closs ayreault

Los ataques mediáticos centrados en Closs replican en Misiones de la campaña mediática instalada por el poder hegemónico con el propósito de destruir el legado del gobierno que más avanzó en la redistribución de la riqueza en el proceso democrático iniciado el 30 de octubre de 1983. Son viejas metodologías. Los mismos ataques fueron dirigidos a César Napoleón Ayreault cuando dejó el gobierno. Sin embargo hoy se lo recuerda por sus obras.
Por Carlos A. D´Onofrio

Posadas (Viernes, 15 de julio). Maurice Closs utilizó ayer su cuenta de Facebook para replicar acusaciones mediáticas que replican en la provincia la campaña de la restauración conservadora instalada para destruir el legado del gobierno que más avanzó en la redistribución de la riqueza en el proceso democrático iniciado el 30 de octubre de 1983.
Si bien Closs salió al cruce específicamente de las inconsistentes denuncias de haber construido el parque acuático de Puerto Libertad en una zona inundable del lago Urugua-í, también hace referencia a las muchas ocasiones que en los últimos meses “fui atacado de manera sistemática”.
Con todo el derecho político y moral de gobernar ocho años sin el menor atisbo de controlar al periodismo, el hoy diputado nacional subraya: “no está en mi ánimo polemizar con nadie y menos aún poner en tela de juicio el rol de la prensa, por más ácida que alguna sea conmigo”.
Es así que decide romper el silencio: “mi voz también quiero que sea escuchada”, dice. Es una decisión cargada de tensiones, porque hablar en el contexto que dibuja el poder mediático implica entrar en el juego. Quedarse callado puede entenderse como un aval a las denuncias, al mismo tiempo responder corre el riesgo de viralizarlas. Es que hay una ecuación muy simple en la política de comunicación del macrismo, entendiendo por macrismo a todo el poder fáctico que lo sostiene en el gobierno, hacer el “trabajo sucio” sin discutir políticas sino condenando al gobierno anterior con denuncias por corrupción. Es lógico. El neoliberalismo elude el debate político porque es un terreno donde pierde inevitablemente. Sería un suicidio, en términos de lucha cultural, ponerse a discutir modelos de desarrollo social y económico. Por ejemplo ponerse a discutir sobre el crecimiento agropecuario en base a producciones extensivas para la exportación o privilegiar la agricultura con agricultores para una soberanía alimentaria. Discutir si es sustentable el crecimiento de la industria maderera protegiendo el mercado interno o abrirse a las importaciones como está sucediendo ahora. Discutir también el rol del Estado en la construcción de viviendas. Y así, Estado promoviendo el consumo o Mercado librado al poder financiero.
Quizá el cacerolazo de anoche en todo el país, esa forma reactiva que tiene la clase media argentina de manifestarse, debería abrir una nueva etapa en la política comunicacional del macrismo. Ya no alcanzan los López, Pérez Corradi duró un suspiro, Báez terminó involucrando a las empresas de los Macri, sin embargo, los medios hegemónicos no se dieron por aludidos. Les cuesta admitir que ya no pueden tapar el sol con una mano.
De todos modos, Closs también le dio tiempo al nuevo gobierno y no se sumó a las voces que en el Congreso optaron por contrastar modelos sin concesiones. “Mi rol –destaca ayer- se limitó a acompañar los criterios del Gobierno y de la Política de la Renovación, en todo lo que pude ayudar desde el Congreso de la Nación”.
Esta decisión encuadrada en el espíritu colaborativo para sostener las instituciones de la República, si bien contribuye sustancialmente a la paz de los argentinos, al mismo tiempo es entendida por el poder y sus gurkas de la comunicación como debilidad. Esta interpretación se desprende de la sola lectura de la tapa de los diarios y las declaraciones del Presidente y su gabinete. A pesar de los antecedentes que tienen, entre los que los Panamá Papers son suficientes, critican con desparpajo la corrupción del gobierno anterior como el mal central de la economía nacional. Sólo el famoso megacanje le costó a la Argentina valores mil veces superiores a todas las valijas y bolsas que investiga el Partido Judicial. Es decir que el problema es otro aunque, siempre hay que prevenirse de lecturas sesgadas y afirmar que esto no es avalar a nadie. Que los que roban vayan presos.
Pero hay que recalcar, que los misioneros, como todos los argentinos, quedamos atrapados en esta discusión secundaria, diríamos policial. La discusión es otra.
En el caso del parque acuático de Libertad lo que se oculta en el debate es su realización y no el absurdo de que se inunda cuando se eleva la cota del lago. Lo que subyace en la denuncia es una disputa al poder político por la toma de decisiones. El diario no se anima, porque sería políticamente incorrecto, criticar directamente la decisión de construir un parque de esa naturaleza en el norte de la provincia, sólo lo desliza al remarcar el monto de lo invertido. Y eso es Política. Un gobierno conservador cooptado por los poderes concentrados sólo invierte en obra pública en los centros más poblados, donde sean eficientes de acuerdo con su criterio economicista. Closs tomó la decisión de invertir en el parque como estrategia para el desarrollo turístico del norte de la provincia. Y esa es la cuestión.
“El corrupto de Ayreault se pasea libremente por la ciudad” fue un título publicado en 1963 por El Territorio utilizando expresiones de un oscuro dirigente de la Unión Cívica Radical del Pueblo que no quedó registrado en la historia. Por lo visto estas campañas de desprestigio personal para oscurecer obras de gobierno no son nuevas. Vale como reflexión preguntarse si con el tiempo los misioneros recuerdan al gobernador de la UCRI como un chorro o un verdadero hacedor. Hasta no hace mucho, su memoria rendía en las campañas electorales como referencia simbólica de gobiernos progresistas.

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