Un artículo difundido desde el colectivo Tendencia del PO Misiones, partidarios de Jorge Altamira a nivel nacional, plantea la situación en la que quedó el gobierno de Macri después de las PASO. La crisis política en la cual está sumida la Argentina y las propuestas impulsadas desde la Izquierda, son parte del texto que copiamos aquí.

Miércoles, 14 de agosto de 2019.

LA APLASTANTE DERROTA DEL MACRISMO ABRE UNA CRISIS POLÍTICA Por Partido Obrero – Tendencia

Bastó un procedimiento electoral tan inocuo como las Paso para poner de manifiesto el vacío político completo del gobierno de Cambiemos. Ni siquiera fue necesario, para ello, llegar a la primera vuelta electoral. Desde los quince puntos de ventaja a favor de AF en la elección a presidente, hasta la distancia similar que sacó Kicillof a la ‘estrella’ de los medios de comunicación, la gobernadora Vidal, pasando por la votación aplastante del candidato pejotista en Santa Fe o la derrota del radical Cornejo en Mendoza, quedó en evidencia que el gobierno macrista se había mantenido en pie, en medio de un derrumbe económico gigantesco, como una suma cero entre las fuerzas antagónicas del escenario nacional e internacional – por un lado entre el odio de las masas por la política capitalista que descarga la crisis sobre sus espaldas y, por el otro, el FMI y sus lacayos nativos. Que el derrumbe del gobierno sea calificado por los comentaristas como “catastrófico”, se destaca todavía más porque, después de todo, simplemente ha perdido frente a un rival que ya ha probado, en funciones de gobierno y de ‘oposición legislativa’, que defiende el mismo régimen social y el mismo régimen político con el oficialismo. En el paralelogramo de fuerzas que mantenía a Macri en la presidencia como una ficción, ocupaban el primer lugar los mismos que lo derrotaron el 11 de agosto.
Han bastado apenas unas horas desde que se cerraran las urnas para que el llamado ‘desafío’ que el gobierno decía enfrentar se desplazara de la ambición de llegar a la segunda vuelta, en noviembre próximo, a impedir que no pueda completar el mandato. Salvo el FIT-U, que en la misma noche del domingo señaló su objetivo de conquistar legisladores en octubre (ver Adriana Meyer, Página/12), la agenda de todo el resto del arco capitalista (político y mediático) se centró en otra preocupación – cómo asegurar la ‘gobernabilidad’ de aquí en más, o sea cómo hacer para que el gobierno no caiga. Desde antes de la apertura de los mercados del lunes, las acciones de compañías argentinas en Nueva York se desplomaban un 30% promedio, el riesgo de la deuda argentina superaba los mil puntos y el dólar se cotizaba en forma irregular hasta los 55 pesos – una devaluación del 25% del peso. Macri la tiene más difícil que Alfonsín en 1989, cuando éste adelantó el pasaje del gobierno a Menem, recién electo, porque las Paso no son más que unas internas y no consagran autoridades.
Fue suficiente una derrota amplia del oficialismo para poner en crisis la arquitectura político-financiera del acuerdo con el FMI. Alberto Fernández se encuentra obligado a rebobinar su planteo de renegociar los vencimientos de la deuda contraída con el FMI, porque ahora se enfrenta a algo más apremiante – una corrida cambiaria y una corrida bancaria. Algunos consejeros de grandes compañías internacionales están reclamando a F-F que anuncie su gabinete económico, cuando faltan todavía dos meses y medio para las elecciones generales. Entienden que la designación de un ‘amigo del mercado’ como ministro de Economía podría conseguir una tregua con los fondos de inversión. Aceptar el convite, sin embargo, podría convertirse en una trampa para el PJ, de cara a las elecciones de octubre. Por otro lado, sería establecer un co-gobierno que el electorado acaba de rechazar en forma abrumadora. En la mesa de la negociación entrarían los juicios contra CFK en Comodoro Py y el conjunto de las “prisiones preventivas”. El grueso de la negociación transitará por carriles sigilosos, al margen de los trabajadores.
Hace bastante tiempo hemos advertido, frente a los devaneos electoreros de la izquierda, que el proceso electoral no se encontraba inmune a la crisis política – y que podía ser arrastrado por ella. Para evitar que la crisis política contaminara el proceso electoral, CFK se colocó en la parte de atrás de la candidatura, y puso adelante a un político que se separó de los K cuando la crisis con los fondos agrarios. En la misma línea, el kirchnerismo dio algunos pasos en este esfuerzo de co-gobierno, al afiliar a los gobernadores y legisladores que se alinearon con Macri hasta el estallido de la crisis financiera y el derrumbe de la industria – y aun después. Lo más significativo de todo este proceso es que cuanto más se acercaron los K a los amigos pejotistas de Macri, más aproximaron también la crisis de gobernabilidad del macrismo y la crisis de régimen político. La crisis pos-Paso ha puesto en evidencia el sustento estructural y estratégico del conjunto de la crisis capitalista y de su régimen político.
Después de que Trump, Bolsonaro, el colombiano Duque y el chileno Piñera llamaran a votar a Macri, la derrota aplastante de Cambiemos constituye un revés para la política yanqui en América Latina y también para la Unión Europea. Cambia el escenario político inmediato en América Latina. Es un revés para la mentada ‘derechización’, y esto en medio de golpes severos de la economía mundial a América Latina. Con los resultados de ayer, crecen las posibilidades de que el Frente Amplio no sea desplazado por la derecha uruguaya en octubre de este año, o que Bolsonaro sea golpeado en las elecciones municipales en Brasil.
Los planteos alternativos de carácter capitalista no apuntan a derrotar los planes fondomonetaristas y sus reformas previsionales. Esto depende del nivel de la independencia de acción política de las masas respecto a todos los campos burgueses y patronales. F-F, como es obvio, no tienen condiciones de reconstruir el eje bolivariano, que se encuentra ante un fracaso y un derrumbe sin retorno. Sin embargo, se verán obligados a rediscutir las exigencias de Trump, porque de lo contrario terminarán como Macri en menos de lo que canta un gallo. Que dos candidatos tradicionales “sean lo mismo”, primero porque representan al capital y segundo porque aspiran a alianzas con el imperialismo, no significa que no se distingan uno del otro, bajo las condiciones de una crisis política severa. Los mismos K solo se convirtieron en ‘nacionales y populares’ luego de una larga alianza con Menem, Cavallo y los privatizadores – así como, ahora, se desviven por “cerrar la grieta”. Más que un resultado electoral, el domingo el régimen político registró un sismo de magnitud, que expresa el nivel de la crisis del sistema.
El Frente para Todos enfrenta, ante este desarrollo, una crisis de magnitud, aunque de un carácter diferente al del macrismo. A fuerza de pregonar “responsabilidad”, se apresta a llegar a acuerdos para frenar la crisis. Está forzado, en definitiva, a ‘traicionar’ al electorado. Un aspecto, el decisivo, de la crisis que se ha desatado, es la modificación que introduzca entre la coalición kirchnerista, de un lado, y el electorado que le ha dado un apoyo abrumador.
Las tareas que plantea esta crisis son:
Ninguna transa al margen del pueblo; Ruptura con el FMI; Por una Constituyente libre y soberana; Por un aumento general de salarios y jubilaciones; por un salario mínimo igual al costo de la canasta familiar, por el 82% móvil de las jubilaciones; Por un Congreso de Trabajadores de los sindicatos y agrupaciones clasistas y anti-burocráticas, para votar un programa obrero.