El padre de Isabella habla de los años transcurridos desde el diagnóstico, de la rutina familiar, de la campaña para llegar a México y de una convicción que se fortaleció con el tiempo: seguir avanzando, aun cuando el camino parece demasiado largo.
Esta entrevista forma parte de la cobertura especial de Plural sobre Isabella Belén Stang, la niña misionera aceptada en un protocolo experimental de investigación clínica en México.
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Martes 23 de junio de 2026. La vida de Sergio Stang se ordena alrededor de una lógica simple y exigente: resolver lo inmediato para sostener lo posible. Lejos de la consigna, esta práctica diaria se consolidó desde que el diagnóstico de su hija, Isabella, obligó a reorganizar tiempos, prioridades y expectativas.
Recuerda que el proceso no tuvo un punto de quiebre único. Fue una acumulación de decisiones, consultas médicas y aprendizajes que se fueron encadenando desde los primeros meses de vida de Isabella. Primero la prematurez, luego las señales neurológicas, más tarde los estudios que confirmaron una lesión cerebral y, con el tiempo, la certeza médica de una encefalopatía crónica no evolutiva.
“Uno aprende a vivir resolviendo cosas de a poco”, sintetiza. Así también aprendió a ser padre, de esa niña primeriza que lo toma de la mano para esta nota mientras sonríe casi todo el tiempo.
En ese recorrido, la familia incorporó rutinas que mezclan trabajo, terapias y organización doméstica. Las jornadas comienzan temprano y se extienden hasta la noche, con traslados, ejercicios y acompañamiento constante. La estructura cotidiana no admite pausas prolongadas, pero tampoco se sostiene sin coordinación entre los adultos del hogar. «Yo estoy cansado, pero la mamá tiene doble carga porque es la que está más tiempo con las niñas», admite.
Sergio trabaja por la mañana y al mediodía regresa a su casa para compartir el almuerzo familiar. La tarde queda marcada por actividades terapéuticas y traslados. La noche vuelve a cerrar el ciclo con la misma repetición que estructura los días. No hay épica en esa descripción, sino continuidad. Y mucho esfuerzo.
Esa continuidad también se refleja en la forma en que la familia enfrentó la búsqueda de alternativas terapéuticas. Durante años consultaron especialistas, exploraron opciones y sumaron tratamientos de rehabilitación que incluyeron kinesiología, estimulación temprana y abordajes de neurodesarrollo. La idea central fue siempre la misma: ampliar posibilidades más allá del pronóstico inicial.
En ese contexto aparece la actual campaña que busca los fondos que les permita acceder a un protocolo experimental en México. La propuesta proviene de un centro de investigación clínica en Monterrey, donde Isabella fue aceptada para participar de un tratamiento en estudio que utiliza tecnología de estimulación neurológica mediante radiofrecuencia.
Este proceso narra, con detalles, la película de Netflix «Los dos hemisferios de Lucca».
El proceso incluye evaluaciones previas, un período intensivo de intervención y controles posteriores. La familia lo define como una oportunidad, sin desconocer su carácter experimental ni la ausencia de garantías sobre los resultados.
“La esperanza está, pero no hay certezas”, resume Sergio.
El principal obstáculo es económico. El costo total del tratamiento supera los 75 millones de pesos, una cifra que excede cualquier capacidad de financiamiento familiar. La respuesta fue la organización de una campaña solidaria que comenzó con una cuenta de donaciones y se expandió rápidamente con rifas, bonos y actividades impulsadas por su entorno.
“Hay mucha gente ayudando. Sin eso, no sería posible ni intentarlo”, señala.
La dinámica de la campaña convive con la vida cotidiana sin desplazarla. El cuidado de Isabella, la atención de su hermana menor y las tareas laborales continúan marcando el ritmo de los días. En ese equilibrio inestable, la familia sostiene una idea que atraviesa todo el relato: avanzar sin detenerse en lo que aún no se resolvió.
Sergio no habla de milagros ni de soluciones definitivas. Habla de procesos, de etapas y de pequeñas mejoras que, con el tiempo, reconfiguran la vida de una familia.
En esa perspectiva, la posibilidad de viajar a México no aparece como un punto de llegada, sino como un nuevo tramo dentro de un recorrido más largo.
Un recorrido que, desde el inicio, se construye sobre una premisa concreta: seguir buscando.
Para colaborar, las donaciones se pueden realizar a través del alias: juntos.por.isabela a nombre de la mamá de la niña, Doris Alles.
