El 20 por ciento de la población de Montecarlo recibe en sus hogares el alimento diario de la cocina centralizada. La distribución domiciliaria sustituye el comedor y alcanza a 1.800 familias. El intendente Jorge Lovato reveló que debido a la crítica situación social tuvo que incorporar la cena y el reparto de 1.000 bolsas con alimentos no perecederos los fines de semana.

MOPNTECARLO (16 de septiembre, Alejandro Fabián Spivak) Unas 1.800 familias a diario comen gracias a los alimentos que reciben del municipio. La torrencial lluvia que se desató el viernes no fue impedimento para que los camiones de la Municipalidad de Montecarlo; como todos los días de lunes a viernes en doble turno; recorran los barrios repartiendo el alimento diario de unas 1.800 familias. “Desde hace varios meses iniciamos la entrega de alimentos cocinados para que las familias necesitadas puedan almorzar en sus casas”; dijo el intendente de esa localidad Jorge Lovato. “Desde el 1ro. de septiembre, se está cocinando la misma cantidad de alimentos a la tarde para que ningún integrante de la familia se vaya a dormir con hambre”
Montecarlo cuenta con una población de unas 50.700 personas, lo que implica unas 12.500 familias. Es una ciudad cuyos habitantes viven de la cosecha de yerba mate; trabajan en aserraderos y ganadería. “El problema que tenemos en este momento es la paralización de la cosecha de yerba hasta enero de 2019, lo que se denomina interzafra. Eso ocasiona que cientos de familias de tareferos (cosecheros de yerba mate) se queden sin trabajo. El gobierno nacional los dejó sin el subsidio y, por consiguiente, el municipio se tiene que hacer cargo de esta situación por qué; de lo contrario el tema social se agravaría aún más “; dijo el jefe comunal.
Lovato sostuvo que si bien el sector ganadero no está con problemas, en el sector maderero “varios aserraderos cerraron sus puertas o están trabajando medio tiempo” , lo que genera también necesidades.
Raciones para 9 mil personas
La cocina centralizada del municipio de Montecarlo se improvisó en el Centro de Deportes comunal. Las cocineras comienzan su tarea de lunes a viernes a las 4:00. “A las 9:30 tienen que salir los camiones municipales a repartir el alimento”; dijo Josefina Escalante, cocinera municipal.
Ni bien regresan las ollas; luego del reparto de la comida, comienza el turno de la tarde a cocinar para la cena. “A las 16:30 debe estar lista la comida que se repartirá para que ninguna familia necesitada se quede sin un plato de comida a la noche”; dijo a su lado Jorge Castro, uno de los choferes que a diario recorre los barrios de Montecarlo.
El menú diario está supervisado por una nutricionista local. Por ejemplo; si en el almuerzo se ofreció porotos, para la cena se reparte guiso con carne. Todos los días hay carne”; dijo Josefina Escalante.
En total se reparte la comida a unas 1.800 familias. Es decir que un promedio de 9.000 personas (se toma familias numerosas de cinco miembros) reciben los alimentos diarios. Esto implica casi el 20 por ciento de la población montecarlense.
A estas raciones de comidas se le suman la entrega de alimentos diario para los merenderos barriales y las 1.000 bolsas de alimentos no perecederos que reparte los fines de semana el municipio.
Alberto Pousanet es tarefero. Vive en el barrio Villa Bonita. Tiene seis hijos y a diario recibe la comida de parte del municipio. “Con lo que gano en la tarefa no me alcanza para mantener a mis hijos. Todo aumenta. Por eso; a pesar de que no me gusta acepté recibir el alimento diario del municipio. Los sábados y domingo nos arreglamos”.
Pousanet está preocupado porque a fin de septiembre termina la cosecha de yerba de invierno. “Espero recibir el subsidio nacional por la interzafra sino no podré ni siquiera darles de comer a mis hijos los fines de semana y ni mucho menos pagar la luz y el agua”.
La historia de Pousanet es similar a otros tareferos. Santiago Bernabé también se dedica a la tarefa. Hace unos años arribó a Montecarlo desde El Alcázar, localidad situada a unos 25 kilómetros al Sur. “En mi ciudad no había trabajo así que vine con mi señora y mis cuatro hijos, me instalé en lo de mi suegra y comencé a tarefear. Todos recibimos la comida del municipio, porque de lo contrario no podría darle de comer a mis hijos”.
En el barrio Henter vive Miguel Ángel Minguez. Durante años trabaja en la empresa maderera de terciado Henter Sociedad Anónima. Hace unos meses atrás firma se presentó en crisis preventiva de empresa; lo que ocasionó que se reduzca la jornada laboral y, por consiguiente, disminuyan los salarios. “Sinceramente no llego a fin de mes. O comen mis hijos o dejan de ir a la escuela. Miguel Ángel tiene cuatro hijos entre tres diez años. Su mujer Blanca hasta hace unas semanas trabajaba como empleada doméstica en una casa familiar. “El dueño de la casa es muy bueno, pero lamentablemente no podía seguir pagándome el sueldo. Tuvo que cerrar su negocio”; dijo Blanca.
“Después de mucho pensarlo decidimos anotarnos en el municipio para recibir la comida a diario”; dijo con lágrimas en los ojos Blanca que angustiada agregó que “tampoco podemos pagar la luz y el agua. Si seguimos así nos van a cortar”.
Para mantener la cocina centralizada, las 1.000 bolsas de comida que se entregan los fines de semana y los merenderos el municipio invierte un promedio de 350.000 pesos mensuales al día de la fecha. “Es mucho dinero para nosotros, pero no podemos dejar a la gente sin comer”; dijo Lovato quien aseguró que la crisis que se está viviendo hoy a nivel nacional “es peor que la del 2001”.
La situación social de Montecarlo no escapa a la de otros municipios misioneros y del país.

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