Se sabe que un eventual gobierno de Macri será el gobierno del poder financiero e implicará un retroceso en las conquistas sociales y el quiebre de las pequeñas y medianas industrias que alimentan el mercado interno. No obstante muchos argentinos privilegian el odio a Cristina. Por eso son inmunes a la razón. Sin embargo, se está gestando una movida por abajo que remite a las sublevaciones del 17 de Octubre y el bicentenario. ¿Alcanzará?   

La gran mayoría de los argentinos sabemos del grave efecto económico y social que generaría un gobierno de Macri. El contraste de los dos modelos de país que están en disputa es puesto en el centro del debate por Scioli, por la Presidenta, y aquí por Rovira, Closs e innumerables dirigentes que ponen el pecho en defensa de lo hecho después del desastre del neoliberalismo. Sin embargo, Macri viene a Posadas, dice generalidades,  baila en la Bajada Vieja y gana adhesiones. Pareciera que no hay razón iluminista que logre convencer. Se sabe, porque Macri lo hace saber por deslices programados de sus asesores económicos. Se sabe porque son los mismos que ya sometieron el poder político del Estado a las decisiones del Fondo Monetario, y del poder financiero. Se sabe por lo que hizo Macri en la Capital. Pero, no hay con qué darle. Los asalariados perderán sus capacidad de compra, cerrarán industrias, primero las medianas, después las pequeñas, los industriales yerbateros tendrán respaldo para pagar menos por la hoja verde, los comerciantes se quejarán porque Encarnación será más barato, y muchos bajarán las cortinas, habrá menos recursos para viviendas, los grandes se irán quedando con las tierras que adjudicó el Estado en los últimos años. Todo esto se sabe. No es que Macri saldrá volando en helicóptero a los dos meses. Al contrario, recibirá la mejor herencia de cualquier gobierno en la historia nacional: un Estado desendeudado. Hecha la devaluación, la pulseada al interior de los sectores  económicos habrá sido dirimida a favor de exportadores y los bancos y habrá pax cambiaria. Y entrarán capitales, de los golondrina, a engrosar las reservas del Banco Central. Y el gobierno de Macri, como en los tiempos de Menem, podrá crear un clima de prosperidad. Ya lo vivimos. Tomará deuda para pagar los primeros créditos y más deuda para seguir pagando y así, hasta que, igual que en 2001, no pueda reprogramarla más aunque lo tenga a mano a Federico Sturzenegger que negociará un megacanje. Pero todo volverá a implosionar. Y los primeros en salir a pedir su renuncia serán los que lo votaron. Con sus cacerolas de teflón. Todo esto se sabe. Pero así y todo no les entra bala: lo van a votar. ¿Argumentos? El autoritarismo de la yegua, que son todos corruptos, que los presos cobran sueldo, que la plata de los jubilados y miles de otras cuestiones periféricas que no hacen al nudo de lo que está en juego. ¿Cómo hacer entonces en las dos semanas escasas de campaña para convencer?

MILITANCIA CONTRA MARKETING: Los argumentos que en su “racionalización”, para utilizar un término de diván, nublan, precisamente la razón para justificar el odio como motor, son los mismo en una pequeña quiosquera de barrio, que en comerciantes, en profesionales, de aquí, de Andresito, las grandes ciudades argentinas y La Quiaca.  Evidentemente, toda la cloaca que se reproduce acríticamente en las redes sociales, tienen una matriz. ¿Cómo logra reproducirse e introyectarse en las conciencias sin limitaciones de clases sociales?  Es el poder del discurso hegemónico. Se filtra no sólo desde los medios, también desde espacios impensados de la cultura, de la interpretación de la historia, de la construcción de un “sentido común” que tiene una elaboración añeja aceitada desde los poderes fácticos.  Es cuando cobran significación las palabras de Carlos Rovira cuando tres días después del acto electoral reunió a intendentes consagrados y a candidatos que no llegaron. Habló de una rebeldía “que empieza a gestarse en la Argentina periférica, lejos del puerto”. Una rebeldía que, aseguró, se va a ir acrecentando. Y sin perder tiempo, el 28 de Octubre señaló “que este es el momento de poner esa rebeldía en marcha”. Alentó también a la militancia al distinguir propaganda de acción política. “Parece, sólo parece –subrayó-  que está cediendo la militancia  transformadora a productos de marketing político o a los dictados de los multimedios del país central proponiendo un candidato hecho por ellos mismos”. Y volvió a reiterar en su aliento a la militancia “parece que a la luz del resultado del domingo, parece y no digo por nosotros, pero sobre todo por la luz de Buenos Aires y de los medios, parece ser que estamos cerca de una gran derrota. Entonces me obliga a compartir estas reflexiones con ustedes y poner en marcha, aunque ya está en marcha, el mecanismo electoral y político de la Provincia de Misiones”.

