Los libros de poesía, de cuentos, novelas, de literatura en general, son productos en los cuales prepondera la palabra sobre la imagen.
Para conocer la cara de un escritor, en la era pre internet, había que mirar la solapa, las fotos de solapa; mucho más difícil era acudir a las pocas charlas o presentaciones. Hoy mediante yotube esa figura del escritor ya es menos fantasmal.

Por Santiago Morales.

Posadas (lunes, 15 de octubre). El escritor Pedro Mairal dice que el cuerpo, en la carrera de un escritor, sirve sólo para posar de vez en cuando en las fotos de prensa.
Las redes sociales hicieron que el mainstream literario local tenga pancarta. Meses pasados Posadas albergó dos exposiciones públicas importantes: por primera vez y en la Legislatura entregaron los Premios Andresito de la Literatura, el Dachary, uno de los claustros más grandes, sacó a relucir una charla de escritores, y a principios de octubre se realizó en la costanera la primer feria del libro de Posadas. Más allá de la perennidad de los eventos, el registro y reproducción vía redes sociales, la pregunta es si cambió la relación lector-autor.
En la legislatura se instituyó un galardón para reconocer la trayectoria de escritores misioneros, entre ellos, poetas, narradores, dramaturgos y ensayistas. En su primera edición lo recibieron Alberto Szretter; Susana Valloud; Marcelo Moreyra; Raul Novau; Rosita Escalada Salvo; Norma Varela de Pfeiffer; Norma Catalano; Rolo Capaccio; Osvaldo Mazal; y Esteban Abad. También se hicieron menciones de honor a docentes de Letras que incentivan el interés de los estudiantes misioneros en el trabajo literario. Estos educadores fueron Norma Glinka; Eva Alderete; Evelin Rucker; Juana Fleitas; Rosina Ríos; Carlos Zarza Machuca; Noelia Nimeth; y además al poeta y músico chaqueño, Rubén Tolosa. Actividad organizada por la SADEM y la Unión Cultural del Libro en el contexto del mes del Escritor.
Fue enorme el estupor de una joven estudiante de letras al poder observar a Novau, de quien dice haber leído y admirado Diadema de metacarpos, sin poder encontrar la cara del autor en la solapa ni contratapa de la edición que tiene.
En la universidad Privada UGD, a partir de una iniciativa de la profesora de Letras Evelin Rucker, el encuentro se realizó con el objetivo de generar un acercamiento de los estudiantes a los escritores misioneros y al debate de las obras que han ido eligiendo y leyendo en el taller “Lectura por Placer”, que se lleva a cabo dentro de las clases de Lengua y Comunicación Aplicada a las Ciencias Económicas. Los escritores que estuvieron presentes, y quienes contaron sus vivencias y sus experiencias en el ámbito literario fueron: Rosita Escalada Salvo, Luis Ángel Larraburu, Laura Kachorroski, Jorge Lavalle, Anibal Silvero, Marcos Pucheta, Sergio Álvez, Emilio Garcia, Capaccio y Alberto Szretter.
En ambos eventos hubo lectores sorprendidos, y alucinados, por conocer los rostros de quienes habían sido hasta ese día solo una firma, las personas de carne y hueso que produjeran tales historias que les maravillaran.
Quienes no hayan podido conocer a la escritora misionera Olga Zamboni, que el 17 de octubre cumpliría 80 años, pueden encontrar videos en youtube, y en FHYCS UNAM, reportajes, entrevistas, homenajes, lecturas, que eternizaron su imagen.

Uno de los trece consejos de Chuk Palahniuk para escritores dice: “Sacate fotos de solapa ahora que sos joven. Y quedate con los negativos y el copyright”.
Fabián Casas en su libro de poesía reunida puso un retrato dibujado, una atenuación del yo, una manera de mostrarse ya caricaturizado, transformado por los demás.
La de Fogwill, en solapas de Interzona donde está con los brazos atrás de la nuca, conversando con alguien fuera de cuadro, es una buena foto, que no molesta; el gesto de poner su propia cara en la tapa de su segundo libro de narrativa es algo que sin duda lo define.
“Cortázar tiene un poco la culpa. Esa foto que le sacó Sara Facio, en un puente parisino, con el impermeable y el pucho apagado en la boca. Ahí quizá se empezó a esperar de los autores que sean fotogénicos” dice Mairal
Quizá la mejor foto de solapa que vi es la del chileno Alejandro Zambra en su novela Formas de volver a casa, en la cual se lo ve con la cara oculta por una gran taza de café, haciendo que el lector se pregunte para qué se sacó es foto si no lo vemos. El objetivo de la imagen deja de ser conocer al autor y prima el valor de la ocurrencia y creatividad.
El coreano Byung-Chul Han, en La sociedad de la transparencia, en uno de los capítulos que refieren a la fotografía, critica duramente aquello que denomina “el valor de exposición” en la sociedad actual. “El imperativo de la transparencia hace sospechoso todo lo que no se somete a la visibilidad actual. En eso consiste su violencia”, sostiene.
Yo cada vez que leo La soledad del lector, de David Markson, me pregunto lo mismo ¿Qué dice el papel que asoma del bolsillo de la camisa que lleva en la foto de solapa?
Una de las cosas más insólitas y menos egocéntricas lo hizo el cubano Ricardo Pau-Llosa en un libro sobre la obra de Polesello: hay una foto pero no es suya sino que incluyó, en la dedicatoria, la foto de la dedicada.
(Algunas editoriales ya ni se gastan en imprimir la foto del autor en el libro de papel, habiendo comprobado que los lectores igualmente entraban a Internet a buscar todas las fotos del autor existentes en el éter).
Pero nada más original que una de Nicolás Capaccio, en Ríos de memorias y silencios, la última publicación de Olga Zamboni, que contiene fotografías de María Eugenia Maffini, Trini Álvarez y Ernesto Engel, en la cual vemos a la autora santanera en la pantalla de una laptop, señalada por un gato, probablemente suyo, extrañándola.

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