El cambio climático sigue siendo uno de los desafíos más apremiantes de estos tiempos. Si bien existen acuerdos internacionales y esfuerzos regionales, la acción colectiva no alcanza su pleno potencial. La necesidad de una cooperación global más sólida, una financiación adecuada y un compromiso genuino por parte de las naciones industrializadas son fundamentales para abordar los impactos del cambio climático en América Latina y en todo el mundo. La urgencia de la situación exige una acción concertada y decidida para garantizar un futuro sostenible para las generaciones venideras, indicó Silvia Kloster en su columna ambiental de Plural TV.

Domingo 8 de agosto de 2023. En medio de las preocupaciones mundiales por los impactos del cambio climático, la reciente ola de altas temperaturas y devastadores incendios forestales están en las agendas de los medios y la opinión pública. Europa y Asia sufren esta alarmante tendencia de aumento de temperaturas como resultado directo del cambio climático y sus vínculos con las emisiones de gases de efecto invernadero. A medida que el planeta se calienta, estas olas de calor se vuelven más intensas y prolongadas, poniendo en peligro tanto la salud humana como el equilibrio ecológico, planteó Silvia Kloster en Plural TV, al desarrollar su columna sobre ambiente.
En ese sentido, Kloster recordó que la temperatura promedio de la Tierra aumentó en cerca de un grado y medio en los últimos cien años, debido a las actividades humanas, como la quema de combustibles fósiles y la deforestación. Este aumento desencadenó –y desencadena– eventos climáticos extremos que afectan a todos los rincones del planeta. América Latina no es ajena a esta realidad y muestra sus propios problemas, desde sequías en Uruguay y tormentas en América Central, así como China –por ejemplo—registra inundaciones.
En Argentina, los problemas del cambio climático también están en la agenda. Si bien el país fue signatario de acuerdos internacionales, como el Acuerdo de París, que busca limitar el calentamiento global a menos de dos grados Celsius, los esfuerzos realizados hasta ahora son considerados insuficientes. “Hubo avances en la promoción de energías renovables” pero también hay esfuerzos para desarrollar el potencial de Vaca Muerta. “El desafío sigue siendo transformar la matriz energética y reducir las emisiones contaminantes”, enfatizó Kloster.
En simultáneo, la cooperación global en la lucha contra el cambio climático enfrenta desafíos propios. A pesar de los acuerdos y compromisos asumidos en las cumbres internacionales, la acción concreta a menudo se queda corta. Las naciones industrializadas, que históricamente son los mayores emisores de gases de efecto invernadero, enfrentan la responsabilidad de financiar y apoyar a los países en desarrollo en sus esfuerzos de mitigación y adaptación. El Fondo Verde para el Clima y el Fondo de Adaptación son ejemplos de mecanismos internacionales diseñados para abordar estos desafíos, pero su implementación efectiva no se concreta.
En la región, planteó, América Latina se organiza en bloques y grupos de trabajo para abordar los desafíos del cambio climático. Países como Argentina, Brasil y Uruguay comparten preocupaciones comunes y buscan soluciones conjuntas. Sin embargo, los intereses nacionales a veces pueden entrar en conflicto, especialmente en cuestiones como la gestión de recursos naturales y la adaptación económica.
Para las provincias argentinas, la adaptación al cambio climático es una prioridad urgente. Los impactos varían según la región, desde la amenaza de sequías y deshielos en la región de Cuyo hasta las posibles pérdidas de biodiversidad en los bosques de Misiones. Las provincias están elaborando planes de acción y mitigación para reducir las emisiones y enfrentar los efectos del cambio climático. Sin embargo, se requiere un mayor apoyo financiero y técnico para llevar a cabo estas iniciativas de manera efectiva, indicó Silvia Kloster, abogada especializada en temas ambientales, durante su paso por Plural TV, programa periodístico de Canal 4 Posadas.

