La estrategia de la boleta corta para consagrar representantes que constituyan una fuerza provincialista en el Congreso no esperó mucho tiempo en ser reivindicada. Hay datos de la realidad política. La senadora mendocina ultra K y protegida de CFK no dudó en sacarse una foto con el gobernador JxC y desafiar al Presidente cuando hubo tensión entre derechos provinciales y nacionales y en la toma de decisiones. Verna de La Pampa, que se jacta de haber unido al peronismo fue duro en defender intereses de su provincia: “antes nos cagaba Macri ahora un compañero”. Desde enero había proyectos para expropiar Vicentín. En lugar de llegar al DNU por clamor de productores, sindicatos y cooperativistas y en darle la iniciativa al Gobernador de Santa Fe, el método de imponer desde Buenos Aires terminó perdiendo la calle. Y el peronismo sin la calle pierde su esencia.

Lunes 22 de junio de 2020. Los acontecimientos políticos nacionales de los últimos días pusieron sobre la superficie el valor estratégico de la boleta corta de la Renovación en las elecciones nacionales del año pasado. No hace falta que la historia absuelva a nadie, pero ya en los primeros cien días del Gobierno del Frente de Todos quedó claro que Carlos Rovira tenía razón. Misiones debía consagrar representantes que institucionalmente se constituyan con fuerza en el Congreso de la Nación en defensa de los intereses de Misiones y que inviertan la lógica de la toma de decisiones de la Casa Rosada.
Leemos sobre los últimos acontecimientos políticos y asociamos:

Una ultra K votando como boleta corta

En medios de los dos lados de la griete leemos: “la senadora nacional del FdT, Anabel Fernández Sagasti se encolumnó detrás del gobernador de Mendoza y no dudó en desafiar a Alberto Fernández al confirmar su apoyo rotundo al avance de la represa hidroeléctrica Portezuelo del Viento cuando el Presidente anunció que dejaba de financiar la obra dando lugar a los reclamos de las provincias.
Fernández Sagasti no es una senadora cualquiera. Es una de las protegidas por CFK. Expresa al kirchnerismo fallido de Mendoza, una provincia con características conservadoras y una sociedad que no termina de encajar en los modelos agonales que el kirchnerismo intenta trasladar a todo el territorio desde la centralidad del poder. El peronismo viene perdiendo elecciones en Mendoza desde que en 2015, desde Buenos Aires, se desautorizaran los acuerdos tejidos con la dirigencia local por el recordado Chueco Mazzón. Después de la última derrota por 15 puntos, el PJ local se justificaba: “Suárez logró provincializar las elecciones y nosotros jugamos todo a la fórmula FyF”.
Hoy, la foto de Sagasti con el gobernador Rodolfo Suárez (foto) es más que simbólica.
Tiene gravitación política en el contexto. Posó ante la cámara dos días después del anuncio del Presidente desde La Pampa.
Leemos también un día antes de su arribo a Santa Rosa: “Verna, duro contra Alberto Fernández: Antes nos cagaba Macri, ahora nos cagó un compañero. El exgobernador de La Pampa se enojó con el Presidente porque mantiene la financiación de la construcción de la represa hidroeléctrica Portezuelo del Viento sobre el río Grande”.
La cuestión aquí para el análisis no es la polémica o la viabilidad de la represa, sino la tensión entre las provincias y de las dos provincias con la nación. Desnuda los límites en la toma de decisiones centralizadas, digamos metafóricamente, desde Instituto Patria.
Fernández Sagasti es del FdT, “un cuadro” (para utilizar la jerga) del proyecto del trasvasamiento del kirchnerismo a La Cámpora. Sin embargo no tuvo más que jugarse como si hubiera sido electa con boleta corta.
De su parte Verna se jacta de haber sido prenda de unión del peronismo en el orden nacional. Pero cuando llega el momento juega como representante de boleta corta.

Boleta corta en Vicentín

Horacio Verbitsky en el Cohete a la Luna al hacer referencia a la intervención de Vicentín decidida por DNU del Presidente, no duda en considerar que hubo “insuficiente abogacía con que el gobierno dispuso la intervención de Vicentin, a cuenta de una expropiación cuyo proyecto no se había presentado, la ausencia de articulación política, gremial y empresarial en apoyo de la medida y la falta de una estrategia de comunicación, que favorecieron la decisión del juez provincial de reponer a los administradores del concurso y limitar a la intervención al rol de veedores controladores”.
Las urgencias en los plazos por el riesgo al desguace de la empresa no son argumentos consistentes para justificar el DNU por el que se decide la intervención. Y es así porque ese riesgo se conocía al menos desde enero. ¿Cuántas veces escuchamos a Claudio Lozano, desde el directorio del Banco Nación denunciando el fraude?
Además leemos también en el sitio Diagonales de La Plata que el senador provincial del Frente de Todos, Francisco “Paco” Durañona, quien ya en enero impulsaba la intervención de la empresa Vicentín. “Fuimos promotores de esta iniciativa a principios de enero cuando salió a la luz el crédito absolutamente fraudulento que le otorgó Mauricio Macri a la empresa Vicentin”.
Otra vez, no se trata de poner en análisis la cuestión Vicentín, sino el método en la toma de decisiones.
Verbitsky lo dice: “La ausencia de articulación política, gremial y empresarial en apoyo de la medida y la falta de una estrategia de comunicación…”. Precisamente esa falta de articulación pareciera estar en el ADN del peronismo. Tiene que ver con la concepción de la revolución desde arriba. Fue el método de Néstor, quizá por el contexto histórico que obligaba a reconstruir el poder regulador del Estado. Alberto Fernández sabe que las relaciones de fuerza hoy son diferentes. No fueron casuales los ejes de su campaña: gobernaré con los gobernadores y es necesario un Consejo Económico y Social para lograr consensos.
Si en enero ya existía la iniciativa de intervenir y expropiar, los nuevos tiempos exigían a la Casa Rosada a trabajar esos consensos antes del DNU. Mover a los pequeños productores estafados por los ceos, mover al sindicato, mover a las confederaciones de cooperativas, darle la iniciativa al gobernador santafesino y llegar al DNU por clamor de la calle. Era coherente con la estrategia de la boleta corta.

