Sólo en la síntesis dialéctica de las seis voces que tuvieron anoche micrófono en el debate presidencial se puede entender el aporte político y democrático. Macri repitiendo el libreto de las marcha del “sí, se puede” o Alberto F. resumiendo su discurso de campaña no aportaron nada diferente a los que vienen diciendo, pero cobra su real significación nacional y popular en el escenario del debate, reforzado por la mirada económica de Lavagna, la ultraconservadora y militarista de Gómez Centurión y los relatos utópicos del liberalismo y el socialismo. Los muertos en Ecuador por la rebelión y el homenaje impuesto por del Caño al pueblo, como las acusaciones contra Sergio Massa y los gobernadores que votaron todo, descubre el sentido democrático de la actitud colaborativa. Críticas a los progres que exacerban la calle, cuando los muertos los pone el pueblo.

Lunes 14 de octubre 2019. Sólo en la síntesis dialéctica de las seis voces que tuvieron anoche micrófono en el debate presidencial se puede entender el aporte político y democrático de obligar a los candidatos a exponer juntos en el mismo escenario sus proyectos y sus contrastes.
Desde anoche, ni bien terminada la contienda abundan interpretaciones que al enfocarse en el rendimiento personal de uno, se pierde la mirada más abarcadora o universal de la ubicación en el arco ideológico que sustenta cada proyecto. La mayoría de los análisis que se difunden a través de los medios hegemónicos y los alternativos que tienen inserción al menos en la burbuja de la dirigencia, cayeron en el abordaje de la grieta.
Clarín: “En un debate sin propuestas, Macri defendió su gestión y Alberto F. decidió atacarlo”.
La Nación: “Macri y Fernández polarizaron un debate cargado de acusaciones”.
Página 12: “Las dos caras del debate”. Tuvo sus momentos más fuertes en los cruces entre Mauricio Macri y Alberto Fernández”.
Ámbito: “Debate: más polarización y sin sorpresas (poca economía).
Lapolíticaonline: “Fernández sacó ventaja en el primer debate, ante un Macri bastante entero”.
LetraP: “Con tono durísimo, Fernández le ganó el primer duelo a Macri”.
Laizquierdadiario: “Debate presidencial: Del Caño se plantó contra Macri y las falsas promesas de Alberto”.
Y se puede seguir. Este abordaje polarizado del análisis del debate suma declaraciones de los adherentes a los seis frentes que compiten por la Presidencia el 27 de octubre. Estos se quedan en las exposiciones de sus candidatos y todos se sienten ganadores porque se quedan en el cumplimiento de los libretos de cada uno.
Todos además se quejan por el formato del debate, que dicen no es debate sino meras exposiciones. Se olvidan que el esquema responde a una ley que aplican fríamente y sin conciencia política y lo más descomprometido posible los dos jueces de la Cámara Nacional Electoral, pero con el consenso de los equipos de campaña de los seis postulantes.
De todos modos, con esas limitaciones que no pueden esconder la intención de limitar los enfrentamientos, quizá por temor a los desbordes en los cruces o quizá por temor a la verdad, hubo debate más allá de que el formato ayude a cada candidato a reforzar sus discursos de campaña.
Por eso el acontecimiento político pasa por la síntesis dialéctica de las seis cosmovisiones expuestas con precisión por cada candidato a pesar del poco tiempo disponible y la lógica de la televisión que obliga a resumir y a dar por hecho cuestiones básicas que son sustento de los discursos pero que quedan subyacentes, diríamos debajo de la superficie como sustento de los proyectos.
En la vereda opuesta a los compañeros periodistas que se lamentaron por la existencia de “tantos” candidatos, consideramos que es precisamente lo que enriqueció el debate.
Nicolás del Caño y José Luis Espert fueron fundamentales para enriquecer, desde sus posiciones utópicas, el posicionamiento de los sustentos filosóficos y políticos de los otros cuatro frentes. Son las expresiones políticas vivas en sectores de la sociedad que no renuncian a los grandes relatos que dan sentido teleológico a una filosofía de la historia. El comunismo y el liberalismo constituyen grandes relatos que buscan ordenar la infinidad de acontecimientos. Desde sus lógicas respectivas, Espert y del Caño, diríamos que encuadraron los límites de los proyectos enunciados por todos los candidatos.
Espert, con su liberalismo extremo corre a Macri, no de la derecha, sino de cualquier sustento académico de su gestión y desnuda la ausencia de sentido histórico, de construcción de un proyecto nacional cuando también le cuestiona lo errático de su política exterior, por la falta de conexión con la lógica del liberalismo. El Gobierno de Macri no sería entonces “neo-liberal” desde el sentido filosófico sino “neo-liberal” como expresión del gobierno del poder financiero.
Estas apreciaciones de Espert que al mismo tiempo abomina la política exterior del kirchnerismo le dio más fuerza a los argumentos de Fernández y Lavagna al desocultar el alineamiento colonial del gobierno de Macri. Es más sutil que la fuerte calificación de “lame botas” de Trump que utilizó del Caño apelando a la famosa frase de Fidel Castro.