Silvia Kloster en Plural TV

-¿Con qué tema venís hoy, Silvia?
-Con este tema que está en todos los medios, sobre las altas temperaturas, las zonas de calor y los incendios; sobre este aumento de temperatura extrema que están viviendo Europa, Asia, en esta época estival para ellos. No es sólo el aumento de temperatura sino también la duración de las olas de calor; que es uno de los efectos que tiene el cambio climático vinculado a las emisiones de gases de efecto invernadero, que hicieron aumentar la temperatura promedio de la tierra en un grado y medio en los últimos cien años, y que se traducen en estos eventos climáticos, estas dificultades respecto a conseguir espacios y tener una vida más fresca en la ciudad. Las olas de calor se profundizan en las ciudades, pero lo sufren todos los países; nosotros tuvimos lo nuestro en febrero y marzo. Esta es la tendencia vinculada, también, al aumento de los focos de incendio. Al haber mayor cantidad de temperatura es más difícil la reposición de la humedad en esas áreas y es más fácil que se generen esos focos de incendios. Por estos temas, los países están abocados a trabajar en un plan vinculado a prevenir y controlar los incendios. Hay mucha inversión de parte de los Estados nacionales y las jurisdicciones (provincias), para ver cómo pueden proteger los recursos, sobre todo los vinculados a los bosques. También afecta a los humedales, que con el calor, se pueden secar. Hay impacto no solo en el recurso agua, sino en la biodiversidad, en la calidad de vida humana, en la actividad turística y en la productiva, todo vinculado al aumento de temperatura. ¿Qué hizo el mundo respecto a esto? Hay acuerdos internacionales firmados, con la participación de Argentina, como el Acuerdo de París, con compromisos que tienen que hacer los países de ver cómo se adaptan a las situaciones extremas; también se ven tifones, huracanes, diferentes inundaciones, depende el lugar del planeta que elijas está más vinculado a los incendios o a inundaciones, como sucedió en China o sequías como en Uruguay. Montevideo se quedó sin agua porque se secó el curso principal que la abastece de agua potable. En Misiones también hubo lugares con baja de las aguas por falta de lluvia. Vemos que hay impactos. El recurso agua es fundamental para la vida, por eso hay que pensar esta cuestión en un sistema holístico, y la protección debe ir mirando la conservación, la mitigación, restablecer áreas degradadas, mejorar la gestión de los suelos.

-¿Se hace esto? Pregunto porque hace tiempo venimos charlando sobre esto, que hay acuerdos, compromisos y encuentros, pero cada vez estamos peor.
-Así es; los esfuerzos realizados hasta ahora son insuficientes. Todos los años los países se reúnen en las Reuniones de las Partes (COP en inglés) donde se analiza la letra chica, cómo llegar con el financiamiento y también se disimula mucho el compromiso; todavía falta una situación más clara de países que tienen una mayor responsabilidad, de países que tienen un mayor desarrollo, ya que los más desarrollados son los que producen mayores emisiones, por eso la responsabilidad de poner fondos a disposición de los países en desarrollo es netamente de ellos. El Fondo Verde para el Clima es uno de los fondos vinculados a mitigación, pero también está el Fondo de Adaptación, que es cada vez más reconocido y se está fortaleciendo; porque ahora no solamente debemos desarrollarnos bajando las emisiones, con la industria, con la gestión de los suelos, de los bosques, sino que también ahora hay que adaptarse a estas olas de calor, es decir, debemos generar más energía, tener en cuenta la cuestión de la salud por los golpes de calor, hay una franja etaria más sensible a esto. Como vemos, hay países que se inundan o tienden a situaciones muy dramáticas. En Argentina, si bien hay procesos que se están dando, la adaptación no es tan dramática como en otros países; hay países insulares que están muy preocupados por esto porque saben que un aumento de temperatura o una sequía los impacta más fuerte. En todo el mundo hay migrantes climáticos -no solo políticos o vinculados a la región- que son personas que migran porque no pueden desarrollarse económicamente en sus países. Incluso en Latinoamérica, sobre todo en algunos países de América del Sur y en América Central, sumado a la crisis política y económica del mundo, que no es menor. De todas maneras, esto viene a agravar la situación, sobre todo en los sectores más humildes que necesitan más asistencia. Hoy la problemática es esa, aparte de todo lo vinculado a ejecutar acciones y políticas concretas respecto a la cuestión de esta gente que se está mudando de ciudad, o de país, hay que pensar cómo Naciones Unidas debe hacer frente a esto y todo lo relacionado a daños y pérdidas, algo que se ha hablado muchísimo en la última COP, donde se revaloriza todas las pérdidas vinculadas a los cambios de temperatura que los países debieron soportar. En general los países en vías de desarrollo son los que alzan su voz, pero a la hora de la verdad falta más dureza en estos acuerdos.