El peronismo pierde la calle

Encerrado por la cuarentena y la responsabilidad de contener la propagación del virus pandémico para que no colapse el sistema de Salud, el Gobierno ha perdido la calle.
Paradojalmente, es la derecha la que apela a las movilizaciones. Banderazos y cacerolas desalojan al campo popular de la plaza y el obelisco, que son símbolos de las sublevaciones de los pueblos y escenarios de la extensión de la lucha de clases.
Leemos y asociamos a Manuella Libardi, periodista brasileña que en Nueva Sociedad caracteriza la diferencia de la resiliencia de los negros en Estados Unidos de la anomia en Brasil.
Brevemente: “El crimen de George Floyd volvió a poner la cuestión del racismo en el centro del debate público. Pero no se trata solo de Estados Unidos. En Brasil también escalan los crímenes racistas. La realidad racista del país está siendo silenciada y debe ser exhibida. El gran debate de estos días parece girar en torno de si los disturbios, los saqueos y el uso de la violencia pueden ayudar o perjudicar en la lucha por la justicia racial. Estos hechos parecen molestar a la gente mucho más que el tema en cuestión: el asesinato de George Floyd y el racismo sistémico que lo hizo posible.
“La respuesta es compleja, porque la violencia, hasta cierto punto, ha dado poder político a los negros en Estados Unidos, mientras que la no violencia ha mantenido a sus contrapartes brasileñas ocultas, escondidas y en gran medida ignoradas… Estados Unidos pertenece al grupo de naciones que optaron por poner fin a la esclavitud pero segregando a los negros, estableciendo leyes racistas, aunque respaldadas por la Constitución. Por su parte, Brasil adoptó tesis académicas dudosas –que se remontan al siglo XIX, incluso antes de que se prohibiera la esclavitud– que apoyaban el blanqueamiento racial, en un esfuerzo por eliminar los rasgos y genes africanos del acervo genético brasileño mediante el mestizaje… Una táctica llevó a la violencia, disturbios, protestas. La otra, a un país donde grandes grupos de personas a menudo ni siquiera se reconocen como negros o indígenas. El patrimonio de sus tradiciones y costumbres fue incorporado a la sociedad sin dar crédito de manera expresa a la cultura negra y se les negó así el derecho de orgullo por su raza y herencia en la sociedad en general, más allá de sus comunidades. El mestizaje y el mito del daltonismo racial brasileño dio lugar a una población que tiene pocas herramientas para unirse y luchar por sus derechos, en parte porque se les enseñó y condicionó a ignorar la ascendencia negra que corre por sus venas”.
Podría interpretarse que esa ilusión de pertenencia es la que confunde a la clase media de los grandes centros urbanos y las provincias agropexportadoras como Córdoba y Santa Fe.
Alberto F. tiene intelectuales como asesores. A principios de mayo publicaron un libro que recopila la opinión de varios autores y se llama: “El futuro después del COVID-19”.
En Avellaneda, ahí donde Vicentín levantó su emporio, ni el juez de Reconquista lo leyeron.
Algo falla. Con el Instituto Patria no alcanza. La calle, la plaza y el territorio siguen siendo imprescindibles para que la crisis y el resquebrajamiento objetivo de la hegemonía neoliberal no sea un mero momento de transición. La crisis no se supera automáticamente, el cambio estructural demanda la articulación de la lucha política.
También leímos en Paco Urondo que “es tan imprescindible contar con una base popular que esté en la calle luchando y en los territorios militando como con una “mayoría silenciosa” que se parezca a la línea política promovida por el Estado, se reconozca en él y acompañe las decisiones de sus representantes. Esto nos conduce a un tema esencial: cuando nos referimos a una estrategia populista, nos quedamos con sus dos conceptos centrales, que son el antagonismo y la hegemonía, pero a menudo olvidamos que ningún pueblo se construye únicamente cabalgando conflictos y que para que una política emancipatoria coloque los cimientos de su propia durabilidad es menester, a la vez, avizorar los horizontes de superación de esos conflictos. De lo contrario iremos perdiendo intensidad y representación política, hasta el punto de ver cómo todo el frente se desarma en mil pedazos”.