La realidad es lo que pasa, día a día. La ficción es la simulación de esa realidad para presentar un mundo imaginario. Ficción es fingir. Fingen, simulan la realidad, las obras literarias, el cine; y ahora también, más que nunca, la política. Pero el sociólogo Luis Quevedo habla de la construcción de lo espontáneo, con tres elementos que utilizó Macri desde el sentido común: sorpresa, proximidad y simplificación de la política, para hablar a la población sobre la crisis que nos afecta.

Miércoles24 de abril, de 2019. ¿Realidad o ficción? Realidad y ficción atraviesan por igual hoy a las series de televisión y a la política, que recurre a la puesta en escena para comunicar. Quedan pocas acciones espontáneas en la obligación de comunicar los actos de Gobierno o adelantar las acciones que se llevarán adelante en el acto de gobernar.
La realidad es lo que nos pasa, nuestro día a día. La ficción es la simulación de esa realidad para presentar al receptor un mundo imaginario. Ficción es fingir.
Fingen, simulan la realidad, las obras literarias, el cine; y ahora también, más que nunca, la política.
Enfrente, la sociedad saturada de información entra en el descreimiento, en el escepticismo, mientras las corporaciones del entretenimiento retratan los tiempos contemporáneos con películas o series de televisión: en la plataforma Netflix, por ejemplo, existen numerosas películas y series -de entretenimiento (House of cards, Sobreviviente designado, Ingobernable, Marsella, Scandal, Homeland, por ejemplo)- basadas en la cotidianeidad política que retratan estos tiempos, atravesadas por intrigas con consecuencias políticas y sociales de fuerte impacto, realistas, que acortan las distancias entre la realidad y la ficción. Lo que vemos en la pantalla puede ser el retrato de lo real o una elucubración que después sucederá en algún escenario de la política real.
Hoy, la ficción televisiva, es una buena herramienta para entender la política y la comunicación política, desde todos sus costados, un espectro mucho más amplio que el que los resume en dos polos antagónicos: nos muestra mucho más de lo bueno y lo malo de las acciones.
Merli, el profesor de filosofía de la serie española del mismo nombre, sería un excelente presidente para cualquiera de nuestros países, al menos, de Iberoamérica, Latinoamérica e Hispanoamérica, a partir de la impronta del personaje, frontal, pragmático y a la vez, simpático. Es la construcción idealizada de una persona práctica para resolver problemas propios y ajenos. Es el personaje que se metió en los afectos de millones de personas, producto que la ficción, construido como real en función de nuestras necesidades de un héroe con menos superpoderes y, por lo tanto, más mortal.
No se llama Merlí pero el recientemente electo presidente de Ucrania es ese personaje, casi el mismo personaje: su nombre real es Volodímir Zelenski, de 41 años, pero el que ganó las elecciones es él mismo pero en la piel de Vasil Holoborodko, un honrado profesor de historia de una escuela secundaria que en la ficción pronuncia un memorable discurso donde carga contra la corrupción, y la viralización de ese pedacito de ficción lo pone en campaña para convertirlo en un presidente electo con más del 60 por ciento de los votos.
Pero, ¿A quién eligió Ucrania? ¿Al comediante, guionista, actor, director cinematográfico y ahora político Zelenski, o al profesor Holoborodko, uno de sus personajes?

La forma por sobre el contenido

Del otro lado del charco -por estas latitudes-, la semana pasada, la ficción inspirada en la realidad dio que hablar: el video casero, grabado con un celular, con imágenes desprolijas y sonido ambiente del presidente Mauricio Macri durante la “visita informal” a vecinos de un barrio sencillo, para contarles que su Gobierno anunciaría medidas para aliviar la crisis económica que afecta a la gran mayoría de los argentinos, recibió críticas y burlas en las redes sociales y en los medios de comunicación alternativos y hegemónicos, por igual.
Sin embargo, el sociólogo especializado en medios de comunicación, Luis Alberto Quevedo, rescata lo que llama la construcción de lo espontáneo y asegura que hay tres elementos que le permite al Presidente trabajar sobre el sentido común, para dialogar con una parte de la sociedad, desde el lugar más simple y llano de la política: con sorpresa, con proximidad y con la simplificación de la política.
Recuerda, por supuesto, que no deja de ser una obra de Jaime Durán Barba, quien concibe a la política como una rama del marketing, pero que finalmente logra que se hable del video casero del Presidente y no de los anuncios concretos, como una apuesta a la primacía de la comunicación antes que a los contenidos.
Habla, Quevedo, del sentido común, esas creencias y conocimiento que comparte la comunidad porque son válidos, lógicos, prudentes, y que nos permiten juzgar acontecimientos de manera razonable. El video de Macri, lejos de las políticas económicas de Macri, apostó al sentido común: estar cerca de los que la pasan mal, para asegurarles -con mística épica- que el enemigo es la inflación, que le dará batalla y que “la vamos a vencer” para vivir un futuro de felicidad.
En la relación entre ficción, política y poder, los sistemas democráticos ¿evolucionan? hacia la espectacularización total de la realidad. Hoy lo confirma Ucrania como castigo o incomprensión de la realidad. Con sentido común o con imprudencia, depende qué, cómo y desde dónde se analice.

 

 

RP – Misiones Plural