EL SUBSUELO DE LA PATRIA SUBLEVADO: Aquellas expresiones de Rovira remiten al legendario Scalabrini Ortiz cuando narra el 17 de Octubre: . Frente a mis ojos desfilaban rostros atezados, brazos membrudos, torsos fornidos, con las greñas al aire y las vestiduras escasas cubiertas de pringues, de resto de brea, de grasas y de aceites. Llegaban cantando y vociferando unidos en una sola fe (…) Un pujante palpitar sacudía la entraña de la ciudad (…) Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento básico de la nación que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto (…). Presentía que la historia estaba pasando junto a nosotros y nos acariciaba suavemente como la brisa fresca del río. Lo que yo había soñado e intuido durante muchos años, estaba allí, presente, corpóreo, tenso, multifacetado, pero único en el espíritu conjunto. Eran los hombres que están solos y esperan que iniciaban sus tareas de reivindicación. El espíritu de la tierra estaba presente como nunca creí verlo.”  Nadie lo había visto. Escapaba al “sentido común” de la política argentina antes de la irrupción del peronismo. 

LA MISMA PATRIA DEL BICENTENARIO: Contextos históricos sociales diferentes,  motivaciones diferentes, pero esa rebeldía a la que apela Rovira remite insoslayablemente no sólo a la reacción popular del 17 de Octubre sino también a la más reciente del 25 de Mayo de 2010.  De manera silenciosa y festiva una ola de multitudes fue ocupando los espacios liberados para los festejos del Bicentenario. Una manifestación multitudinaria estimada en  2 millones por día de personas se animó a enfrentar el miedo, el pesimismo y el clima apocalíptico que propagaban los medios hegemónicos para desalentar los festejos. La derrota de las elites fue aplastante. Como señalan sociólogos, la sociedad recuperó en esas jornadas el espacio público como espacio donde se reconstruyeran las heridas de las décadas anteriores: la pérdida de la libertad, la pérdida de la inocencia, la pérdida del Estado como elemento aglutinador. Cristina fue la gran ideóloga del espacio público como espacio de reencuentro de la mano de la cultura. Ahora, la gente no se va nunca más de la calle. La gente ganó la calle para lo bueno y para lo malo, para las plazas del sí y las del no”. La clase dominante quedó estupefacta, relata una crónica de entonces y recuerda “la crema y nata de la alta sociedad tuvo “su” festejo lleno de implicancias. Fue en el Teatro Colón con motivo de su reinauguración. Teatro Colón que pretendían mostrar como orgullo de símbolo nacional (que en un sentido estrictamente cultural puede serlo) pero que en verdad se sabe que es un icono de la “alta sociedad”. Simbólicamente no representa gran cosa para el pueblo trabajador -que tiene su acceso inmensamente restringido- sino más para las elites gobernantes. Por eso no extraña que la señora Mirta Legrand -esa paqueta señora reaccionaria y feroz gorila- hiciera festejos de sus obscenos almuerzos, allí mismo junto a Macri. Y que Macri mismo en un honesto -anacrónico, pero honesto- deseo de clase, manifestara que tendríamos que recuperar la Argentina del Centenario”. Nuevamente Macri y los dos modelos. El bicentenario de los festejos públicos y masivos, y el de los festejos privados para los privilegiados. Eduardo Aliverti algo de esto está diciendo cuando afirma que “la movida espontánea por abajo, en las calles, en las redes, en ambientes diversos, en la pelea voto a voto, asoma más fuerte que las señales salidas desde referentes y dirigencia mayor”. Destaca también que el  gran diseño discursivo de la campaña de Scioli es sólido, respecto de haberse plantado en que hay dos modelos en disputa, pero la referencia a la patria sublevada aparece como última esperanza.