Elecciones suecas, sin modelo para armar. Inédita fragmentación del electorado. Los analistas señalan que el voto neofascista crece en conglomerados anteriormente cautivos de la Socialdemocracia; reflejo del desguace del modelo de bienestar, principalmente en cuanto a la situación de los trabajadores y del sistema de salud. Sobre este fondo crítico, aunque sostenido en la bonanza económica, se definirá en los próximos días un gobierno cuyo signo no está definido, pero que no reflejará el tradicional Modelo sueco.

Estocolmo (jueves, 27 de septiembre) Enviado especial Alberto Hedman. Las elecciones generales del domingo 9 de septiembre en Suecia entraron en una suerte de túnel del tiempo que recién este jueves, a dieciocho días de los comicios, comienza a encaminarse hacia la formación del gobierno que debe suceder, por cuatro años, al encabezado por el socialdemócrata Stefan Lôfven; quien no consiguió sumar cuatro años más en el poder a causa de la exigua cosecha de votos y la inédita fragmentación del electorado. Sin manifestaciones callejeras ni señales de que la tensión en el campo de la política eleccionaria pueda pasar en lo inmediato al ámbito social o económico, el escenario post electoral se demora en negociaciones cruzadas de final incierto surgidas del virtual “empate técnico” entre los dos principales boques históricos; la Alianza, liderada por el derechista partido moderado (Moderata) y que incluye a los minoritarios Centerpartiet (Partido de Centro) y Liberalerna (Liberales); y el bloque “Rojoy verde”, del mayoritario partido Socialdemocrata, acompañado por el Partido de Izquierda (de origen comunista) y el Partido del Ambiente. Por fuera de esta estructura tradicional de fuerzas agrupadas en dos bloques con tradición parlamentaria, pero ubicados en el centro neurálgico de la escena, se encuentran los “Demócratas Suecos”, (SD) un partido con basamento en los grupos neonazis que surgieron en los noventa, que obtuvo su primera representación parlamentaria con un sorpresivo 5% en las elecciones de 2010 y desde entonces, con una propuesta despojada de los tintes más abiertamente ultras y abjurando del nazismo inicial; no para de crecer. En el país que fuera denominado “el laboratorio social de Europa”, y donde en los últimos años se recibió a más de un millón de inmigrantes provenientes de Africa , Oriente Medio y otros destinos vinculados a las zonas de conflicto del mundo posmoderno, la pregunta central que se expresó en los recientes comicios tiene que ver, fundamentalmente, con la supervivencia del modelo social tradicional y las tensiones que genera un acelerado paso a la multiculturalidad.

Números complejos

Los resultados finales de los comicios no permitieron a la Socialdemocracia alcanzar el 50% más 1 de los sufragios que le hubiese permitido formar un gobierno por mayoría, siguiendo el sistema parlamentario que rige en Suecia y traduce los sufragios a mandatos en el Riksdag (Parlamento). En una elección que muchos califican de histórica y que no subraya un claro ganador, el bloque Rojo y Verde logró 144 mandatos contra 143 de la Alianza; marcando una diferencia mínima que se relativiza además por los 62 mandatos obtenidos por la ultra derecha. Por ello, el dilema actual es quien tiene el derecho a formar un gobierno en Minoría, en el marco de un complejo reparto de las preferencias, que combinó el auge la tendencia derechista neoliberal europea con las resistencias de una parte importante de los electores (de izquierda pero también de centroderecha) a bendecir el giro a la xenofobia y el racismo que subyace a los “partidos del descontento” europeos.

Bipartidismo en crisis

Con estos guarismos como fondo, la Socialdemocracia reclama el derecho formal a poner el primer ministro y formar gobierno e intenta hacerlo promoviendo un gobierno de coalición por encima de la política de bloques y que integraría al Centro y los Liberales. Los moderados, (nombre ambiguo de la derecha conservadora) por su parte, consideran que los resultados otorgan al bloque que lideran la misión de formar el gobierno y ocupar el poder y sostienen que el bloque socialdemócrata debe dar un paso atrás. Para ello, sin embargo, la Alianza tendría que pactar con la ultraderecha, SD (Sverige Demokrater en idioma sueco), que obtuvo 62 mandatos, siendo el tercer partido más votado, detrás de la Socialdemocracia (100 mandatos, a los que se suman 16 y 28 de sus aliados, los Ambientalistas y la Izquierda) y de los Moderados (70 mandatos, más 31 del Centro, 22 de los Demócratas Cristianos (K D) y 20 de los Liberales). La variación de los porcentajes electorales, en tanto, da lugar a múltiples, y por momentos encontradas, lecturas, aunque el denominador común es la fuerza de los vientos de derecha neoliberal que soplan desde la Europa continental en un momento en que el tradicional Estado de Bienestar se diluye cada vez más.

Subas y bajas

La Socialdemocracia perdió 13 mandatos, respecto a la elección de hace cuatro años y los Ambientalistas 9; en tanto la Izquierda (VP en idioma sueco) aumentó en 7 sus representantes en el Parlamento. La caída del caudal socialdemócrata, no obstante, se debe cotejar con que mantuvo la mayoría como bloque y es, según los especialistas, el único partido socialdemócrata clásico que disputa el poder en Europa; un dato no menor en el panorama político del continente europeo. En el bloque derechista también el principal partido (Moderata) sufrió una caída (-14), aunque todos sus aliados ganaron puntos. El Centerpartiet , que fue el cuarto partido más votado en general, ganó 9 mandatos. También lo hicieron KD (+6) y L (+1). La clave de la cosecha de votos tanto del Centro y Liberales, a la derecha, como del VP, a la izquierda es el temor a la emergencia de la ultraderecha neonazi. A esto se debe que hasta hoy, el bloque de derecha no haya sumado sin más a los SD y forzado un gobierno a su medida. Contradictoriamente, los analistas señalan que el voto neofascista crece en conglomerados anteriormente cautivos de la Socialdemocracia; reflejo del desguace del modelo de bienestar, principalmente en cuanto a la situación de los trabajadores y del sistema de salud. Sobre este fondo crítico, aunque sostenido en la bonanza económica, se definirá en los próximos días un gobierno cuyo signo no está definido, pero que no reflejará el tradicional Modelo sueco. Ni el perfil social del Estado del bienestar ni la tradicional división de vidas y haciendas de la política referida rígidamente a dos bloques antagónicos tendrán peso, se espera, en el próximo y minoritario gobierno en el reino de Suecia. La elección del Talesman (vocero), alejó las versiones de una nueva elección y se espera que en los próximos días el vocero anuncie los resultados de una serie de reuniones con los principales jefes políticos que se inició ayer.

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