Un recorrido de Santiago Morales por los acontecimientos que están en agenda, con el enfoque crítico al que nos tiene acostumbrados en la sección Contratapa, el autor une con cordel invisible elementos que a simple vista parecerían inconexos. Elementos indivisibles de un todo, dichos, actos, escritos, acciones y omisiones se tornan una foto de época.

El infierno del odio

Por Santiago Morales
La sonrisa se llama un cuento futurista de Ray Bradbury sobre el odio al pasado, a la civilización que arruinó la tierra. Las personas hacen fila frente a la Monalisa, pero no para apreciarla, como en el Louvre, sino para escupirla como símbolo de un pasado nefasto. La odian.
Hace poco el presidente había propuesto “aislar a las personas envilecidas que buscan el fracaso de los demás”. El planteo fue en respuesta a los insultos que recibió una pareja de pizzeros que simuló un encuentro casual con el presidente y su hija para un spot que el gobierno difundió por redes sociales. Las propuestas de “aislamiento” y “personas envilecidas” generaron respuestas contundentes y la denuncia de que esos conceptos eran centrales en Mi lucha, el libro insignia de Hitler.
El presidente tuiteó alertando “mensajes con lenguaje de odio” a lo que Moreau le respondió que no, que no hay odio. Feinmann que sí. No relativizando la validez del desprecio, y subrayando la importancia del odio como factor de lucha.
Ahora Carlos De Angelis, habla de Partido del odio, refiriéndose a los no alineados que tienen peso electoral y que las redes aglutinan. Del Brexit a CFK y Macri. “Orientar electoralmente a los millones de odiadores dispersos es un objetivo de la campaña electoral”. Menciona un ejemplo histórico de cómo se logra movilizar a estos sectores: la película Brexit. Allí un excéntrico director de campaña tiene la tarea de construir una estrategia para lograr que el Brexit gane en el referéndum por la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea, yendo incluso contra los partidos mayoritarios (Conservador y Laborista). Descubren a millones de habitantes aislados que no suelen votar ni participar políticamente, clases medias bajas sin voz que se perciben olvidados por las políticas del Estado de bienestar, los denomina “el partido de los resentidos”
Spike Lee, que acaba de ganar un premio en los Oscar, al mejor guión adaptado por Infiltrado en el KKKlan (una película bastante absurda que no llega a ser comedia ni drama) tiene dos enormes anillos, uno en cada mano, que dicen: amor en una mano y odio en la otra. En su discurso de recepción del premio, desplegando un grotesco traje violeta a tono con los anteojos, recordó los orígenes de la gente afroamericana en Estados Unidos: “El amor y la sabiduría nos unen con ellos. Tenemos que estar todos en el lado correcto de la historia. Entre el odio y el amor hagamos lo correcto”. No dice que uno de los lados es sentimental y el otro intelectual. La revolución de la alegría proponía esa dicotomía, usar el odio de D’Elía y oponerlo a su confronte maniquea: el amor, la risa, la alegría (¿si la película de Freddy Mercury ganaba sumaba votos?)
“El amor confiere a la persona toda su dignidad, mientras que el odio y la venganza disminuyen, degradan la belleza de la criatura hecha a imagen de Dios” ¿Quién lo dijo, ayer, domingo 24 de febrero? El papa Francisco, al asomarse a la ventana de siempre, para rezar con los fieles congregados en la Plaza de San Pedro. “No hay nada más grande y más fecundo que el amor”, aseguró.
“Las palabras de Jesús son claras: ‘A ustedes que escuchan, les digo: amen a sus enemigos, hagan el bien a aquellos que los odian, bendigan a aquellos que los maldicen” Bergoglio es peronista dicen algunos. -Al enemigo ni justicia- dijo Perón.
Uniformado de punta en blanco uno, de punta en violeta el otro, Vaticano y Hollywood, centros de poder, bregando por el amor; con verde oliva el Ché valoraba el motor del odio: “un pueblo sin odio no pude triunfar sobre un enemigo brutal”