El Golpe de Estado en Bolivia resignifica el escenario político en América Latina y en nuestro país. Mientras el Grupo de Puebla, que reunió en Buenos Aires al progresismo del continente, diseñaba un futuro esperanzador lo peor del pasado latinoamericano se coló por la ventana. ¿Qué posibilidades tiene el progresismo en este contexto? ¿Cuáles son los límites del reformismo? Alberto F. hoy está más aislado que ayer. El Golpe duele y desalienta. Lo dijo García Márquez allá por los 60: “las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”.

Lunes, 11 de noviembre de 2019. El golpe de Estado en Bolivia resignifica el escenario político en América Latina y consecuentemente en nuestro país.
El panorama internacional para Alberto Fernández no es tan alentador como aparecía ya desde las Paso. El Golpe en Bolivia disminuyó la sombra progresista que proyectaba en el continente el retorno de Cristina y la liberación de Lula.
La reunión realizada en Buenos Aires por el Grupo de Puebla perdió en horas su densidad simbólica. Los líderes del progresismo latinoamericano hablaban del presente, de un futuro esperanzador y de tendencias, cuando irrumpió por la ventana lo peor del pasado latinoamericano.
El único hilo conductor que tiene la rebelión popular en Chile con las hordas fascistas de Bolivia es la crisis orgánica del capitalismo que ya ha roto lazos con la democracia. Es el pueblo el que dice basta a las políticas neoliberales en un país y cruzando la frontera es el pueblo que se vuelve contra el hermano alentado por el acceso al consumo y a una forma de vida que les es ajena.
¿Qué posibilidades tiene el progresismo en este contexto? ¿Puede construir alternativas que sirvan de anclaje a las demandas anarquizadas? ¿Cuáles son los límites del reformismo?
Al momento de escribirse esta nota, el concierto de naciones no daba cuenta del Golpe ni del destino de los líderes ni el pueblo boliviano. Las pocas repercusiones en Estados Unidos y en Europa, hablan del tirano y que estaba prófugo después de intentar perpetuarse en el poder a través de un fraude electoral escandaloso. Hay una mirada prejuiciosa e interesada de la civilizada Europa sobre América Latina.
“El tirano prófugo” es cierto remite a Perón. Pero 60 años después más que instalar el mito del retorno de Evo (si es que no lo matan en las próximas horas) o el mito de la resistencia, lo que traduce es la existencia de un círculo perverso, un laberinto sin salida en nuestros países. El gobierno Evo no pudo ser mejor para su pueblo, pero sin embargo, el odio, el racismo, lo peor del ser humano estaba intacto y afloró en la superficie. No es responsabilidad de las derechas, ni de la Embajada, ni de los medios. García Linera venía martillando sobre la colonización de las subjetividades y la paradoja del éxito de las políticas de movilidad social. Paradoja porque el mismo sujeto que salió de pobre se vuelve el verdugo del gobierno que le dio la mano.
“Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos ( o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonio acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra. García Márquez ya lo había adelantado allá por los años 60 del siglo XX.