No vamos a abundar aquí en las palabras de Fernández cuando en sus dos minutos iniciales y después en los cruces a la liviandad de los conceptos de Macri definió con precisión los lineamientos de su política exterior que tendrá sustento en la doctrinaria unión de los países del Mercosur y del continente, sin descartar relaciones multilaterales con todos los bloques y países del mundo.
Precisamente fue uno de los temas que utilizó del Caño para acorralar a Fernández en las contradicciones que existen en la política exterior que inevitablemente generan tensiones entre las imposiciones del Imperio y del FMI y los intereses nacionales. Radicalizó las posiciones al rendir homenaje al “hermano pueblo de Ecuador, que con su levantamiento nos está dando un ejemplo de dignidad y de lucha”. Del Caño rescató las lecciones que salen de ese país y su relación con el FMI para encuadrar las contradicciones del proyecto de Fernández al considerar que es imposible estar del lado de las grandes mayorías y comprometerse a reconocer y pagar la deuda con el Fondo. Estableció también diferencias cuando dedicó un bloque de 30 segundos para imponer un momento de silencio en homenaje a “los trabajadores, indígenas y campesinos en lucha en Ecuador”.
Vale destacar que en la noche del domingo, mientras se realizaba el debate, Lenin Moreno anunció la derogación del paquetazo del FMI tras 12 días de movilizaciones callejeras y una violenta represión. Con la mediación de la ONU y la Conferencia Episcopal, se anunció el acuerdo al que se había llegado entre el Gobierno y las direcciones de los movimientos indígenas, con la Confederación de Nacionalidades Indígenas (CONAIE) a la cabeza. Hay datos que son reveladores para entender los procesos democráticos en América Latina. Primero, la presencia de la Iglesia que como garante del acuerdo. Segundo, que Moreno responsabilizó a Rafael Correa y a Nicolás Maduro de la profunda crisis y tercero que esa misma acusación contra Correa fue avalada por Jaime Vargas, presidente de la Confederación quien además pidió que sea “perseguido” por la Justicia.
Pero la reflexión que hizo otro dirigente de la CONAIE, Abelardo Granda, es la gran lección: “¿Y las muertes de la represión de Lenin quién las paga? Mediante un decreto se puede recuperar al país, pero no a la vida”.
Adelantándose a estas reflexiones, anoche, mientras seguía el desarrollo del debate, el dirigente sindical y preso político durante los ocho años de la dictadura de Videla y Martínez de Hoz, Aníbal Velázquez, envió un mensaje a un grupo de militantes renovadores para rescatar la decisión de la conducción en 2015 de asumir una posición colaborativa y de sostén de las instituciones republicanas con el consigna gobernabilidad con gobernabilidad se paga. La crisis terminal que deja Macri habilita hoy las denuncias de “cómplices”, que al ser uno de los ejes del discurso de campaña de la izquierda le da su real significación. Sostiene el dirigente misionero que del Caño, al imponer la solidaridad con el pueblo ecuatoriano descubre la miserabilidad de los progres que hacen grandes discursos y se van en gestualidades de oposición extrema. “¿Qué querían –subraya- ganar la calle votando todo en contra? Sabemos que los muertos y la cárcel los pone el pueblo. Encuadra así la estrategia del Caño que encuentra en la unidad del peronismo, al que se suman Sergio Massa, y los gobernadores “que le votaron todo a Macri”, como una hipocresía. Hipocresía para los que vienen por todo, pero se resguardan en el “animémonos y vayan”.
Esta línea de análisis del debate presidencial rescata entonces el todo, que fueron las seis voces en el mismo espacio, exponiendo cada una su propia cosmovisión del mundo, como superior a la suma de las partes. Uno se reconoce también en las diferencias con el Otro. Macri repitiendo el libreto de las marcha del sí o Alberto F. resumiendo por enésima vez su proyecto nacional y popular, no aportaron nada diferente a los que vienen diciendo en sus actos, pero cobran en el escenario del debate, reforzado por la mirada económica de Lavagna, y la ultraconservadora y militarista de Gómez Centurión, y los relatos utópicos del liberalismo y el socialismo, una dimensión más adecuada.
Se entiende así el sentido y las tradiciones de los movimientos nacionales y populares que desde hace un siglo disputan al poder neocolonial el proyecto de país.
Argentina, como toda América del Sur, víctima del colonialismo europeo, nunca tuvo una ontología fuerte como los relatos filosóficos europeos, que encarnan ideológicamente Espert y del Caño. El peronismo, como yirgoyenismo son herederos de las luchas de los caudillos de las provincias derrotados por la modernidad porteña. Los movimientos populares son la herencia de aquellas construcciones nacionales diferenciados de los relatos universales de la emancipación. Opusieron un humanismo que, en su práctica, no se ve alterado por las tensiones entre la libertad y la justicia social que han desarrollado innumerables tratados en la academia desde una visión eurocentrista.
Si anoche Macri quedó expuesto a sus mentiras, Alberto al ser atacado, no por las chicanas del Presidente, sino por las prédicas filosóficas de los dos grandes relatos de emancipación que fueron elaborados en Europa en el siglo XIX, no hizo más que potenciar la significación del proyecto nacional y popular que encarna.

debate presidencial 13 octubre 2019 3 foto perfil