Tiene nueve años, asiste a terapias, estudia en casa y participa de actividades recreativas. Le gusta pintar, jugar con su hermana y estar rodeada de gente. Mientras su familia impulsa una campaña para acceder a un tratamiento experimental en México, que le pueda ayudar a mejoras su parálisis cerebral, Isabella sostiene una rutina atravesada por la infancia, la socialización y la voluntad de participar en cada actividad.

Esta entrevista forma parte de la cobertura especial de Plural sobre Isabella Belén Stang, aceptada en un protocolo experimental de investigación clínica en México.

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Martes 23 de junio de 2026. La vida de Isabella Belén Stang transcurre en un espacio donde conviven dos dimensiones que rara vez se separan. Por un lado, la rutina médica: terapias, ejercicios, controles y una organización diaria orientada a sostener su desarrollo neurológico. Por otro, la infancia: juegos, vínculos, escuela en casa y actividades que la conectan con otros niños de su edad.
Esa doble condición define su cotidianidad sin reducirla a un diagnóstico.
Isabella tiene nueve años y una personalidad que su entorno describe como abierta, sociable y activa. Le gusta jugar a las escondidas, comer milanesas y tomar sopa y compartir tiempo con su hermana Sofía. Prefiere estar acompañada y busca de manera constante la interacción con otras personas, tanto en su hogar como en los espacios donde realiza actividades.
La escuela en casa organiza parte de su día, pero no es un límite. A eso se suman clases de inglés, gimnasia rítmica y encuentros con otros niños que funcionan como espacios de socialización más allá del circuito terapéutico.
En ese entramado cotidiano, las terapias ocupan un lugar central. Kinesiología, observaciones y estimulación neurológica forman parte de una rutina que se repite con la misma naturalidad con la que otros niños asisten a actividades escolares o deportivas. La diferencia no está en la edad, sino en la intensidad del acompañamiento necesario.
La familia sostiene que muchos de los avances logrados en estos años se explican por una combinación de tratamientos, trabajo sostenido y predisposición de la propia Isabella. Los médicos, en etapas tempranas, llegaron a plantear dudas sobre su capacidad para alcanzar ciertos hitos del desarrollo. Con el tiempo, varios de esos pronósticos fueron superados.
Hoy Isabella puede sentarse por sus propios medios, se desplaza reptando para ganar autonomía y participa activamente de sus actividades cotidianas. No se trata de logros aislados, sino de avances que reconfiguraron la vida diaria de la familia.
En la entrevista realizada por Plural, Isabella respondió con naturalidad a preguntas simples. Habló de sus juegos, de sus gustos y de su vida cotidiana. Nombró la milanesa como una de sus comidas preferidas, mencionó el arroz y la sopa, y eligió la escondida como su juego favorito. Se mostró fanática «de Puerto Rico», por sobre cualquier otro club deportivo.
Su relato no se detiene en la condición médica que atraviesa su vida. Se mueve entre actividades, deseos y vínculos, con la espontaneidad propia de su edad.
También expresó entusiasmo ante la posibilidad de viajar a México. Sabe que existe un tratamiento en estudio al que fue aceptada y que su familia impulsa una campaña para reunir los fondos necesarios.
Cuando se le pregunta por ese viaje, la respuesta es breve y directa. «Sí».
Detrás de esa palabra aparece una expectativa simple: la de cualquier niña que imagina un próximo destino sin cargarlo de significados adicionales.
La campaña solidaria “Juntos por Isabela” avanza en paralelo a esa vida cotidiana. Mientras la familia organiza recursos, actividades y donaciones, Isabella continúa con su rutina de juegos, terapias y escuela en casa.
Entre ambos planos —el médico y el infantil— se construye una historia que no se agota en el diagnóstico ni en la expectativa terapéutica. Se sostiene, sobre todo, en una niña que sigue participando de su propia infancia con una insistencia que no se interrumpe.

Para colaborar, las donaciones se pueden realizar a través del alias: juntos.por.isabela a nombre de la mamá de la niña, Doris Alles.