La periodista Mónica Santos, también militante del Partido Agrario y Social de Misiones, difundió una nota de opinión en la que habla sobre el desalojo de las catorce familias productoras de Fracrán (foto) del predio que ocupaban y recordó, en ese contexto, la repartija de las tierras de Misiones en tiempos de Roca, que hasta hoy permanecen en manos de las familias de aquellos beneficiados. Y del accionar del la Justicia.

Por Mónica Santos

Jueves 1 de julio de 2021. Creo que uno de los mayores problemas que tenemos como comunidad democrática no es la corrupción, ni la falta de convicciones que posibilita la compra-venta de voluntades, ni la autocracia, ni la dependencia donde debería haber independencia, ni la falta de transparencia, ni la Ley de lemas siquiera. El mayor problema, el que posibilita que todos los males de la democracia persistan, es la mala memoria del pueblo.
Hoy, a dos semanas de un desalojo compulsivo, brutal e injusto de 14 familias productoras de Fracrán, medio Misiones se prendió en el discurso de la defensa de la “propiedad privada” y las supuestas usurpaciones de las que acusan a las familias poseedoras de sus chacras que solo tienen boletos de compra venta, como le pasa a 30 mil pequeños productores en Misiones que trabajan las 160 mil hectáreas en esta situación.
Si, son muchos productores y muchas hectáreas, pero el territorio en disputa representa apenas la mitad de las hectáreas que posee y explota Arauco SA, multinacional de capitales chilenos que se quedó con el 10% de nuestro suelo, dato que consigno al solo efecto de graficar la brutal concentración y la marcada inequidad en el acceso a la tierra en nuestra provincia.
Vuelvo a la mala memoria, perdón. Es que tengo tanto para decir sobre el tema que me voy por las ramas.
Mala memoria decía.
Hace apenas un año, o menos, el país entero conoció el caso de doña Sisa que tuve la suerte de ayudar a visibilizar después del excelente trabajo del colega Enrique Ortiz.
Doña Sisa, de 80 años, heredó la chacra de sus padres y vivió toda su vida en esas tierras de Itacaruaré, pero no tenía el título, solo el boleto de compra venta original (ver 30 mil…)
Pero resulta que un escribano muy trucho que ya perdió la matrícula, inventó un poder firmado por un finado, que a la vez le posibilitó a otro personaje la compra supuesta de las cientos de hectáreas a través de dos testaferros. Sí, dos policías que no tenían ni donde caerse muertos pero que de golpe ahorraron los millones para quedarse con las hectáreas. Una jueza penal ordenó el desalojo exprés de doña Sisa, en tiempos récord para la Justicia. El escándalo fue de tal magnitud y las implicancias, tan escandalosas, que todo se tuvo que volver para atrás y sana sana, colita de rana. Nadie más habló del tema y nadie (y me incluyo) siguió escarbando en esa brutal montaña de caca que sin querer, estuvo a la vista de todo el mundo.
A los “defensores de la propiedad privada”, que no ponen en duda el accionar del juez penal en el caso de Fracrán, la poca memoria les hizo olvidar que a veces la justicia se “equivoca”, los títulos se truchan y los dueños pueden ser testaferros.
La mala memoria también nos hace olvidar los orígenes de los grandes latifundios en Misiones en tiempos de Rudecindo Roca, la histórica y actual usurpacion VIP y la apropiación de los mejores lotes por parte de un sector privilegiado de la sociedad. Nos hace olvidar el despojo a comunidades aborígenes (soy tan vieja que hasta me acuerdo del incendio intencional de una Aldea para quedarse con las tierras), los desalojos masivos y el éxodo rural de los 90, cuando los monopolios bajaron tanto los precios de los productos, que en la chacra se pasaba hambre y se vendían las tierras a dos mangos.
Lo que planteo nada tiene que ver con “odio al rico” y resentimiento por el que más tiene. Nada que ver. Soy periodista, conozco los mecanismos y creo que todos debieran estar obligados a explicar el origen de sus fortunas. O las formas en las que se apropiaron del territorio ayer y hoy. O la manera en la que pasaron a integrar el staff de nuevos ricos que se cuelgan el cuentaganado como si descendieran de alguna familia patricia. Y no, apenas eran empleados hace poco.
De hecho, todavía estamos esperando la respuesta al pedido de acceso a la información pública que le hicimos a la EBY para que nos detalle, con documentos, cuáles son los terrenos costeros y de altísimo valor que el anterior director Ejecutivo de la entidad, alto referente de Cambiemos, cedió en comodato a los amigos.
Si, de Cambiemos, los mismos que ahora hablan de la Constitución y la defensa de la propiedad privada y se espantan con un eventual corte de ruta que no fue, después de haber acompañado -muy oportunamente, por cierto-, cuanto corte de ruta hubo en el país y en la provincia desde la 125 para acá, incluidas las marchas antivacunas y anticuarentena.
Claro, el proceso de apropiación no empezó hace cuatro años. No crean que también tengo mala memoria.
Hoy hay 14 familias productoras a la intemperie, porque les destrozaron las casas (¡Con qué necesidad!) y a las que ayer les negaron hasta la posibilidad de ingresar a sus chacras para retirar sus animales, los tirantes y chapas de los galpones de tabaco, las verduras de las huertas. Ni eso para ellos, que hoy no le importan a nadie por pobres, porque una señora muy rica de San Vicente, especialista en tierras ajenas, logró que sus abogados le “convenzan” al juez de que eran intrusos, y porque fue más oportuno para la clase política hacer un escándalo con el audio del único representante legislativo que los está apoyando, porque claro, qué barbaridad que el pobrerío trate de resistir la injusticia y corten la ruta…
En fin, pasan los días y el Gobierno no se hace cargo del tema, no se hace cargo de las familias cuya existencia conocía perfectamente, porque por eso les puso la luz y la escuela. Pasan los días y no conocemos los avances de las soluciones prometidas y la angustia aumenta…
Quienes estamos ayudando a las familias tenemos cada vez más impotencia, y cada vez más bronca en mi caso.
Bronca que siempre canalizo por lo único que sé hacer: seguir contando, llegar al hueso.
Por favor, no tengamos mala memoria. No nos olvidemos de ellos.