Ambientalistas de Kaapuera apoyan movimiento contra la Estrada do Colono en el Parque Iguaçu, del lado brasileño, y convoca a fortalecer la Mata Atlántica en toda la región. Emitieron un comunicado de prensa en ese sentido, advirtiendo sobre el riesgo ambiental.

Lunes 5 de julio de 2021 (Comunicado de prensa). El Frente Ciudadano Ambiental Kaapuera hace extensivo su apoyo a las organizaciones ambientales y civiles que se oponen a la reapertura de la Estrada do Colono por dentro del Parque Nacional do Iguaçu, en el vecino territorio brasileño, y repudia dicho proyecto por cuanto representa la fragmentación de la ya frágil Mata Atlántica o Selva Paranaense, bioma que compartimos los pueblos del Paraguay, Argentina y Brasil y del que dependen la calidad y cantidad de bienes imprescindibles para la vida, una de ellas el agua.
“Resulta imperioso recordar que queda muy poca Selva, que el remanente está cada vez más fragmentado y en ese contexto, la reapertura de la Estrada do Colono es aumentar y acelerar la fragmentación de ese frágil hábitat, lo que modifica el rol del área en la generación de aire puro, agua, equilibrio en el clima y otros servicios ambientales”, señaló el ambientalista Rulo Bregagnolo, de Kaapuera.
“La herida que provocan en la Selva del lado Brasileño, es una herida que nos hacen a nosotros porque repercute de manera directa en nuestro territorio y en nuestras vidas; basta recordar que compartimos los ríos”, agregó por su parte Raúl Aramendy, también de Kaapuera. “Estamos en un tiempo donde el Monte no puede y no debe retroceder un paso, debe restaurarse cada metro cuadrado de Selva, y los funcionarios públicos y los ciudadanos tenemos la obligación de contribuir a que esto ocurra porque de lo contrario aumentarán los problemas sociales, económicos y sanitarios; a nadie escapa que todos estos aspectos están estrechamente vinculados a la permanencia del Monte y a la calidad ambiental”, agregó.
En ese marco, desde Kaapuera se recordó que las Cataratas del Iguazú, compartidas por los Parques Iguazú de Argentina y Brasil, son Patrimonio Natural de la Humanidad, declarado por la Unesco, y que ambas áreas protegidas, junto a otras ubicadas en Misiones, son parte del corredor verde de Mata Atlántica, el último remanente continuo de este bioma en el mundo. “Todos sabemos que la salud de nuestra Selva es frágil; lo notamos en la escasez de agua en los ríos, con impacto directo, por ejemplo, en el turismo cuando las Cataratas pierden su caudal que las hacen atractivas; en vertientes que ya no están y que deberían ocuparnos porque la población sigue creciendo; en las repentinas inundaciones que tenemos cuando llueve, con un caudal que se tiñe de rojo, a causa de la ausencia del Monte que antes hacía de esponja, y así podemos enumerar más efectos de la fragmentación y pérdida de Selva y biodiversidad; entonces está claro que debemos fortalecer y no fragmentar más ese corredor verde”, explicó Bregagnolo.
De modo singular, Kaapuera recordó la intrínseca relación entre la Nación Guaraní y la Mata Atlántica, alertando que su fragmentación atenta contra el pueblo originario. “El Parque Nacional Iguazú, en cualquiera de las márgenes del río homónimo, es parte de la Selva interminable de la gran Nación Guaraní, territorio ancestral que sigue siendo un tesoro sin límites para la cultura originaria de lo que hoy llamamos América; para estos pueblos naciones uno hubo ni habrá límites fronterizos, y por eso el compromiso es común entre quienes habitamos la región”, describió Claudio Salvador, integrante del Frente Ciudadano Ambiental.
El Parque Nacional do Iguaçu fue creado en 1939. Es una de las mayores áreas de Mata Atlántica que queda en Brasil (en ese país, el 90 por ciento de este bioma fue destruido). Son 185 mil hectáreas, y el único lugar donde se evidenció un aumento de la población de yaguaretés, especie en riesgo de extinción.
La Estrada do Colono fue abierta 15 años después de haberse creado el Parque para el paso de los pobladores de los municipios de Serranópolis, de Iguaçu, y Capanema, en el oeste del Estado de Paraná. En 1986, el camino de 17, 5 kilómetros fue cerrado por decisión judicial al constatarse daños ambientales; luego fue habilitado y en el 2001, la Justicia Federal determinó su cierre nuevamente. Hoy, todo su tramo está cubierto de vegetación, es decir que la selva se está restableciendo ahí.
El proyecto de reapertura del camino es parte de la agenda en la Asamblea Legislativa del Estado de Paraná, y del Congreso Nacional, donde obtuvo la condición de régimen de emergencia, lo que le da tratamiento preferencial y podría ir a votación en cualquier momento. Dicha acción cuenta con el respaldo del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro.
Quienes defienden su reapertura sostienen que ello dinamizará la economía local; quienes se oponen, explican que el efecto será justamente el contrario, con efecto negativo en la economía y en la seguridad; alertan que los turistas no querrán visitar un parque que deforesta uno de los biomas más destruidos del mundo.
El pasado 21 de junio, más de 300 instituciones firmaron una nota, enviada al Congreso Nacional, en la que repudian la aprobación del requisito urgente de votación del proyecto de ley y destacan los puntos perjudiciales, entre los que se citan el aumento de la caza y el tráfico de animales; transporte de drogas, armas y bienes ilegales; daños al turismo y al desarrollo económico en el oeste de Paraná; y sentaría un precedente para la construcción de carreteras en áreas protegidas. En la misma línea, la Universidad Federal de Integración Latinoamericana (UNILA) advierte que el régimen de urgencia compromete el debate sobre la PL 984, ya que prescinde del análisis y posicionamiento de comités dentro de la Cámara de Diputados, como Medio Ambiente y Constitución y Justicia; y el Ministerio Público del Estado de Paraná y empresarios expresaron su oposición a la reapertura.
El Parque Nacional Iguaçu es el segundo más visitado del país (el primero es Tijuca, en Río de Janeiro). En 2019, recibió más de 2 millones de visitantes. Entre 2013 y 2016, el ingreso bruto de sus visitantes de pago fue de aproximadamente 25 millones de dólares, sin incluir la circulación económica indirecta (comercio, hoteles, restaurantes, entre otros), estimada en más de 40 millones de dólares, enfatizan quienes lideran la campaña que busca conservar el área protegida.