Desde el siglo XVIII las industrias culturales retransmiten los mitos del amor romántico, el amor monogámico, heterosexual, que cela, que es fiel. Estos y otros mitos pueden llevar a creer que sin alguien al lado, las personas están incompletas, ratificada con la idea también romántica de `la media naranja´. “Por supuesto que no hay ningún problema con la heterosexualidad ni con la monogamia. El problema, como siempre, es que se presente eso como lo único, verdadero, básico, universal, incuestionable”. Ese sistema –presentado como correcto- legitima la pertenencia de la otra parte porque me completa, y avala a los femicidas que explican que “la maté porque la amaba, porque era mía”. Esa necesaria deconstrucción de un sentido peligroso se aborda, por ejemplo, con la Educación Sexual Integral, la ley de 2006 que todavía resisten, explicó Jorge Ríos en Plural TV.

Jueves 15 de septiembre de 2022. Las clásicas historias de amor de Disney, de la literatura, de la música, reproducen los mitos del amor romántico. La media naranja, la exclusividad, los celos, la heterosexualidad, son presentadas como las únicas representaciones legítimas del amor que existen. Y se aplican en la crianza de los hijos: a ellas -desde los juegos- se las prepara para cumplir con las expectativas sociales apoyadas en esos mitos: conseguir pareja, casarse, tener hijos. A ellos, en cambio, enseñan a que no hace falta casarse ni tener hijos, es decir, con diferentes miradas sobre las mismas situaciones. “Con todos estos mitos y una crianza diferencial, con mandatos diferenciales para varones y mujeres y fortaleciendo esa estructura desigual, es la mujer la que históricamente viene sufriendo mayores abusos”, plantea el docente y activista Jorge Ríos desde su columna en Plural TV.
“Con el mito de los celos como demostración de amor se empieza a poner peligrosa la cuestión, se empiezan a producir muchas violencias. `La maté porque la amaba, la maté porque era mía´, dicen los femicidas y demuestran cómo el mito de poseer a la pareja amada produce violencia. El mito de la media naranja puede hacer pensar a la persona que su pareja es el único amor de su vida, sobre todo en la etapa de la adolescencia y si esa persona me deja, parece justificado decir ‘tengo que hacer algo para salvar esa relación’, y podemos estar atrapados y atrapadas en vínculos que son totalmente tóxicos, violentos, que pueden llegar incluso a niveles de violencia física muy peligrosos. Entonces me parece esencial que se implemente efectivamente la ESI”, planteó Ríos.
El Programa Nacional de Educación Sexual Integral fue creado por la ley 26150 del año 2006, pero aún hoy existe una gran resistencia por parte de directivos y docentes de muchas escuelas y por lo tanto, falta también una voluntad política más firme para aplicar la Educación Sexual Integral, aunque también hay muchos docentes que la apoyan y la trabajan. “También hay que decir que hay padres y docentes, familias, que la impulsan a pesar de las resistencias”, planteó Jorge Ríos en Plural TV, programa periodístico de Canal 4 Posadas.

La reflexión de Jorge Ríos en Plural TV

-¿Con qué tema venís hoy, Jorge?
-En la última entrega de esta columna abordamos la cuestión de la industria cultural. Hablamos de Netflix, de Hollywood. Nos preguntábamos si eso que algunas personas llaman inclusión forzada no será más bien una exclusión estructural. Y me pareció interesante seguir hablando de las industrias culturales, del cine, de la literatura también por qué no, y también expandirnos un poco hacia la música. Si te pregunto cuál es el cuento clásico de Disney, no actuales porque están cambiando, pero los que veíamos cuando éramos más jóvenes, ¿qué me decís?

