Más de lo mismo en los anuncios económicos de Lacunza y Sandleris pero el flamante ministro de Hacienda se sumó a la teoría Macri enojado del lunes pos-paso de responsabilizar al resultado electoral por la incertidumbre que se expresa en el mercado cambiario y se anotó en el grupo de funcionarios que desde la Casa Rosada en lugar de gobernar, es decir ser oficialistas, hacen oposición a la oposición.

Martes, 20 de agosto. Los anuncios formulados esta mañana antes de la apertura de los mercados por Hernán Lacunza, el flamante ministro de Hacienda de la Nación y el presidente del Banco Central se reducen a la decisión de sostener el valor del peso y combatir eventuales corridas cambiarias. No hace falta detenerse en el análisis fino de los anticipos para afirmar que se sostienen en las recetas monetaristas que se vienen aplicando desde 2015. La ideología está primando sobre la realidad.
Guido Sandleris no se puso colorado al reafirmar la decisión de combatir la inflación secando la plaza de pesos, es decir con menos consumo. Se mantiene firme, así,  en la tesis monetarista clásica de que  la inflación argentina es consecuencia del déficit fiscal y la oferta monetaria. No se asume que en la Argentina, el problema inflacionario es originado sobre todo por la insuficiencia de la oferta de bienes y servicios del mercado, que el drama de la economía argentina es la falta de inversión pública y privada que produzca bienes y servicios y facilite su circulación.  Es cierto que el déficit y la emisión monetaria son factores que retroalimentan el problema, pero son efectos. Son la fiebre que alerta sobre la existencia de una enfermedad.
Mientras no se asuma que la economía argentina es cada vez más pequeña y tiene un mercado concentrado, oligopólico y cartelizado, no podrá entenderse que los precios en la Argentina no  son tanto fenómeno económico cuanto político.  No están determinados tanto o tan sólo por los costos, la oferta o la demanda, sino más bien por las relaciones de fuerza y los acuerdos entre los grandes actores del mercado entre sí y con el Estado.
Sostener la lucha contra la  inflación vía restricción monetaria y control cambiario genera una pérdida de competitividad artificial para la economía real, alienta y acrecienta la bicicleta financiera y desalienta la inversión real.
Resumiendo los anuncios, digamos técnicos de Lacunza, estuvieron centrados en afirmar que el objetivo primordial de su gestión es garantizar el tipo de cambio, que estima está largamente por encima de su valor de equilibrio, por lo que no ve razones para que aumente la cotización de la divisa, y que con el FMI insistirán en tener una política fiscal consistente. Con Sandleris adelantaron la decisión de intervenir en el mercado cambiario para sostener al peso.
Corolario 1: no hubo anuncios referidos a la inversión, al contrario ratificaron el camino que reduce el consumo, es decir que, no se resuelve una de las causas de la inflación, que es el problema de la oferta.  Corolario 2: el  déficit cuasifiscal seguirá incrementándose.

La versión Macri enojado
Pero Lacunza, que dicen es un economista con suficientes antecedentes, más que un técnico mostró su lado político.
En los papeles -que livianamente dijo haber perdido un rato antes de sentarse a dar los anuncios en el Palacio de Hacienda- tenía un guión que siguió sin disimulos. Es el iniciado en la mañana del lunes pos-paso por la versión Macri enojado: responsabilizar a la gente por el resultado electoral y a descargar en la oposición la responsabilidad de sostener un clima de estabilidad en el país.  “Más importante que lo que pueda hacer el gobierno es lo que pueda decir la oposición”, dijo textualmente el ministro Lacunza para agregar que “el proceso electoral no es indiferente a la estabilidad cambiaria”. Es decir que el pronunciamiento popular en las primarias del 11-A que rechazó  las políticas neoliberales que aumentaron la pobreza a niveles de indigencia, la desocupación, el cierre de pymes, la caída del salario real y el desfinanciamiento de la educación y la salud pública,  y que son determinantes en el quiebre de la sociedad con Mauricio Macri, para Lacunza, son responsables de la corrida cambiaria. Y el responsable de sostener un clima de estabilidad es Alberto Frnández por haber ganado las elecciones tan contundentemente. Desde esta perspectiva, Lacunza es más que el sobrio Nicolás Dujovne, que sólo se había animado a decir en Washington que nunca antes en la historia de la Argentina se había realizado un transferencia de ingresos del trabajo al capital sin que cayera el gobierno.