El domingo asumieron la presidencia del Estado Plurinacional de Bolivia el presidente Luis Arce Catacora y su vicepresidente, David Choquehuanca. Este pronunció un fuerte discurso alejado del tradicional lenguaje político, apelando a virtudes humanas y de hermanamiento entre mortales y la madre naturaleza.

Texto completo del PensaSiento de David Choquehuanca

Jueves 12 de noviembre de 2020. El domingo asumieron la presidencia del Estado Plurinacional de Bolivia el presidente Luis Arce Catacora y su vicepresidente, David Choquehuanca.
Choquehuanca pronunció un fuerte discurso político alejado del tradicional lenguaje político, apelando a virtudes humanas y de hermanamiento entre mortales y la madre naturaleza.
David Choquehuanca, el vicepresidente de Bolivia, al hablar, le pidió permiso a los dioses, a los hermanos mayores y a la Pachamama; a los ancestros, al arco iris y al pueblo, presente y no presente.
Dijo que los pueblos de las culturas milenarias, de la cultura de la vida mantienen sus orígenes heredados de tiempos remotos donde todo está interrelacionado y donde todos, juntos, tengan todo y a nadie le falte nada sostenidos sobre el ayllu , el sistema de organización de vida de todos los seres, de todo lo que existe y que fluye en equilibrio.
Recordó que por siglos, pese a que los cánones civilizatorios fueron destructivos hasta en el pensamiento originario que fue sometido al pensamiento colonial, no lograron apagarlos y permanecen vivos todos los pueblos americanos.
Dijo que Bolivia y el mundo viven una transición que se repite cada 2.000 años, en el marco de la ciclidad de los tiempos, para dar paso al nuevo amanecer de la historia: Un nuevo sol y una nueva expresión en el lenguaje de la vida donde la empatía por el otro o el bien colectivo sustituye al individualismo egoísta.
Donde los bolivianos se miran todos iguales sabiendo que unidos valemos más. No soy yo, somos nosotros, personas que no tienen dueños.
Y propuso promover las coincidencias opositoras para buscar soluciones entre la derecha y la izquierda, entre la rebeldía de los jóvenes y la sabiduría de los abuelos, entre los límites de la ciencia y la naturaleza inquebrantable, entre las minorías creativas y las mayorías tradicionales, entre los enfermos y los sanos, entre los gobernantes y los gobernados, entre el culto liderazgo y el don de servir a los demás.
Porque el cóndor levanta vuelo solo cuando su ala derecha está en perfecto equilibrio con su ala izquierda, premisa brutalmente interrumpida hace siglos.
Pero ahora se abre el tiempo de los hermanos, sin enfrentamiento, en contra de todo tipo de sometimiento y contra el pensamiento único colonial, patriarcal, venga de donde venga.
Es tiempo de encuentro, de la defensa de la cultura sagrada, del pueblo, de los recursos naturales, de las libertades y los derechos, integrados, sobre el respeto a las autoridades, a sus pares, al fuego, a la lluvia, a las montañas, los ríos y a nuestra madre tierra. Es tiempo de respeto a la soberanía de nuestros pueblos, superando la división, el odio, el racismo, la discriminación entre compatriotas, sin persecuciones y sin judicializar la política.
El poder tiene que ser para ayudar y debe circular como la economía se tiene que redistribuir; fluir, así como fluye la sangre, sin impunidad, con justicia independiente, lejos de intolerancia y la humillación de los derechos humanos y de nuestra madre tierra.
El nuevo tiempo significa escuchar el mensaje de nuestros pueblos que viene del fondo de sus corazones, significa sanar heridas, mirarnos con respeto, recuperar la patria, soñar juntos, construir hermandad, armonía, integración, esperanza para garantizar la paz y la felicidad de las nuevas generaciones.
Solo así podremos alcanzar el vivir bien y gobernarnos nosotros mismos.