-El príncipe y la princesa, la bella durmiente.
-La estructura básica de la bella durmiente, el príncipe y la princesa son de alguna manera paradigmáticos. Esa estructura narrativa clásica que son historias de amor. Y hoy me gustaría hablar eso, de los mitos del amor romántico. Que es lo que hemos aprendido. Y cuando hablamos de amor pensamos básicamente en esa matriz, en esa estructura. Ahí ya podemos pensar en el primer mito del amor romántico, que es la monogamia. Que el único amor válido y verdadero es monogámico, pero además de monogámico es heterosexual. Es decir, como hablábamos, el príncipe y la princesa. Uno podría decir: ¿Y cuál es el problema? Por supuesto que no hay ningún problema con la heterosexualidad ni con la monogamia. El problema, como siempre, es que se presente eso como lo único, verdadero, básico, universal, incuestionable. De hecho, ese amor de pareja entre un varón y una mujer no existió siempre. No siempre las sociedades se organizaron, como hoy lo hacemos, en torno a esa idea. En realidad, la idea de la pareja elegida románticamente recién se instaló a mediados del Siglo XVIII a través de la literatura. Está bueno pensar por dónde nos llegan hoy los relatos. Nos llegan por Netflix, por las películas, y hemos crecido viendo esas películas que hoy Disney empieza a cambiar, a ponerlas en tensión, y se modifican algunas cuestiones. Ya no es siempre el príncipe azul el que rescata a la princesa. Que, en esos roles activos y pasivos, donde él llega y la rescata y para rescatarla tuvo que pelearse, luchar, demostrar su valentía y su hombría. Ahí nos remetimos nuevamente a los mandatos de masculinidad y feminidad, donde en la crianza diferencial que se da entre los géneros, de chiquitos y chiquitas aprendemos esos géneros diferenciados. Como dos roles complementarios pero asimétricos, donde el varón tiene el rol activo, como decíamos, y la mujer el rol pasivo. Y cómo también impacta eso en las expectativas sobre varones y sobre mujeres. Ahí viene otro mito que es el mito de la media naranja. Que es básico en todo esto, para sustentar este modelo de vinculación. Que es que hay otra persona en el mundo que está destinada a completarnos. Y que si no logramos conocer a esa persona por alguna razón, no somos personas completas, somos mitades nada más. Entonces, está esta expectativa de que logremos formar una pareja, que además tiene que ser una pareja estable, en lo posible eterna, porque ese es otro mito más. Entonces vamos sumando varios mitos. El de la monogamia, el de la heterosexualidad, el de la media naranja. Es decir, esta cuestión de que hay alguien predestinado a conocernos y a completarnos. Y juntamente con el mito de la monogamia viene la exclusividad. La fidelidad en ese sentido, que solamente podemos estar con esa persona. Y podemos pensar por ejemplo, cómo los conflictos de parejas muchas veces tienen que ver con las tenciones que se producen con no poder cumplir con todos esos mandatos. Y aparece sumado a esto de la fidelidad, de la exclusividad, el mito de los celos como una demostración de amor. Y acá es donde se pone peligrosa la cosa y hay que empezar a prestar más cuidado porque ahí es donde se empiezan a producir muchas violencias. Por ejemplo, justificar el control, podemos bajar a cuestiones más cotidianas. Esta cuestión de controlar el celular de la pareja para ver si se está cumpliendo con el mandato de exclusividad. Una exclusividad que no tiene que ver con que se concrete una “infidelidad sexual”, sino solamente intercambiar mensajes o vincularse muchas veces con otras personas por sobre la pareja. Incluso, vínculos que no son románticos o sexuales, sino de amistades. Y en este esquema que vamos completando con todos estos mitos que venimos mencionando, al tener una crianza diferencial, mandatos diferenciales, varones y mujeres, y en esa estructura desigual que se da en general, es la mujer la que históricamente viene sufriendo mayores abusos. Y podemos pensar cómo se relaciona esto con la cuestión de la violencia de género y los femicidios. Donde muchas veces escuchamos de la boca de los propios femicidas que dicen: “la maté porque la amaba, la maté porque era mía”. Y sobre todo si pensamos en esta definición que da Rita Segato, la antropóloga argentina, que sostiene que los femicidios son crímenes disciplinadores. Donde el varón, por un lado, demuestra a las demás mujeres el dominio masculino sobre ellas, y por otro lado demuestra a otros varones que está cumpliendo con ese mandato máximo de ser varón que implica de alguna manera tener un control sobre el otro género, que son las mujeres.

