El desaire perpetrado por Macri a los González en Eldorado tiene una lectura categórica: demuestra el grado de insignificancia del ucerreísmo en Misiones. Interpreta que no le suma ni votos ni densidad ideológica. Fue un duro golpe para los directivos del partido, y corolario de lo realizado desde 2013, pero no producto de errores en cadena sino del desvío doctrinario y la incapacidad de comprender el momento histórico que los encuentra en la vereda de las corporaciones.

Posadas (15 de diciembre de 2015) El desaire perpetrado por Mauricio Macri a los hermanos González en sus propios dominios territoriales tiene una lectura categórica: pone de manifiesto el grado de insignificancia del ucerreísmo en Misiones. Peleando voto a voto para entrar en el balotaje el candidato del PRO se supone dispuesto a sumar de cualquier manera. Por eso cobra una especial significación el ninguneo a los candidatos de la UCR local cuando esta semana llegó a Eldorado en una visita que no se entiende desde la lógica de su campaña. ¿Por qué forzó un espacio en su apretadísima agenda que lo requiere en lugares donde realmente se juega el destino de su postulación? Evidentemente, no fue a sumar votos porque terminó expulsando a los ucerreístas. Cabe interpretar entonces que gastó parte de su tiempo para marcar la cancha y dirimir a favor de la alianza Vamos Juntos la pulseada por su candidatura en Misiones. Hay que recordar que la UCR local, después de negarse a formalizar una alianza con el PRO, se presentó como Lista 3 en las PASO. Gestiones de Gustavo González y Luis Pastori lograron que la Justicia Electoral los autorizara a colgarse de la boleta de Macri en las elecciones del 25. Sin ser invitados se colaron en la fiesta de los globos amarillos con ayuda del patovica de la puerta. Y Macri fue a Eldorado, y no a Posadas, porque allí tienen domicilio los candidatos a gobernadores de la UCR y el PRO. Pero a no confundirse, Alex Ziegler no existe en el mundo macrista, Macri fue a Eldorado, más que a buscar votos provinciales, a sostener la candidatura de Humberto Schiavoni a diputado nacional, candidatura que después de la surealista jugada de la UCR corre peligro

