La UCR ganó en Mendoza centrando el debate en la cuestión provincial. No es que Rodolfo Suárez haya negado a Mauricio Macri, sino que rescató la herencia demócrata de la autonomía mendocina. Opuestamente, el peronismo sometió su campaña a las expectativas nacionales bajo el precepto ninguna provincia se salva sola. Esa concepción de totalidad es la que está en crisis y no terminan de digerir los partidos nacionales. El gesto de Alberto Fernández de mostrarse con gobernadores fue rechazado por los mendocinos. Tampoco alcanzó con la foto de Anabel Sagasti con Cristina Kirchner.

Lunes, 30 de septiembre2019. Las elecciones celebradas ayer en Mendoza tienen varias lecturas, pero desde Misiones interesa resaltar la consagración del candidato de la UCR que instaló en el debate la contradicción Nación – Provincia como fundamental. No es que haya escondido a Mauricio Macri como se dice livianamente, sencillamente lo sacó de la discusión. En Mendoza se ponían en juego cuestiones propias de la provincia. Allá no se habla de “mendocismo”, pero el concepto remite a los años de hegemonía del Partido Demócrata, los “Gansos” que no respondían a los partidos de Buenos Aires para diseñar el desarrollo de la provincia.
Desde los diarios locales se habla de la “isla radical que resistió el “asedio” peronista. Más precisamente del “asedio” de la concepción totalizadora del PJ. Entre los sinónimos de “asediar” utilizado por Carlos Salvador La Rosa en Los Andes, encontramos coaccionar. Es precisamente la estrategia seguida por el Frente de Todos que desembarcó en Mendoza después de ganar las Paso. El acto de Alberto Fernández con los gobernadores realizado al pie de la cordillera, nacionalizó de facto el debate. Que llegue gente de Buenos Aires a decirnos lo que debemos hacer, lo que debemos elegir “a los mendocinos no nos gusta”, señalan los medios de esa provincia.
Rodolfo Suárez se consagró con el 51,6% de los votos hablando de Mendoza mientras el gobernador y presidente del Comité Nacional de la UCR, Alfredo Cornejo blindaba la provincia para despegarse de la Casa Rosada, pero fundamentalmente de los mandatos de Buenos Aires. En el ritual de los festejos fue clarísimo al subrayar que nadie, “nadie”, reiteró, de afuera puede arrogarse el triunfo. Fue un triunfo del partido mendocino, ni de Macri ni de la Alianza Juntos por el Cambio. Provincialismo puro.
La concepción de “totalidad”
Opuestamente, el peronismo estableció como eje, la discusión nacional: “ninguna provincia se salva sola”. Desliza la concepción de totalidad propia de los grandes partidos del siglo XX que no terminan de digerir la crisis de representación del 2001, y es la que está sin resolverse en la crisis del peronismo de Mendoza. Venía bien, con dos gobernadores seguidos, Celso Jaque y Francisco Pérez cuando en 2015, la interferencia de la entonces presidenta Cristina Kirchner en el armado de las listas de candidatos, hizo explotar la unidad del partido en la provincia. La pretensión de imponer candidatos de La Cámpora deshizo el tejido de los acuerdos internos en una provincia en la que los intendentes gravitan en la toma de decisiones partidarias.
Desde Misiones, como en todo el país, se recuerda el desaguisado no sólo porque el peronismo perdió la Gobernación, sino porque la furia de Cristina con el cierre de listas de los candidatos de Mendoza y por Mendoza que no respondían a la órdenes del Partido en Buenos Aires o más bien en la Casa Rosada. Como los mendocinos no aceptaron mansamente que La Cámpora cope todas las listas de legisladores, terminó echando del Gobierno al histórico operador del PJ, Juan Carlos, el Chueco, Mazzón que, como mendocino entendía la lógica de la política mendocina. Desde el gobierno de Néstor Kirchner ocupaba el cargo de Coordinador de Asuntos Políticos de la Presidencia, aunque en la práctica era el articulador entre los gobernadores y dirigentes del peronismo tradicional con el Gobierno. Mazzón, que había realizado las mismas tareas de “rosca” desde los años de Menem, según se escribió después desde el interior del peronismo, soportó en silencio y con las espaldas de Néstor las permanentes intrigas de Carlos Zannini, el verdadero ideólogo del cristinismo como etapa superadora del peronismo. Pero muerto Néstor Kirchner, “El Chueco”, quedó a la intemperie. Pero no se trataba sólo de afinidades ideológicas. Cristina, ante la rebelión de los mendocinos, evaluó que era necesario mandar un mensaje disciplinador fulminante al peronismo, ante el riesgo cierto que lo mismo que ocurrió en Mendoza suceda en el resto de las provincias. Entonces, el despido de Mazzón fue tomado como una bomba en el peronismo de todas las provincias porque era el último peronista tradicional que quedaba el gabinete. Mazzón se murió a los pocos meses de un paro cardíaco.
Con la foto no alcanza
Dos actitudes, dos resultados. Por un lado, cuando se difundió como bulling en las redes una foto del candidato de la UCR abrazado a Macri, Suárez salió a desmentir y denunciar el montaje como campaña sucia. Aprovechó la operación para reforzar el discurso “mendocista”. En la otra vereda, el peronismo utilizó la desmentida para burlarse de la negación de su Presidente. No hizo más que reforzar su abordaje nacionalizado del debate. Criticar a Macri, elogiar a Alberto Fernández y mostrar a la candidata, Anabel Fernández Sagasti abrazada a Cristina, para reforzar no sólo lo nacional, sino su pertenencia a La Cámpora.
Evidentemente, con la foto no alcanza.