Marzo es un mes rosino: Juan Manuel José Domingo Rosas (lleva los dos nombres de Perón) nació un 30 de marzo (de 1793) y murió un 14 de marzo (de 1877) un prócer sin feriados.

El 25 de mayo de 1810 tenía diecisiete años y no estaba en la famosa plaza por una razón ajena a su juventud: era del campo. Y permaneció ese día, como todos los días, trabajando con la gente del campo. Incluso su forma de hablar era con metáforas campestres, como lo señala Pacho O’donnell en la biografía Juan Manuel de Rosas. El maldito de nuestra historia oficial, escrita en 2001 (antes de su faceta fitness y tapa de Caras) formada por capítulos cortos en los cuales se abordan diferentes características de la vida del caudillo popular que ha sido, como se expone en el libro, el personaje de una novela negra escrita por la historia oficial.
La claridad de la prosa del autor para exponer las ideas y experiencias de Rosas se evidencia en múltiples líneas. Hay capítulos sobre la relación entre Rosas y Urquiza, ese gaucho federal, dice O’Donnell, que le sirvió a Buenos Aires para derrocar a otro gaucho federal; sobre el tema de los empréstitos -Me prestan lo mío, lo que antes me habían robado- decía Rosas; sobre la relación con los caciques, que en época de Rosas tuvieron la chance de negociar (Rosas dominaba las lenguas indígenas e incluso escribió un diccionario pampa) a diferencia de tiempos anteriores y posteriores en los que fueron directamente exterminados.
En determinadas páginas se atiende a la necesidad intrínseca del humano de elegir un modelo de hombre, de ser guiado. O’Donnell afirma que Rosas fue el primer patriota nacional mientras que San Martín fue el primer patriota continental. Es sabida la admiración que tenía el santo de la espada por el restaurador. La película que hizo Manuel Antín en 1972 (se puede ver en http://www.cine.ar) empieza con una carta desde Boulogne sur mer al líder federal. (Para ver su contracara se puede ver Camila, de Bemberg)
El libro se lee con la ironía y creatividad de un novelista y se interna en pasajes como la descripción de un gobierno -que la demagogia se ocupa de llamar tiranía-.
Y el final en el exilio. Rosas vivió 13 años en Southampton y no quiso aprender inglés. Carlitos Tevez estuvo 5 años en Manchester y tampoco.
Y como escribió Luciana Sousa, para APU (Agencia Paco Urondo) : “Todo texto es una intervención en la historia, por eso la película de Antin, como el resto de las producciones de aquellos años, constituye uno de los aportes a la renovada discusión sobre el ser nacional, el panteón histórico y las fábulas de identidad, iniciada a principios del siglo, al calor de los festejos por el centenario, cuando Lugones y Rojas definen al Martín Fierro como poema épico nacional. Así se exalta lo local, afianzando un pacífico “crisol de razas” en el que se diluían diferencias y tensiones, raciales y sociales. En ese contexto, la ponderación de la figura del gaucho, actor social casi extinguido para 1910, resuelve diferencias que podían ser amenazantes para el poder liberal tradicional que venía gobernado el país.
La proliferación y el éxito de estas películas en la década del 60 postulan la necesidad de reabrir este debate, revisar el pasado para narrar una historia más auténtica. Incluso Borges, que siempre se opuso a esta decisión de adoptar al Martín Fierro como poema épico nacional, escribe en 1974 en el prólogo a una edición del Facundo que “si la hubiéramos canonizado como nuestro libro ejemplar, otra sería nuestra historia y mejor”.
¿Qué ha cambiado desde aquella discusión en 1910? ¿Por qué reabrir ese debate en la década del 60? Es lícito pensar que la irrupción del peronismo en la historia cambia por completo el paradigma del “ser nacional”. Como señala Borges en su ensayo Kafka y sus precursores (1951), una obra importante cambia no sólo la forma en que se producirán las próximas obras sino la concepción de obras anteriores. Algo de ello hay en la “relectura” de la obra de Rosas. Volver a contar la historia en ese contexto es una forma de contar el presente”.

 

 

 

SM – Misiones Plural