PÉRDIDA DE LA IDENTIDAD: Desde un abordaje al interior de la UCR, el desplante de Macri es el corolario de lo actuado por los directivos del partido desde la esperanzadora recuperación del 2013. Entonces pudieron consagrar cinco diputados al parlamento misionero y recuperar una banca en el Congreso de la Nación. La estrategia tuvo como eje central la recuperación de la identidad simbólicamente expresada en la presentación de la tradicional Lista 3. La mística del alfonsinismo y su impronta en la provincia estuvo en el imaginario colectivo, al que le cuesta dejar atrás el desastre de De la Rúa. El apoyo popular mostraba el camino. Sin embargo, los directivos del partido confundieron el enfoque. Con la lógica de la partidocracia empezaron a gestionar y no a generar políticas. Seducidos por el poder económico, las alfombras rojas y las cámaras de la televisión, se fueron deslizando, casi imperceptiblemente, a la vereda de los poderes corporativos. Pastori, González, Bordón y hasta el todavía influyente Barrios Arrechea, se dejaron cautivar por las falsas antinomias para repetir acríticamente la consigna clarinesca de que la contradicción fundamental del país es república – populsimo. No hace falta apelar a la teoría para refutar lo que simplificadamente entienden los conservadores por república ni enredarse con la lectura de Laclau para reivindicar el populismo, no hace falta la academia para comprender que ese discurso oculta las verdaderas intenciones de las derechas: el debilitamiento de la política como expresión de la soberanía popular. En el manifiesto del Movimiento Nacional Alfonsinista, Leopoldo Moreu recuerda que “desde el primer minuto del 10 de diciembre de 1983 en adelante esta puja entre el poder democrático y los poderes corporativos estuvo presente en cada paso que se iba dando”. Recuerda también que Raúl Alfonsín sostenía: “La democracia está siempre vinculada a la pretensión de lograr la transformación del poder entendido como forma de dominación”. Y siguiendo con Moreau: “los treinta años de estabilidad democrática constituyen un período lo suficientemente extenso para haber superado problemas del pasado y, a la vez, encontrarnos con nuevos desafíos. Pero particularmente han significado el recorrido de un camino de experiencias que deben dejarnos enseñanzas. Una de ellas es que, a pesar de la mutación de las relaciones de poder que le ha dado supremacía a la soberanía popular, los poderes fácticos no resignaron su aspiración de tutelarlos o restringirlos…La experiencia que hemos acumulado nos enseña que hay que reunir mucho apoyo y masa crítica para seguir ampliando los derechos de los ciudadanos en detrimento de los privilegios de las minorías, que siempre están al acecho para volver a imponer sus condiciones. No es una conclusión que nazca de una mirada conspirativa de la historia sino de la historia misma. Queremos construir sobre lo hecho. No nos confundimos. Nada ni nadie nos moverá de al lado del pueblo, ni de la defensa de los objetivos nacionales. Pretendemos representar la ética de la solidaridad y no los intereses de los grandes grupos económicos de adentro y de afuera. Tenemos en claro que la disputa de ayer fue lograr la supremacía de la soberanía popular sobre el autoritarismo y que el eje de las tensiones de hoy es el modo de la distribución del ingreso…Nos organizamos para no ser rehenes del sensacionalismo, la superficialidad y el vacío político al que quieren empujar a la sociedad…nuestra raíz proviene de luchas populares, que no pueden ser bastardeadas ni ignoradas al momento de decidir de qué lado estamos hoy”.
Desde esta perspectiva, el lugar al que fue llevada la UCR de Misiones en el tablero político, no es producto de errores en las negociaciones para armar una gran alianza republicana anti K y anti R. No es producto de un error en la búsqueda de acuerdos al sentarse en la mesa del macrismo o del puertismo, ni siquiera producto de una cadena de errores. Es producto de sentarse en esas mesas perdiendo el rumbo, renunciando a la identidad del radicalismo.

EL HOMBRE SIN PERTENENCIA: Desde estas columnas hablamos siempre de “ucerreísmo”. Es totalmente intencional. Remite a la UCR como aparato. Reservamos la noción de “radicalismo”, a la proposición política que apunta a una reforma total y profunda del orden social y económico. Y hablamos de “directivos” para referirnos a los que mandan desde posiciones de poder en una empresa. Reservamos la categoría de “dirigentes” a los políticos que se ponen al frente de los procesos para marcar rumbos. Desde esta precisión del lenguaje, podemos remitir el cuadro de situación de la UCR a lo sucedido con el peronismo cuando se mimetizó con el neoliberalismo. Los cuadros dirigentes iniciaron la diáspora para pelear por los principios peronistas desde afuera del aparato. Abandonaron la famosa “cáscara vacía” a la que se aferraba el duhaldismo y figuras como Barrionuevo y el Momo Benegas. El poder real, el permanente, los usó un tiempo. Mientras inició la construcción de un espacio, el de Macri, el genuinamente representante del conservadurismo argentino. Entonces pudieron ser desechados. Es la sensación que viven los ucerreístas misioneros. Ni de aliados los quieren. Es que el poder económico ya no los necesita. Macri los echó del círculo rojo en Eldorado. Los González, los Pastori, se quedaron huérfanos, como a mitad de camino. Es tarde para volver a rasgarse las vestiduras en nombre del pueblo. Son como hombres sin pertenencia. Políticamente se convirtieron en entes trágicos, incompletos y sin posible identidad. ¿Con qué grupo social se identifican? No es fácil la respuesta cuando se quedaron sin pares. Este ucerreísmo, que niega sus tradiciones no tiene claro a quién está dispuesto a defender ni por quién está dispuesto a trabajar.
Mientras, el radicalismo se reorganiza por fuera del aparato. “No está en nuestros planes ni plantearnos el regreso al partido”, dijo aquí en Posadas Moreau. La expresión de “lo radical”, que sigue vivo en varios sectores y clases sociales, está buscando otras vías, otra institucionalidad. El pueblo nunca renuncia a su identidad.

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