-¿Dureza, como qué?
-Dureza en cuanto a los compromisos, que son insuficientes. A veces se comprometen a hacer algo y después no lo cumplen, como China, que después habilitó la generación con carbón, cuando esto es absolutamente contaminante. Deberíamos pensar en las energías renovables; Argentina también debe avanzar en eso. En la temática generalmente hay un doble discurso, entre lo que el otro quiere escuchar y lo que realmente se ejecuta. Pero para qué ir a China, si Argentina no es menor respecto a esto: por ejemplo, el desarrollo de Vaca Muerta. Los recursos renovables no van a solucionar la demanda energética total, pero van a mitigar la situación, y debemos tratar de apoyar esto, no como algo esporádico –si bien Argentina está apoyando con programas a las provincias, es insuficiente–, debiera ser mucho más y no pensar tanto en seguir quemando combustible; hoy se habla de la transición del gas. La guerra en Europa es un tema que también desmotivó ya que con todas las políticas militares y demás, la generación de energía se ha mareado y hoy se habla del gas como la solución para cubrir necesidades. Por eso te digo que todavía hoy, lamentablemente, hay un doble discurso. La responsabilidad de Naciones Unidas es ponerse los pantalones, no salir solamente a hablar, sino que haya un compromiso más fuerte con fondos mucho más ágiles, porque en realidad el dinero está disponible pero la ejecución de los proyectos para los países en vías de desarrollo es sumamente engorrosa, no viene nunca: hablamos de millones que no llegan. Argentina tampoco fue muy creíble en estos últimos años, lo que no es un tema menor. Hay que ejecutar los fondos de una manera mucho más fácil para los países en miras de la adaptación al cambio climático.

-¿Hay acuerdos por bloque o por región? ¿Integramos algún bloque? ¿Con quiénes?
-Estamos en un bloque junto con Brasil y Uruguay; hay otros bloques que Brasil comparte con otros países; también estamos en el G20. Para determinados temas, en lo referido a la política internacional vinculada al cambio climático y sobre todo en mitigaciones y adaptación, los países trabajan en bloques; una política diferente es la que tiene Venezuela con otros aliados que son petroleros; Brasil también va cambiando. En distintos temas se unen esfuerzos y se suman en grupos.

-¿Las problemáticas son comunes?
-Así es, pero a veces es la visión del país referida a un recurso, cómo quiere gestionarlos; hay cuestiones que nos unen, intereses que a veces tienen que ver con Sur-Sur, entonces ahí los países se suman. China también se vincula con Estados Unidos, pero per se tiene un soporte que si uno se pone de acuerdo queda establecido que es la posición de Estados Unidos, pero en los países en vías de desarrollo se utiliza estos bloques para poder negociar.

-¿Se escucha a los países en vías de desarrollo?
-Las provincias no tienen la posibilidad de participar en las negociaciones, lo hace el Ministerio de Ambiente de la Nación, con Cancillería. Aunque el año pasado, las provincias tuvimos una reunión para que los negociadores en estos temas nos comenten cómo vienen trabajando. Sería bueno que las provincias pudiéramos conocer previamente las negociaciones.

-¿No se va armando una agenda?
-Hay una agenda porque todo el año se trabaja con metodologías, se analizan los documentos, con propuestas, reclamos; a veces con cosas menores, como si una coma cambia el significado. Ves a los negociadores que los últimos días negocian hasta altas horas de la noche, vuelven y lo chequean con su gobierno, vuelven a salir. Esto es lo que hemos percibido.

-¿Las posiciones políticas de nuestros países cambian de acuerdo a sus gobernantes? ¿Gobiernos como el de Alberto Fernández y Lula en Brasil tienen una coincidencia de ideas frente a otras fuerzas políticas en nuestras regiones sobre estos temas?
-Creo que Argentina fue un poco más consecuente en los últimos años, pero en Brasil –por ejemplo—hubo un cambio político muy importante al igual que puede ser Venezuela. Tiene mucho que ver la mirada política en esto, porque también se relaciona con la disposición de los recursos. Brasil venía arrasando los bosques con una gran deforestación; ahora aparentemente han vuelto a tener un ministerio, hay personas que antes de Jair Bolsonaro venían trabajando muy bien, ahora les han vuelto a dar una categoría y una responsabilidad, incluso dicen que redujeron la desforestación y, en principio, deberíamos creerles. Cada país tiene una mirada diferente, pero en algunas cuestiones se suman porque esto hace la diferencia, ya que es difícil que un país pequeño pueda avanzar solo, excepto que tenga un gran recurso que quiera poner en valor solo, pero en general se hacen acuerdos.

