Las acciones de la economía popular, funcionan. En el barrio La Tablada de Posadas un grupo de mujeres y un varón organizaron una panadería ante la falta de empleo y generaron su propio trabajo. Les permite ingresos “que van mejorando”.

Martes 2 de marzo de 2021 (Prensa del Pays). La gran preocupación es la generación de trabajo, en una economía golpeada por cuatro años de neoliberalismo y uno de pandemia: en el barrio capitalino de La Tablada, diez personas autogeneraron trabajo con el acompañamiento del Partido Agrario y Social.
Hace sólo un mes, nueve mujeres y un varón llevan adelante un emprendimiento que fabrica panificados y que mejora de a poco; comenzaron con poco y ahora producen al menos 30 kilos diarios. Desde la economía popular, las oportunidades aparecen y se consolidan como opción, sobre todo en una provincia con el 50 por ciento de trabajo no registrado, explicó el diputado del Pays, Martín Sereno, también dirigente de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP).
El Progreso de la Tablada, anhelo y nombre del emprendimiento, es el proyecto cooperativo en el que se embarcaron. Cecilia Sanabria, una de ellas, explicó que arrancaron de cero, acordando horarios e inversiones, para desarrollar económicamente a sus familias.
“Nos va muy bien; tenemos muchas expectativas porque nos apoyan; empezamos con algunos pedidos y ahora entregamos 27 kilos de pan y más de 15 kilos de prepizzas”, con la expectativa del crecimiento sostenido
Tuvieron dudas, admite, porque se trata de algo nuevo pero aún así, esfuerzo y dedicación mediante, comenzaron. “A veces nos quedamos sin mercaderías por la demanda, ya que por ahora no podemos producir más. Hacemos todo a mano; amasamos, nos dividimos en grupos y salimos a vender. Todas nos encargamos de empaquetar y vender juntas. Esto implica un gran esfuerzo y dedicación, pero le ponemos ganas”, dice, entusiasmada, la mujer.

“Nos motivan con las compras”
Horacio Barrios es el único varón que por ahora integra El Progreso de La Tablada, espacio desde el que aspiran al crecimiento de sus familias y de la comunidad, desde el aspecto económico. “Somos conocidos del barrio que apostamos a este trabajo colectivo. La gente compra y eso nos entusiasma, porque vendemos toda la producción”, cuenta.
Ahora están abocados a conseguir una amasadora, una refinadora y un horno más, para crecer en cantidad y con más productos.
Ante la falta de empleos formales y para generarse un ingreso dentro del Programa Potenciar Trabajo, donde están incluidas algunas de estas mujeres, el grupo avanzó con la idea que proyectaban desde hace un tiempo. Entre todas juntaron el dinero y compraron un horno.
Daiana Barrios es parte del proyecto. “Empezamos por la terrible desocupación que hay en esta pandemia. Con varias compañeras organizamos el proyecto con la venta de rifas y aportes personales ara los insumos; hace poco más de un mes comenzaron, haciendo lo que sabían: panificados. Y “aprendimos sobre venta”.
La primera semana amasaron 20 kilos y hoy superan los 35, “todo a mano. Para ampliarnos necesitamos maquinaria y en eso estamos; no vamos a aflojar”, dice.
Por ahora trabajan desde una casa particular, mientras proyectan el local de ventas. La producción comienza a la medianoche, en grupos y por turnos. El último arranca a las 5, con el amanecer. Cuando empieza el movimiento del día, ya está todo empaquetado y organizado para la entrega.
Las ventas son a casas particulares y algunos negocios barriales. “Ya tenemos clientes fijos. Estamos muy entusiasmadas porque hacemos un trabajo digno con el que resolvemos la economía de nuestras familias”, Cuenta Daiana Barrios.

“Crecer cada vez más”
Raquel Acosta es otra trabajadora de la economía popular que se sumó al proyecto colectivo y como sus compañeras, colabora desde hace tres años en el merendero donde se alimentan las niñas y niños del barrio.
“Cuando planificamos tener una panadería nos fijamos las prioridades y fuimos por un horno, que es fundamental. Ahora apuntamos a tener todas las herramientas e insumos para mejorar la calidad y la variedad y tener una panadería completa”.
Con capacidad y ganas, “enseguida vendimos la primera producción y aumentamos la cantidad de kilos. Lo que proyectamos supera lo planeado. Nuestro sueño es llegar a tener una panadería con todos los productos que busca la gente: dulces, tortas, chipas y masas finas”, detalló.
Estas nueve mujeres y un hombre que trabajan en conjunto coinciden en que de manera individual no hubieran podido hacer lo que ya lograron en poco más de un mes. “Avanzamos en un trabajo colectivo que nos gusta, nos da orgullo y nos dignifica”, dijo Raquel Acosta.