-Y el custodio de esos mandatos en esa relación. ¿Él es el que custodia, no?
-Exacto. También pensemos que, en este esquema de las expectativas sociales, si yo soy un varón heterosexual grande, y no tengo pareja, soy un soltero digamos, no es la misma la valoración social que se hace sobre una mujer. Porque desde un principio la prioridad que da una mujer a conseguir pareja es diferente a la que se da en los varones. A nosotros nos enseñan que tenemos que hacerlo. Pero es complementario a otros mandatos de éxito social, de poder. Sin embargo, a las mujeres, en los juguetes, en los juegos, en los roles de género que se esperan, están vinculados a la maternidad, a la crianza de los hijos y de las hijas. Y con todas las consecuencias que finalmente tienen. Podemos decir que esto viene cambiando, sin embargo, si bien viene cambiando de a poco, y sobre todo en las últimas décadas, se está poniendo en tensión este modelo. También es muy resistido como todo lo que está establecido. Y de hecho la ESI, la Educación Sexual Integral, que, a través de sus cinco ejes, uno de ellos es valorar la afectividad, propone abordar -además de la cuestión de las masculinidades, por supuesto, además de la desigualdad de género- propone abordar los mitos del amor romántico para ponerlos en tensión porque ahí están las razones de los problemas. Por ejemplo, si me deja mi pareja, y haber pensado que ese era el amor de mi vida, podemos pensar si no nos habrá pasado esto en algún momento de nuestra vida, sobre todo cuando éramos adolescentes. Lo catastrófico que puede significar. Decir: “tengo que hacer algo para salvar esa relación”, y podemos estar atrapados y atrapadas en vínculos que son totalmente tóxicos, violentos, que pueden llegar incluso a niveles de violencia física muy peligrosos. Entonces me parece esencial que se implemente efectivamente la ESI. A más de 16 años de la sanción todavía hay muchísima resistencia en las escuelas. Recordar también que Misiones está en el segundo puesto de embarazos no intencionales en la adolescencia. Hay un montón de razones para pensar por qué la ESI debería ser una prioridad absoluta para nuestra provincia.

-¿Y no es prioridad para el Estado o las autoridades escolares?
-Es una cuestión cultural. Jurídicamente existe la Ley hace 16 años. Hay presupuesto. Existe el Plan ENIA, pero sí falta más voluntad política para implementarlo. Es una demanda de los y las estudiantes. En una encuesta que se hizo desde la secretaría de educación. Salió como una de las grandes demandas de los y las estudiantes de Misiones que se implemente la ESI. Y sí, hay mucha resistencia, sobre todo de parte de los directivos directivas, docentes. Pero también es esencial -así como es esencial, la política que marca cada directivo de cada escuela- también, por supuesto, la contundencia con que se marca desde la dirigencia política y la gestión…

-¿Viene siendo muy tibia?
-Exacto. Faltaría una voluntad muy firme. Creo que eso vendría muy bien.

-¿Y los docentes reclaman o aprovechan esta cuestión de que no hay mucha firmeza y lo van dejando pasar? ¿O hay escuelas que trabajan plenamente?
-Hay que decirlo. Por supuesto, a pesar de que la regla es que hay resistencia y muchas excusas de por medio para no implementar la ESI, también hay docentes que sí la apoyan. También hay directivos y directivas que sí la apoyan, la impulsan a pesar de las resistencias. Y también hay familias, y esto es importante, porque se tiende a pensar que ninguna familia quiere que se hable de ESI porque todas tienen tabúes al respecto. Pero esto no es así. Hay muchas familias que piden y exigen que se implemente la ESI. Sigue siendo un tema, no controversial sino muy resistido. Y que todavía falta mucho trabajo por hacer en ese sentido.

-¿Según tu experiencia es más resistido en las ciudades grandes o chicas?
-Yo personalmente trabajo en el tema, entonces tengo experiencia en primera persona respecto de esto. Y sí, se ve mucha resistencia en zonas no urbanas, sobre todo vinculadas a los credos religiosos y los mandatos religiosos en este sentido. Tienen mucho que ver con esto.