-¿Estos problemas climáticos que estamos viviendo impactan en provincias como las nuestras?
-Las olas de calor se van a seguir sintiendo; respecto al régimen de lluvias, en general afecta por regiones. Además, si bien la cantidad de agua que cae es la misma, va a ser diferente la frecuencia y la intensidad; también nos afectan las grandes olas de calor y los incendios que generan. El impacto depende del área; por ejemplo, en la zona pampeana se corrieron un poco las zonas de lluvias; la zona cuyana se ve afectada con la escasez de agua y derretimiento de los glaciares. Cada región va a tener un impacto distinto. También está el impacto en la biodiversidad: con estos aumentos de temperatura, las especies no llegan a adaptarse; por eso es tan importante no superar este grado y medio, o dos, antes de 2030, que es la posición internacional del Acuerdo de París. Argentina presentó sus compromisos de emisiones, hay una segunda contribución nacional y ahora nos toca a las provincias hacer nuestro plan. Como todas las provincias, Misiones lo está terminando y lo va a presentar a fin de año. Este plan se presenta al Gabinete Nacional de Cambio Climático –Misiones también tiene un gabinete–, al área de Coordinación Técnica y ellos, de alguna manera, controlan que las provincias hayan cumplido todos los pasos.

-¿Hay contradicciones entre las provincias al elaborar estas agendas?
-Creo que más que contradicciones hay intereses.

-Entonces hay contradicciones (risas)…
-Hay intereses. Pasa que cada provincia tiene sus recursos más importantes, como sucede en Cuyo con la minería, nosotros con los bosques. Creo que todos unifican sus posiciones cuando nos toca hacer algún esfuerzo y Argentina tiene que reconocer este esfuerzo de las provincias, de alguna manera, porque las actividades como la industria y lo relacionado a la mitigación y la adaptación se hacen en el territorio. Los territorios –provincias, municipios- son los primeros afectados. Esto nos unifica en los reclamos que tenemos relacionados a la disposición de fondos vinculados a los planes de respuesta, que van a ser la gran expectativa para 2024, porque este año presentamos los planes que establecen medidas para cada sector, como son energía, transporte, industria, infraestructura y residuos. Para cada sector hay que proponer un nivel de reducción de emisiones, así es que uno propone y dice cómo va a cumplir; esto lo están haciendo las provincias. Para septiembre seguramente lo vamos a presentar al Gabinete y después habrá que ver cómo nos asisten económicamente.

-Elaboramos todo, lo entregamos y después esperamos los recursos para ver cómo lo podemos aplicar…
-Algo que no se ha dado con la Ley de Presupuestos Mínimos, que nos obliga a las provincias a presentar. Hay un montón de cosas para hacer, monitoreos, cuestiones técnicas, que en realidad no hay un fondo disponible para esto, sí hay cierta asistencia o colaboración técnica. Pero hoy por hoy si le tenés que decir a un empresario que debe mejorar alguna cadena de su producción o debe implementar otro tipo de tecnología, o le das la posibilidad de generar energía, o de que pueda reducirla o mejorar el transporte -que es el gran emisor-, debés darle también una contención económica, no solamente hay que decirle que debe hacer algunos esfuerzos. Es el gran tema que, creo, que el país tendrá que poner a disposición de las provincias.

-¿Cuál es la agenda de Misiones en estos reclamos o esperas que tenemos de Nación?
-Básicamente va a estar en agenda la posibilidad de conseguir fondos para nuestro plan; también creo que se está hablando mucho del mercado de carbono, este escenario internacional que ya existe, para ver cómo las provincias podemos acceder a esto; también la Nación está trabajando en un plan estratégico, donde las provincias también deberíamos tener una participación directa, para ver cómo podemos presentar estos proyectos de mitigación al mercado internacional de certificación de reducción de emisiones; como provincia vamos a tener esa posibilidad. Creo que las provincias debemos tener también un reconocimiento económico de este esfuerzo, y que no quede disipado en un fondo internacional, porque nosotros también debemos tener un registro de nuestros proyectos que reducen. Esos proyectos son la reducción, lo que se vende, y hay que establecer metodología; contabilizar (lo que se reduce en emisiones). Entonces contabilizo cuánto reduzco de emisiones por una actividad determinada, y esta cantidad tiene un valor en el mercado internacional de reducción de emisiones.