Duhalde afirma que la situación social es peor que en 2001 y de que estamos al borde del que se vayan todos. El clima enrarecido es el contexto de la designación de la misionera Erika Schmocker en el directorio de RTA. Adquiere una significación política y simbólica con vasos comunicantes con la firme determinación de la conducción de la Renovación de dirimir las diferencias en ámbitos institucionales. Passalacqua al anunciar que votará el Presupuesto no renuncia derechos pero desarticula rumores y se posiciona en la vereda de enfrente de los que hablan de una Asamblea Legislativa.

Posadas (Martes, 28 de agosto) “La situación social es peor que en 2001″ advirtió hoy el ex presidente Eduardo Duhalde para formular un llamado a la unidad nacional. Duhalde que hasta hace poco tiempo venía defendiendo la gestión de Mauricio Macri, no dudó tampoco en criticar la política económica del gobierno nacional y  sentenciar que “que ha defraudado a mucha gente”. En declaraciones formuladas a C5N, lo que de por sí es un dato a tener en cuenta, sostuvo que “estamos en una situación que cada vez se complica más, con un gobierno al que le cuesta mucho entender los problemas y que después es pésimo en la toma de decisiones…la situación es muy brava, muy difícil”.

Duhalde está avisando y aconsejando. Volvió a recordar que del caos del 2001 se salió en base a consensos de todos los sectores. Su voz, lejos de estar sospechada de connivencia con el kirchnerismo, resume por trayectoria una preocupación generalizada. De izquierda y derecha se  habla de default y del descontrol de la gestión económica manifiesta en las devaluaciones diarias, la inflación, la desinversión, la fuga de capitales y el círculo vicioso del endeudamiento.

Al contexto se suma el retroceso del estado de derecho en las arbitrariedades que están cometiendo Stornelli y Bonadío, con el apoyo de los supremos, en el proceso por las denuncias de coimas en las obras públicas que, además de violar las garantías constitucionales de los sospechados e imputados arrastra la causa al barro de la política. Y contagia a la economía. Es que las crisis son siempre de confianza.

Para colmo, el propio oficialismo organiza una movilización para presionar al Senado por las causas de CFK. Salir a disputar la calle a los movimientos sociales y las oposiciones cuando los efectos de la macroeconomía se hacen sentir en los sectores más pobres y nadie niega el crecimiento de los niños que deben recurrir a comedores comunitarios por el hambre, es una jugada más que riesgosa. Pocas veces se vieron marchas contra la oposición. Generalmente son movidas protofachistas. Así al menos la catalogaban La Nación y Clarín cuando los K salían a pelear la centralidad de la plaza contra los piquetes ruralistas contra la 125.

La caída de la producción industrial y el cierre de pymes completan el panorama. No es sólo el sector trabajo el castigado por la crisis Es el clima. Hasta los economistas ortodoxos afirman que el default es cuestión de tiempo. Y muchos apuestan a un gobierno de transición. Es un secreto a voces que hubo un senador que ya se estaba probando el traje. ¿O no se habla en el Congreso de una Asamblea Legislativa? Hay movidas subterráneas. Y hasta se dice que sólo un loco querría agarrar el hierro caliente.

Una misionera en el directorio de la RTA

Timonear una crisis de esta magnitud  no es para timoratos. Evidentemente, no es fácil gobernar en estos tiempos. Tomar decisiones sin caer en extremos. Hasta La Nación advierte hoy en el panorama de Carlos Pagni que “la historia está plagada de cambios políticos producidos por recesiones, caídas en el nivel de actividad económica, achicamiento de la economía, pérdida de empleo. Todo esto es lo que el Gobierno está anunciando que va a pasar en los próximos meses, ¿cuántos meses? Nadie lo sabe. ¿Con qué profundidad? También es difícil saberlo”.

Lejos de esas especulaciones que pueden estar influyendo en la dirigencia de las oposiciones, Hugo Passalacqua no dudó en hacer pública su determinación democrática cuando la semana pasada recibió al ministro del Interior después de declarar que la eliminación del Fondo de la Soja era un “mazazo”.  El Gobernador aseguró que Misiones mantiene su coherencia política y dijo que si bien es un Gobierno opositor al de la alianza Cambiemos, confirmó que los legisladores nacionales por esta provincia acompañarán el Presupuesto Nacional del próximo año. “No podemos es negarle, como pido que no nos nieguen, herramientas para poder gobernar; después la gente juzgará si el trayecto, el rumbo tomado con ese presupuesto es bueno o malo, dio o no resultado, pero eso es posterior. Esto es anterior y desde la oposición nosotros vamos a tener ese acto de coherencia política”.

Las diferencias para Passalacqua se dirimen en el funcionamiento de las instituciones. El federalismo se defiende en el Congreso y no en cargar con las lanzas y las montoneras del siglo XIX. Desmiente con hechos las especulaciones de los analistas porteños. En el mismo diario, se dice hoy que la negociación del presupuesto esconde una discusión por el poder. Opina Pagni que  “cuando un político está discutiendo las cuentas públicas, ya sea del estado nacional o de una provincia, al final de todo, lo que ve detrás de esos números no es una contabilidad neutral, sino que está viendo votos”.

No siempre es así. La firme determinación del gobierno de la Renovación lo desmiente. Pareciera no advertirse que en la política Argentina hay un proceso de democratización, forzada si se quiere, por el hecho de que el Ejecutivo no tiene mayorías en el Congreso. La actitud de Passalacqua es parte del camino que reclama el ex presidente cuando llama a generar consensos.

La designación de la misionera Erika Schmocker en el directorio de Radio y Televisión Argentina tiene en este contexto una significación política que abona la decisión adoptada por la conducción de la Renovación en diciembre de 2015 de asumir una actitud colaborativa y de respeto mutuo a los pronunciamientos populares que consagraron ese año a un presidente y a un gobernador de distinto signo partidario.

También hay en la decisión de aprobar el presupuesto, más allá de convicciones republicanas, un atisbo de pragmatismo. Nadie duda de que Macri intentará cumplir con las metas fiscales comprometidas con el FMI. Los recortes ya están decididos. Lo puede hacer arbitrariamente con el riesgo caótico o puede hacerlo ordenadamente acordando con las provincias.

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