Un amilitancia activa y ávida de peronismo participó del acto frente a la sede partidaria, en una movilización que el propio gobernador bonaerense calificó como inédita en las últimas dos décadas. Christian Humada abrió el encuentro y Axel Kicillof cerró con un discurso centrado en el rol del Estado, la crisis económica y la construcción de una alternativa peronista nacional.

Miércoles 9 de septiembre de 2026. El peronismo misionero volvió este miércoles a ocupar la calle con una movilización que no se veía en Posadas desde hacía alrededor de 20 años. Entre 3.000 y 4.000 personas, según una estimación realizada durante el acto, se concentraron frente a la sede del Partido Justicialista de Misiones y extendieron la convocatoria sobre la avenida, en una escena que combinó militancia, dirigentes, banderas, cantos y una fuerte presencia territorial.
Axel Kicillof llegó al palco a las 18.46 junto a Christian Humada, en medio de aplausos, consignas y abrazos entre antiguos militantes. La escena tuvo un componente político evidente: dirigentes y sectores del peronismo que durante años ocuparon espacios separados confluyeron alrededor de una visita que buscó mostrar que el PJ puede recuperar capacidad de movilización en Misiones.
Ahí estaban el presidente del peronismo misionero como anfitrión, Christian Humada, y el presidente del Partido Justicialista bonaersense, Axel Kicillof, también gobernador de Buenos Aires.
Humada abrió el acto con una recepción directa. “Bienvenido, Axel”, dijo, antes de remarcar el contraste entre la situación actual y la que atravesaba el peronismo misionero apenas cuatro meses atrás, que no tenía conducción. También anticipó una estructura militante dispuesta a recorrer la provincia y aseguró que, cuando Kicillof defina su futuro político, contará con militantes para acompañar ese proceso en Misiones.
“La tierra colorada hoy te acaricia, Axel”, expresó Humada ante la multitud.
Antes de los discursos, Kicillof trajo un regalo al PJ misionero: un busto de Juan Domingo Perón. El gesto funcionó como una señal política dentro de un acto que recuperó símbolos históricos del justicialismo y que tuvo una respuesta inmediata de la militancia.
El gobernador bonaerense llegó a Misiones acompañado por ministros y diputados y durante la jornada recorrió el Colegio de la Innovación, la Biofábrica y una cooperativa yerbatera. Desde el escenario, destacó el contacto que mantuvo con trabajadores y estudiantes y vinculó esas visitas con su lectura de la situación económica y social de la provincia.
“Impresionante Misiones. Tanto cariño, tantas ganas”, dijo Kicillof, antes de destacar que hacía aproximadamente 20 años que no observaba un acto peronista de estas características en Posadas, con una avenida cortada y una concentración multitudinaria frente a la sede partidaria.
La respuesta de la calle llegó en forma de cánticos de “Axel presidente”.
El discurso del gobernador bonaerense tuvo como eje la defensa del Estado y una crítica frontal al rumbo económico del gobierno de Javier Milei. Kicillof sostuvo que la crisis atraviesa a distintas provincias y sectores productivos y planteó que el Estado conserva responsabilidades que el sector privado no puede asumir por sí solo.
Su recorrido por Misiones le permitió llevar ese planteo al terreno concreto. Habló de la educación pública después de visitar la Escuela de Innovación, la bifábrica, la producción en inmediaciones de Apóstoles y de conocer de primera mano la situación de la economía regional tras el encuentro con trabajadores de una cooperativa yerbatera.
En la Escuela de Innovación, relató, encontró estudiantes comprometidos con la educación pública gratuita y de calidad. A partir de esa experiencia cuestionó la idea de que el Estado constituye un obstáculo para el desarrollo y sostuvo que el Gobierno nacional avanza sobre instituciones que considera fundamentales para garantizar derechos.
Kicillof también utilizó la crisis de las economías regionales para ampliar su diagnóstico. Mencionó la actividad forestal, la yerba mate, el té y el turismo y sostuvo que la caída del consumo interno afecta directamente a las provincias productivas.
En ese punto incorporó una crítica específica a la política exterior del Gobierno nacional y cuestionó el deterioro de la relación con Brasil, al que definió como principal socio de la Argentina. También rechazó que el país quede involucrado en conflictos internacionales ajenos a sus intereses («Argentina no está en guerra con nadie», dijo) y reivindicó una política exterior vinculada con la tradición argentina de paz.
La mayor parte de su discurso estuvo atravesada por una interpretación política del momento: para Kicillof, el resultado de las políticas de Milei abre una oportunidad para reconstruir al peronismo. “Hay que aprovechar esta fuerza que no está derrotada”, sostuvo.
El gobernador bonaerense afirmó que distintos sectores de la ultraderecha intentaron dividir y aislar al peronismo y planteó que la concentración de Posadas demuestra que ese proceso no logró desarticular al espacio.
También cuestionó el ajuste económico. Recordó que Milei llegó al poder con la promesa de enfrentar a “la casta” y sostuvo que el Gobierno terminó conformando una administración que, según su interpretación, protege a sectores privilegiados mientras el costo del ajuste recae sobre los sectores populares y la clase media.
En otro tramo de su exposición, cuestionó las políticas aplicadas sobre las universidades y volvió sobre la situación de jubilados y trabajadores. Su argumento buscó conectar la realidad que observó durante la recorrida por Misiones con una crisis de alcance nacional.
La crítica también alcanzó a la política del Gobierno nacional hacia las provincias. Kicillof sostuvo que la Argentina atraviesa un proceso de debilitamiento del federalismo y cuestionó la ausencia de un proyecto nacional que contemple las necesidades de los distintos territorios.
En ese contexto apuntó contra la estrategia electoral del oficialismo y mencionó las recorridas del ministro del Interior, Diego Santilli, a quien acusó de utilizar recursos y asistencia estatal como herramienta de presión política sobre las provincias. El objetivo del ministro nacional es lograr la reelección de Milei y para ello debe trabajar en la eliminación de las PASO, disparó.
El discurso tuvo así dos planos. Por un lado, una crítica al modelo económico de Milei y sus efectos sobre el trabajo, el consumo, las economías regionales, la educación y las universidades. Por otro, una apelación a reconstruir una alternativa peronista con capacidad territorial y presencia en las provincias.
El cierre de la jornada dejó una imagen que excedió el contenido de los discursos. La concentración frente a la sede del PJ, la avenida ocupada y la presencia de miles de militantes ofrecieron al peronismo misionero una demostración de fuerza que el propio Kicillof situó como excepcional para los últimos 20 años.
El acto duró aproximadamente 45 minutos y terminó con la militancia todavía concentrada frente a la sede partidaria. Para el PJ Misiones, la jornada dejó una fotografía política buscada: la recuperación de la calle como escenario de disputa y la posibilidad de construir una nueva etapa a partir de una convocatoria que volvió a reunir a dirigentes y militantes alrededor de una identidad peronista común.
El dato político más concreto de la jornada está allí. Después de años de menor exposición callejera, el PJ volvió a llenar una avenida en Posadas. Lo que esa movilización representa electoralmente todavía deberá medirse en el territorio y en las urnas. Por ahora, la imagen muestra capacidad de convocatoria y una voluntad explícita de reconstrucción política.