Sobre la Guerra de las galaxias en Posadas.

En 2010 el escritor argentino Juan José Becerra (Junín, 1965) opinó que el 3D de Avatar y James Cameron era la intrusión de un campo en otro, una especie de ataque aéreo, una basura en la pupila, un piquete de ojos, en el cual “la proeza óptica reemplaza al relato.”
La llegada del 3D generó como esa pandemia paranoica que hubo con la aparición de los realitys cuando muchos pensaron que la ficción se iba a extinguir. Pero no.
Cuando la escena parece más un recurso, por ejemplo en una estampida, como pasa en El libro de la selva y en El señor de los anillos, el efecto parece prevalecer a la historia, la escena puede no estar adecuada al producto entero, es decir descolgada, forzada, y sin embargo funcionar por el poder de la tecnología y la sensación de cercanía. Todo lo que se venga para adelante es ideal para ser proyectado en 3D: lo que mejor sirven son aludes, explosiones y catástrofes, guerras, sobre todo si son intergalácticas, y ciencia ficción.
“Esta sala es más grande y más moderna que la de Buenos Aires” había afirmado el Director de Ventas de Warner Argentina y Fox, cuando se inauguró el cine 3D del Parque del Conocimiento. “La verdad que es mucho más grande de lo que pensábamos” había reconocido Gabriel Vega, Programador Senior de Warner y Fox, al ingresar a la sala en el momento en que se proyectaba la película Batman Lego. Tan solo existe otro cine similar al del Parque del Conocimiento, en Buenos Aires, pero “la de Misiones tiene mejor tecnología y las dimensiones son mayores, tanto en la sala como en el edificio en general.”
El 2019 el IMAX del Conocimiento lo despide con Star Wars El Ascenso de Skywalker. El episodio que es, supuestamente, el final de la saga. J.J. Abrams, el de Lost, decidió meterse como co-escritor y productor y darle un cierre a las ocho películas precedentes, poniendo fin a una historia que comenzó hace cuarenta y dos años.
El prestreno del episodio IX fue en simultáneo con las grandes salas del mundo.
La planta baja del Imax del Conocimiento estaba copada por aficionados, coleccionistas de muñecos, estatuas, máscaras, figuras, y todo el acerbo de merchandising, fanáticos y cosplayers (aquellos que rinden culto a un personaje disfrazados con accesorios y trajes) y niños maravillados ante la presencia de estos personajes caracterizados de la película. Incluso vino un grupo del Star Wars Fan Club de Paraguay con trajes homologados por organizaciones mundiales de Star Wars, ambas reconocidas por Disney World. El artista plástico OMi Iñones creó un robot de BB-8 que cuenta con un sistema de movimiento, sonido y se desplaza por control remoto.
Los Grillitos Sinfónicos interpretaron la banda sonora de la película con una puesta en escena de 45 jóvenes músicos, y la Orquesta del Parque del Conocimiento interpretó las emblemáticas canciones (famosa música de John Williams) de la saga en el hall de entrada del cine durante el intervalo de las funciones.
Tal vez más importante que el producto en sí es el fenómeno social que genera. El fenómeno de este estreno mundial se potencia por la intervención de producciones misioneras, en una clara demostración de provincianismo global y cosmopolitismo, el poder de lo glocal. Este suceso mundial generó el despertar de la fuerza local y suscitó una mirada nueva, desde nuestra perspectiva. Una intervención inteligente que confronta el estatismo de la mera exposición. El éxito universal y el plus de lo regional.
La saga supuestamente termina. Como escribió Roland Barthes, hablando del discurso amoroso: ¿Qué es un héroe? Aquel que tiene la última réplica. ¿Se ha visto alguna vez un héroe que no hable antes de morir?