Hemos roto el cepo de los partidos políticos dijo exaltado el vicepresidente electo en Brasil Hamilton Mourão, el militar que integró la fórmula con Bolsonaro. Es un espejo de la crisis de representación de las democracias tradicionales. Una advertencia a las prácticas de la UCR que expulsa en defensa de los cargos y de las izquierdas en defensa del purismo ideológico.

Posadas (Jueves, 1° de noviembre) La consagración de Bolsonaro en Brasil tiene lecturas en la Argentina atrapadas por la “grieta” difundidas en diarios y en las plataformas como Face,  Twitter y Whatsapp. Que si es nazi o totalitario, si es neoliberal o industrialista, o si ganó por el anti-PT. Hay mucho publicado para abonar esos debates.

Desde Misiones interesaría indagar en cómo influirán sus políticas en la frontera y si será permeable a la ofensiva del imperio de instalar una suerte de Comando Sur en Foz dando rienda suelta a la construcción de la Triple Frontera como un espacio dominado por el narco-terrorismo y con ausencia de los Estados nacionales en las regulaciones sociales. Sabemos que esa ficción es el pretexto para tener tropas aquí mirando el Acuífero.

Bolsonaro también es un espejo para analizar la conformación de los espacios de representación política. El dato que importa en ese sentido es que ganó sin el respaldo de los partidos tradicionales. “Nós quebramos a armadilha dos partidos políticos”, dijo entusiasmado el  vicepresidente electo, Hamilton Mourão, un general de cuatro estrellas, que será un hombre clave en el Gobierno y se puede decir de temer para el mismo Bolsonaro. En castellano ¿qué dijo? Rompimos el cepo de los partidos políticos. “Cepo”, un sustantivo que los argentinos vinculamos al dólar, pero que el primer significado mencionado por la RAE alude a un instrumento que permite inmovilizar y retener a una persona.

Hamilton Mourao
Hamilton Mourão

Ese es el espejo en que deben mirarse los partidos tradicionales. Considerar que los partidos políticos son un “cepo” que inmoviliza, es poner patas para arriba la concepción de la representación democrática.  Es cierto que hay otros ingredientes como la ayuda inocultable de intervención de las técnicas de manipulación de la opinión pública como las que empleó la empresa británica Cambridge Analytica  en más de 200 elecciones de países de todo el mundo, como Kenia, Nigeria, República Checa y también la Argentina y los Estados Unidos.  Pero Bolsonaro también tuvo calle en las llamadas tres B: Biblia, Bala y Buey, una metáfora que resume el respaldo activo del movimiento pentecostal, las fuerzas Armadas y de Seguridad y los grandes terratenientes que son la contracara de los Sin Tierra.

El respaldo BBB abre por supuesto varias lecturas pero es indiscutible que está expresando la crisis de representación que aquí en la Argentina está subyacente desde el que “se vayan todos” y que tiene una fase explícita en la consagración de Mauricio Macri y en la consecuente dispersión de las oposiciones.

El 2001 terminó con el bipartidismo UCR – PJ que dominó la escena política en los últimos setenta años. Indagar en las razones lleva a reconocer la deuda de la democracia con las transformaciones estructurales que desde el funcionamiento de la economía determinan los ciclos de gobiernos populares y neoliberales, pero también a la aparición de una casta de dirigentes convertidos más bien en directivos de clubes semejantes a los burócratas soviéticos que disocian su sobrevivencia en los cargos del destino de la sociedad.

Ese anquilosamiento tuvo reacciones como las rupturas con los mandatos de Buenos Aires que hicieron en Santiago del Estero el Frente Cívico con Gerardo Zamora y el Frente Renovador de la Concordia gestado por Carlos Rovira como espacio de mayor autonomía en la toma de decisiones provinciales y de expresión de ese sentimiento que conforma la subjetividad del misionero.

Los doce años de kirchnerismo disimularon en la superficie la declinación del peronismo como expresión de la alianza de clases y sectores sociales que se resumían en la fábrica durante los años de la Argentina industrializada. Ese país ya no existe. En la superficie decimos porque una mirada menos porteña dejaba en evidencia que el Frente para la Victoria era más bien una confederación de partidos. Como ejemplo, Insfrán y Alperovich, denostados como fascistas por la intelectualidad K, contribuían entre otros a sostener el Gobierno. Cuando se perdió el balotaje esa fragmentación del justicialismo quedó al desnudo.

Es el contexto que explica  la dispersión de la resistencia al neocolonialismo explícito en las acciones del gobierno nacional.

