Isabella Stang enfrenta una carrera contrarreloj para acceder a una terapia experimental orientada a personas con encefalopatía crónica no evolutiva. Fue aceptada en un protocolo de investigación clínica que se desarrolla en México. Su familia impulsa una campaña solidaria para reunir los fondos necesarios antes de fin de año: necesitan reunir más de 75 millones de pesos para acceder a un tratamiento experimental.
Esta entrevista forma parte de la cobertura especial de Plural sobre Isabella Belén Stang, la niña misionera aceptada en un protocolo experimental de investigación clínica en México.
Notas relacionadas:
«Avanzamos mucho», cuenta Doris, la mamá
«La esperanza se construye superando problemas», dice Sergio, el papá
Isabella quiere recuperarse y jugar
Martes 23 de junio de 2026. La historia de Isabella Belén Stang comenzó con una batalla que lleva casi toda su vida. A los 9 años, la niña de Puerto Rico, Misiones, convive con una encefalopatía crónica no evolutiva (ECNE), conocida popularmente como parálisis cerebral, una condición neurológica que afecta principalmente su movilidad y que la acompaña desde los primeros meses de vida.
Hoy, junto a sus padres, atraviesa una nueva etapa marcada por la esperanza y la incertidumbre. La familia fue aceptada en un protocolo experimental de investigación clínica que se desarrolla en Monterrey, México, y que podría abrir una nueva posibilidad de mejora en su calidad de vida. El principal obstáculo es económico: necesitan reunir más de 75 millones de pesos para concretar el viaje y afrontar el tratamiento.
Isabella nació prematura, a las 32 semanas de gestación. Durante sus primeros meses comenzó un seguimiento médico vinculado a su prematurez, pero alrededor de los siete meses sus padres advirtieron signos que llamaron la atención de los especialistas. El aumento del tono muscular y las dificultades para alcanzar algunos hitos del desarrollo motivaron nuevos estudios.
Una resonancia magnética detectó una lesión cerebral. Con el paso del tiempo llegó el diagnóstico definitivo: encefalopatía crónica no evolutiva con cuadriparesia espástica, una condición que compromete la movilidad de las cuatro extremidades, especialmente las inferiores.
Aquella noticia modificó por completo la vida familiar. Sin embargo, lejos de resignarse al pronóstico inicial, Doris Alles y Sergio Stang comenzaron una búsqueda permanente de alternativas terapéuticas. Durante años Isabella realizó estimulación temprana, kinesiología, neurodesarrollo, equinoterapia, terapia emocional, estimulación visual y otros tratamientos complementarios. Actualmente continúa con terapias especializadas orientadas a fortalecer su autonomía y sus capacidades motrices.
Los resultados de ese trabajo sostenido aparecen en cada aspecto de su vida cotidiana. Los médicos llegaron a plantear dudas sobre si lograría sentarse por sus propios medios. Hoy Isabella puede hacerlo sola, se desplaza reptando por el piso para ganar independencia, participa de actividades recreativas, asiste a clases de inglés, realiza gimnasia rítmica y mantiene una vida social junto a otros niños.
La posibilidad que ahora moviliza a toda la familia surgió a partir del contacto con NeuroCytonix, un centro de investigación clínica radicado en Monterrey. Según explicó la familia, Isabella fue aceptada para participar de un protocolo experimental basado en tecnología de estimulación mediante radiofrecuencia. Esta terapia y sobre este tratamiento da cuenta la película de Netflix Los dos hemisferios de Lucca. El film narra una historia real sobre la esperanza de una familia por lograr mejores condiciones de vida para su hijo, la misma esperanza que impulsa a los padres de Isabella.
Doris y Serio saben que -y lo remarcan- que se trata de una investigación clínica y no de un tratamiento convencional aprobado como terapia definitiva. Por esa razón, también saben que los resultados pueden ser mínimos. Sin embargo, consideran que representa una oportunidad concreta para intentar mejorar funciones motoras y cognitivas en una etapa clave de su desarrollo.
La intención es viajar antes de fin de año. Para lograrlo impulsan la campaña solidaria “Juntos por Isabela” (con el alias para juntar fondos: juntos.por.isabela), una iniciativa que combina donaciones particulares, rifas, bonos de contribución y distintas actividades organizadas por familiares, amigos y vecinos. El nombre de la niña se escribe con doble L (Isabella) pero tanto el alias para las donaciones como la propia página web (https://juntos-por-isabela.com.ar/) y las redes (https://www.facebook.com/juntos.por.isabela/) y (@juntos.por.isabela) que dan a conocer esta situación están escritas con una sola L (Isabela).
Detrás de la campaña aparece una historia que excede los números. Durante nueve años, Isabella y su entorno enfrentaron terapias, rehabilitaciones, estudios médicos y desafíos cotidianos que para muchas familias pasan inadvertidos. También construyeron una certeza: los diagnósticos explican una condición médica, pero no determinan por completo el futuro de una persona. Lo saben y lo dicen sus padres.
Mientras la recaudación continúa, la familia mantiene intacto el objetivo. Reunir los fondos necesarios para llegar a México y ofrecerle a Isabella una oportunidad más en un camino que, desde el primer día, estuvo marcado por la perseverancia.
Para colaborar, las donaciones pueden realizarse al alias: juntos.por.isabela, a nombre de la mamá de la niña, Doris Alles.
