El ingeniero forestal Sebastián Escalada difundió hoy  “un sencillo homenaje al Dr. Andrés Carrasco”, un activista en contra de la utilización de agrotóxicos en la producción agrícola. En el aniversario de su muerte, rescata su valentía de enfrentar a poderes fácticos. La persecución a la que fue sometido estaba articulada por los medios hegemónicos, las empresas multinacionales, la Embajada de Estados Unidos y hasta funcionarios de los gobiernos de turno.

Martes, 14 de mayo. Por Sebastián Escalada*. Hace un par de años el INTA prohibió el uso de la palabra “agrotóxico” en sus materiales institucionales y lo difundió en la sociedad a través de una orden interna firmada por el ingeniero agrónomo Hernán J. Trebino, que citamos a continuación:
“Estimados Directores: En las comunicaciones de los profesionales, así como en los materiales impresos, virtuales, o en cualquier otro tipo de comunicación institucional correspondiente al INTA o a alguna de sus unidades, Programas, Proyectos, o instrumentos de intervención, cualquiera sea su categoría, deberá practicarse una abstención irrestricta del empleo del término “agrotóxico”. Se debe emplear “productos fitosanitarios” o “agroquímicos” en vez de “agrotóxicos” o cualquier otra referencia que implique un posicionamiento sobre estos productos que no se corresponde con decisión institucional alguna”.
Era 2009 y aún estaba latente el conflicto por la Resolución N°125.
La noticia: “el glifosato”, el químico pilar del modelo sojero, era devastador en embriones anfibios. Nada volvió a ser igual. Organizaciones sociales, campesinos, familias fumigadas y activistas tomaron el trabajo del Dr. Andrés Carrasco como una prueba de lo que vivían en el territorio.
El doctor Andrés Carrasco contaba con más de treinta años de trayectoria, fue presidente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) entre 2000 y 2001 y jefe del Laboratorio de Embriología de la UBA.
“No descubrí nada nuevo. Digo lo mismo que las familias que son fumigadas, sólo que lo confirmé en un laboratorio”
Otros investigadores confirmaron lo mismo que él, pero en sapos (muchas veces llaman los “canarios de la mina” porque pueden anunciar lo que le sucederá a humanos.
Los primeros que le salieron al cruce: las empresas de agroquímicos. Abogados de Casafe (reúne a las grandes corporaciones del agro) llegaron hasta su laboratorio en la Facultad de Medicina y lo patotearon. Comenzó a recibir llamadas anónimas amenazantes. Y también lo desacreditó el ministro de Ciencia, Lino Barañao. Lo hizo, nada menos, que en el programa de Héctor Huergo, jefe de Clarín Rural y lobbysta de las empresas.
Los diarios Clarín y La Nación lanzaron una campaña en su contra. No podían permitir que un reconocido científico cuestionara el agronegocio.
“No existe razón de Estado ni intereses económicos de las corporaciones que justifiquen el silencio cuando se trata de la salud pública, solía decir Carrasco en cuanto Congreso o jornadas lo invitasen.
En 4 de mayo de 2009, el ministro Barañao envió un correo electrónico a Otilia Vainstok, coordinadora del Comité Nacional de Ética en la Ciencia y Tecnología (Cecte). En un hecho sin precedentes, Barañao aportaba bibliografía de Monsanto y pedía que evalúen a Carrasco. Nunca había pasado algo similar. La mayor autoridad de ciencia de Argentina pedía una evaluación ética por un investigar que había cuestionado al químico pilar del modelo agropecuario.
“Estimados colegas, esta tarde he recibido un pedido de que el Cecte considere las expresiones vertidas en artículos periodísticos por Andrés Carrasco con motivo de su investigación de los efectos del glifosato en embriones de anfibios. Adjunto también la bibliografía aportada por Lino Barañao, la entrevista a Carrasco y la entrevista al Ministro Barañao que sacó Clarín”.
En marzo de 2011 se conoció que la embajada de Estados Unidos lo había investigado y había hecho lobby en favor de Monsanto. Documentos oficiales filtrados por Wikileaks confirmaban el hecho.
Los mejores científicos no siempre son los más honestos ciudadanos, dejan de hacer ciencia, silencian la verdad para escalar posiciones en un modelo con consecuencias serias para el pueblo.
Asistió a audiencias públicas sobre agroquímicos, dio charlas en distintas Facultades alertando sobre los efectos de los alimentos transgénicos y los agroquímicos, entendía esos espacios como lugares de lucha, solía decir que se lo debía a las víctimas del modelo.
La nueva soja aprobada por el gobierno, los nuevos químicos, “Hay un nuevo veneno” Alertaba sobre el glufosinato de amonio y lo mencionaba como posible sucesor del glifosato: “El glufosinato en animales se ha revelado con efectos devastadores. En ratones produce convulsiones y muerte celular en el cerebro. Con claros efectos teratogénicos (malformaciones en embriones). Todos indicios de un serio compromiso del desarrollo normal”, precisaba. Y recordaba que la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) detalló en 2005 los peligros del químico para la salud y el ambiente. Destacó que desde 2011 el Ministerio de Agricultura había aprobado diez eventos transgénicos de maíz y soja de las empresas Bayer, Monsanto y Syngenta. Cinco de esas semillas fueron aprobados para utilizar glifosato y glufosinato.
Un 10 de Mayo del año 2014 fallece y se transforma en un referente hereje de la ciencia argentina. No tuvo despedidas en grandes medios, ni hubo palabras de ocasión de funcionarios ni hubo actos de homenaje en instituciones académicas.
Andrés Carrasco optó por otro camino: cuestionar un modelo de corporaciones y gobiernos y decidió caminar junto a campesinos, madres fumigadas, pueblos en lucha.

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*Ingeniero forestal