operar contra el gobierno nacional y popular de Evo Morales; y el separatismo del rico sur brasileño, industrializado y de población
mayoritariamente blanca, azuzándose odios raciales contra el norte menos desarrollado y de mayoría mestiza y negra.
Argentina sufrió claros embates secesionistas en los siniestros años ’90 (1989-2001), cuando en el apogeo creciente de la crisis general, se intentó instalar el siniestro plan “inevitable” de canje de deuda por territorio, lo cual fue fogoneado públicamente por las dos divas rubias teñidas voceras de la oligarquía de la TV capitalina, y bajo cuerda por otros operadores.
Siria soportó terribles embates de mercenarios malamente disfrazados de grupos musulmanes disidentes o similares, los que fueron equipados,
entrenados y asesorados por las Potencias Atlantistas y sus aliados,
claramente buscando debilitar al país, posiblemente fragmentarlo, y hacerle perder valores esenciales de su cultura, entre ellos la amplia tolerancia religiosa (es posiblemente el país árabe que con mayor amplitud y libertad permite el cristianismo, junto a El Líbano). La lucha aun sigue, pero la balanza se inclinó, luego de años de guerra y destrucción, a favor de Siria, su gobierno y su ejército.
España tiene el acoso de separatistas catalanes y vascos, incluso con acciones de violencia, además de constante guerra psicológica y cultural. La bandera vasca, creada hace no mucho tiempo, “casualmente” tiene el mismo formato que la británica, con distintos colores.
Italia padeció fuertes embates separatistas, por acciones de los partidarios de segmentar “La Padania”, nombre dado al rico e industrializado norte peninsular, de población mayoritariamente de origen germano; parte de la cual desprecia al sur pobre y más atrasado, cuya población de piel y cabellos más oscuros es básicamente mediterránea, o sea con influencias del norte africano y del Medio Oriente.
En Gran Bretaña en cambio, el separatismo escocés perdió por poco en la consulta popular, y hoy está totalmente acallado, así como las disconformidades de los también subordinados pueblos de Gales y de Irlanda del Norte. Fragmentar a uno de los pilares de los atlantistas, es “políticamente incorrecto”.
La brutal guerra híbrida montada contra Venezuela, claramente busca volverla al papel de pseudo Estado que en realidad opere como dócil marioneta proveedora de petróleo, gas y otras materias primas, a precios baratos y sin limitaciones de soberanía; o tal vez peor aun, busquen su fragmentación en pequeñas republiquetas carentes de todo poder y futuro.
El listado no se agota.
En artículo separado se analizarán las múltiples acciones actualmente en perpetración, que buscan fragmentarnos, haciéndonos perder territorios y provocando la desaparición definitiva de la República Argentina; intentando completar las infames tareas inconclusas en la crisis terminal de 2001-2002.

 

 
Foto de El Economista de España

 

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