El resultado de las Paso podría ser un espejismo tanto para Juntos por el Cambio como para el Frente de Todos. Metafóricamente, se asemejarán a un cuerpo inyectado con esteroides anabólicos, inflado con músculos artificiales. Viejos zorros de la política anticiparon ya cuando se aprobó la ley en 2009 que con el correr de los años las Paso no resolvían las contradicciones internas. Es un error eludir la responsabilidad de listas de consenso convocando a votar a gente que tiene otras preocupaciones. Las diferencias después influyen en la gestión como le sucedió a Macri y a Fernández. Además nada garantiza la fidelidad del voto e incluso de la dirigencia.

Viernes 3 de septiembre de 2021. En Juntos por el Cambio y en el Frente de Todos se ha encendido una alerta por una, posible y muy probable, diáspora de votantes después del próximo domingo 12 en los distritos donde se dirimen las candidaturas en las Paso.
Alarmados por el enfrentamiento interno en la alianza Juntos, el poder fáctico y mediático ha salido a prevenir a la dirigencia. Tan es así que hoy a través del diario La Nación se les manda un mensaje o alerta roja. En una nota que titula: “La noche de las Paso desvela a la oposición”, se habla de “Juntos (pero no tanto)” y se observa críticamente la falta de trabajo en equipo y se pone la lupa sobre las ambiciones de los sectores que sólo funcionan en clave electoral y piensan las legislativas en función de posicionarse para 2023.
La misma preocupación se registra en los comandos del Frente de Todos al punto de que esta semana se forzó una reunión del Presidente con los candidatos de todos los distritos en un forzado intento de unificar discursos. Pero al limitar el encuentro a los precandidatos “oficiales”, la reunión no hizo más que alimentar los resquemores entre los sectores que no pudieron llegar a las elecciones con los consensos necesarios.
Aunque le hable a su gente, La Nación no hace más que poner sobre la superficie las distorsiones del sistema cuando subraya que “las Paso no son ningún punto de llegada. En buena medida, los próximos dos años se definirán recién dentro de dos meses. Aunque muchos opositores piensen y teman (quizá con razón) que en diez días se juegan su futuro. En Juntos prima la cautela: el resultado de las PASO podría ser un espejismo

Esteroides anabólicos
Aquí, en Misiones, un militante peronista, que tiene años en contiendas electorales, utilizó una metáfora más que ilustrativa: “el resultado de las Paso será para nosotros (el FdT) como un cuerpo inyectado con esteroides anabólicos”. Y para que se entienda explicó: “un cuerpo inflado con músculos y hormonas artificiales. Artificiales”, repitió para agregar una pregunta retórica, aunque en voz más queda: “te lo imaginás a Pedrito haciendo campaña para Arjol. Bueno lo mismo sería pensarlo a Sereno, después de quedar afuera de la rosca, haciendo campaña para el académico”.
En Misiones, cabe recordar, tanto Juntos por el Cambio como el Frente de Todos, llegan a las primarias del domingo 12 sin haber logrado armar listas después de los consensos necesarios para que la oferta electoral sea lo más clara posible.
En JxC hay cinco precandidatos, y en FdT tres, que dirimirán el orden de la lista habilitada para las elecciones de verdad que serán en noviembre.
Paradójicamente son los mismos dirigentes que viven criticando la ley de Lemas y pertenecen a las fuerzas políticas que en diciembre de 2009 en el Congreso de la Nación votaron en contra de la ley que establecieron las primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias, con el pomposo título de reforma política cuando era una mera reforma de la ley electoral.
Pero si la ley de Lemas abre la participación protagónica a ciudadanos independientes y en las elecciones suman sus votos a su espacio, en las Paso, los votos que respaldaron a un candidato que no resulta ganador, después en las generales pueden cambiar el sentido de su voto. Por ejemplo, hay radicales que si el candidato es del PRO o del Puertismo no acompañarán al Frente.
Una revisión al debate del 2 de diciembre de 2009 en el Senado, cuando se sancionó la ley, habilita una mirada que enriquece el momento, más de una década después. Desde el radical Naidenoff, al peronista Rodríguez Saá y hasta el neuquino del MPN, Horacio Lores, consideraron que la democratización de los partidos no podía ser sinónimo de delegar los asuntos de la conducción a la gente convocada obligatoriamente a elecciones que no les interesa.
Es decir que un amplio espectro de la dirigencia política que votó en contra de la ley preveía que superponer internas y en forma obligatoria además no evitarían su condición traumática. Vale recordar en este sentido los mismos argumentos planteados por el hoy canciller Felipe Solá para votar en contra en la Cámara Baja.

Las internas se trasladan a la gestión
Viejos zorros de la política anticiparon que con el correr de los años las Paso, fundamentalmente en las elecciones intermedias, verían distorsionadas su significación. Abre escenarios de especulación y aprietes porque el dirigente que pierde se puede bajar o incluso abrir una diáspora, al tiempo que el único votante cautivo es el que vota en contra, es decir que el voto leal es de la el de la grieta. Efecto opuesto al fortalecimiento de las doctrinas partidarias y de los partidos políticos como establecían los fundamentos de la ley que estableció las Paso en 2009.
De esta manera, las tensiones inevitables en la política en su faz agónica de construcción de poder popular, terminan disociando las campañas de las reales urgencias de la gente.
Paradojalmente, las fuerzas políticas que llevan una sola lista pueden, desde el consenso interno, establecer una comunicación con el electorado más coherente con el proyecto que expresan.
Estas serán las sextas elecciones primarias desde la reforma electoral. Ya hay experiencia para analizar. Desde la instalación del “bifrentismo” como opción electoral en 2015, se puede comprobar que las internas de las Paso no resuelven sus contradicciones. Las gestiones de Mauricio Macri y ahora de Alberto Fernández son más que pruebas de laboratorio, verdades incontrastables de cómo influyen en debilitar la toma de decisiones.