El trasfondo de los incendios forestales no son naturales. No es sólo la sequía. Es la ambición desmedida de –otra vez- pequeños grupos de personas decididas a hacer crecer sus patrimonios sin contemplar las consecuencias.


¿Viste el humo, no? Se incendia nuestra patria grande y solo un puñado de ambientalistas se lamenta y advierte, grita y se conmueve por el eco-homicidio que nos está afectando. Si fueran las catedrales francesas de Notre Dame de París –en abril de 2019- o la gótica San Pedro y San Pablo de Nantes –julio de 2020- el escándalo nuevamente sería internacional.
Y no es que la cultura religiosa importe más que la naturaleza. ¿O quizás si?
Pero veamos: el trasfondo de estos incendios no son naturales. No es sólo la sequía. Es la ambición desmedida de –otra vez- pequeños grupos de personas decididas a hacer crecer sus patrimonios sin contemplar las consecuencias.
Si, son empresarios que incendian sin miramientos ni éticos ni ambientales, pensando en sus desarrollos inmobiliarios en algunos casos o también, el agronegocio, la ganadería extensiva, el extractivismo de los recursos naturales para la expansión del monocultivo que sustenta los modelos agroexportadores.
¿Viste el humo, no? Es la materialización visual del capitalismo salvaje vernáculo que también sobre la tierra, sobre la naturaleza, sostiene a cualquier precio su brutal modelo económico donde lucrar, ganar, es la única premisa.
Enfrente, nos conmueven con el aguará guazú del chaco argentino, que terminó pidiendo refugio en el shopping de las afueras de la ciudad de Resistencia, corrido por las llamas.
Casi todos los departamentos paraguayos están afectados por el fuego.
La patria ganadera brasileña, ubicada en nuestra región, está afectada por el fuego. En la Argentina, al menos 14 provincias están bajo fuego.
En la Argentina, por tercera vez en siete años el Congreso discute un proyecto de ley para definir qué es un humedal y cómo protegerlo y esta vez también intentan frenar la Ley.
Y esta vez, la discusión parlamentaria coincidió con los incendios intencionales que afectaron a más de la mitad de las provincias argentinas.
Paraguay ocupa el cuarto lugar en el mundo como exportador de soja, el primero en exportación de azúcar orgánica y el octavo como productor de carne. Para producir más granos, tener más ganado y lograr mayor zafra cañera, necesitan cada vez más extensiones de tierra y para ello necesitan eliminar bosques y apropiarse de las parcelas de los campesinos. No les importa el impacto en la naturaleza ni el despoblamiento del campo con las migraciones humanas que agrandan los cinturones de pobreza en las periferias urbanas.
Cualquier similitud con la Argentina no es casualidad.
En la Argentina, los lobbistas que quieren impedir por ejemplo, la ley de humedales, son productores sojeros, arroceros, forestales y ganaderos, las empresas mineras, los desarrolladores inmobiliarios y varios gobiernos provinciales, de todos los colores políticos.
Los Gobiernos de Corrientes y de Entre Ríos son parte de estos malos ejemplos, argumentando que una eventual Ley de Humedales les impedirá trabajar, producir y hacer dinero.
Los incendios literalmente nos consumen. La población, alimentadas por la prensa capitalista mantiene silencio o desvían la atención sobre pirómanos, campamentistas o cazadores que olvidan fogatas, cuando no a las condiciones climáticas, pero sin mencionar nunca ni al agro negocio ni al negocio inmobiliario.
Estas destrucciones en nuestra región, como en otros lugares pobres del planeta, desatan todos los conflictos ambientales que podamos imaginar y con ello, el deterioro del clima, del planeta, de la vida. También, más pobreza y más enfermedades.
¿Viste el humo, no? Bueno, prestemos atención, porque nos están vendiendo humo.