La Tésis 7 a 3 contra el idealismo

“Tener conciencia de la debilidad que implica la fragmentación es el primer paso para la reorganización del campo popular”, dijo aquí Luis D´Elía en conversaciones con el dirigente sindical Aníbal Velázquez. Al igual que Alberto Fernández, que viene recorriendo el país armando la unidad de las oposiciones, y Gustavo Vera, el dirigente de la CTEP amigo del Papa y animador de la Multisectorial 21F, el dirigente piquetero respaldó la Tésis 7 a 3 elaborada aquí por el dirigente de base Oscar Mathot. La fórmula se refiere al resultado electoral de 2015 en el que la Alianza Cambiemos obtuvo alrededor del 30% de los votos y los no Cambiemos el 70%.

Salvando las distancias, explica Velázquez, las recomendaciones de Mathot tiene semejanzas con la Tésis 11 de Marx que identifican la acción política en su interpretación social como la ruptura con el mundo idealista.  “Oscar –subraya Velázquez por Mathot- está diciendo lo mismo que Alberto Fernández cuando sostiene que estamos en emergencia electoral. ¿Eso qué quiere decir? – se pregunta retóricamente- que es un momento en el que la acción debe subordinar el debate ideológico. Yo insisto con la raya, de un lado los macristas neoliberales del otro todo el campo popular con sus diferencias, sus enemistades, sus desencuentros, pero unidos en contra del adversario común”.

Fernández, en conversaciones con el diputado mandato cumplido, Hugo Escalada, fue categórico en ese sentido. “Sin pretender inmiscuirme en las decisiones de los misioneros, yo diría que aquí hay que votar a la Renovación si de esa manera evitamos que Cambiemos pueda consagrar un gobernador”.

Las patologías de la izquierda

Ante este cuadro de situación, en conversaciones con este medio, el secretario general de Adunam no eludió encuadrar el conflicto que se generó al interior de Unidad Ciudadana el domingo pasado y el generado al interior de la UCR por la eliminación de toda oposición en las elecciones por los cargos.

“Voy a hacer referencia a conceptos de Pepe Mujica, más sabio que viejo”, dijo Velázquez:  “Lo reaccionario es la patología de lo conservador. Es ir para atrás y de una forma dogmática y cerrada. La patología de la izquierda es el infantilismo. Es la confusión permanente de la ilusión con la realidad”. Eso considera Mujica”.

Agregó que “si se toman como referencia sus advertencias, podemos desocultar  el sentido de la proscripción de las listas opositoras en la UCR. Me arriesgaría a sostener que hay un corrimiento de la UCR hacia posiciones reaccionarias. Hay como una purga estalinista en defensa no de ideas sino de los espacios, de los cargos. He leído por ahí que desde el propio radicalismo se acusa a las autoridades de tomar decisiones en función del carguismo. Pero ese es un problema de las derechas, dejémoslo que se arreglen. Lo que me interesa es poner en foco la depuración que se hizo en Unidad Ciudadana”.

Reveló que hubo una reacción en contra de dirigentes dispuestos a promover y defender la candidatura de CFK pero que al mismo tiempo en la provincia votan o pertenecen a la Renovación.

Consideró que el argumento es entendible si se parte del axioma ideológico. “Ahí se advierte una purga común al purismo de las izquierdas que encerradas en el ideologismo tienen una historia de divisiones permanentes. No están viendo la emergencia electoral”, enfatizó.

Refutó desde esa óptica las imputaciones que en la Agrupación le hacen al diputado Daniel Di Stefano por votar alineado con la Renovación en el Congreso cuando le reclaman lealtad partidaria o más bien a La Cámpora. Resaltan opuestamente la actitud de Cristina Brítez, que vota con el mandato del presidente del bloque del FPV, Agustín Rossi.

El ex presidente del Partido Victoria, Pato Recamán, abonó también las reflexiones del sindicalista, pero además observó que se puede invertir el marco de referencia para hacer las imputaciones. “No hay dudas –arriesgó- de que si Brítez y Di Stefano armaban en la provincia una lista de La Cámpora en 2015 y se potulaban por fuera de la Renovación, iba a quedar afuera del Congreso. Le sucedió a todos”, aseguró y recordó que la gente de De Genaro y Claudio Lozano ni siquiera llegaron a superar las Paso.

Ante este panorama, Velázquez concluyó que se explican claramente las razones por la cual las organizaciones sociales, como CTEP se fueron de Unidad Ciudadana. “Son ellos los que movilizan y están aprendiendo a que los votos no deben regalarse a dirigentes que sin ellos no representan más que ideas vacías de gente”.

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