Hubo un tiempo en que las exposiciones tenían un ritual extraordinario, una parte casi la más importante de la muestra, que era la inauguración, el vernisage al atardecer, el rito del brindis con el autor, y una ojeada por el museo o galería, al final de jornada laboral.

La luz del sol siempre se cuela por alguna rendija y distorsiona el color ideado por el artista. El cineasta Eisenstein, fundamentalista, exigía ir al museo a altas horas de la noche para observar bien una obra. Juan Catalano prefirió no estar en este acontecimiento tan solemne y burgués y continuar su vida diaria, y dejar que las obras de su exposición llamada Arte y vida hablaran por sí mismas, allí en el Parque del Conocimiento.
Es “el gordo Catalano” para algunos amigos y aunque ya no es gordo sigue siendo el mismo para los viejos amigos que preservan el apodo cuando lo visitan y comparten un mate en la vereda, en el legendario micro-living de madera que instaló en la puerta de su casa y recientemente desmanteló para pasárselo a Piringo su vecino de enfrente; banco y mesa recuperados de una época en que había un tren turístico en San Ignacio, donde vivió con su familia durante catorce años, en una casa que bautizaron con el nombre de “Casa de Bellas Artes”, que funcionaba como galería de sus obras.
Huellas y luna, y Mujer con sandia, las obras elegidas para el catálogo, demuestran los colores que pasaban por su mirada, por su paleta, los colores del mural de la bajada vieja casi Costanera, obra presente en esta muestra por medio de un audiovisual. Todo el armamento, la colocación, de una antología es casi ajeno al autor, eso tienen estos homenajes, estas invitaciones, que el marketing, la puesta en escena y el diseño gráfico terminan acercando al autor a un Milo Locket o un Paez Vilaró, lo que definitivamente no pasaría si miráramos la misma obra hace 30 años, en el contexto de su gestación.
Catalano nació en Santa Fe en 1944, pero tanto tiempo en la provincia y una actitud y obra tan de acá lo hacen misionero. Comenzó su vida artística en talleres de amigos, compartiendo mates con Areco, asomándose a todo tipo de expresión artística. Poeta, pintor, músico, escultor; aunque su extrema humildad lo lleva a identificar como su obra mayor el arreglo de la suela del zapato de Goyo, un eterno amigo.
Casi sin la necesidad, pulsión o demanda social de publicar, con pocas exposiciones, es más frecuente que toque timbre en la casa de un amigo y le entregue una poesía hecha a mano porque se había inspirado en él o recordado.
Arte y vida es una muestra divertida, casi una excursión perfecta si una escalera más íntima uniera mejor los dos pisos que separan las salas (ese futuro llegará, siempre llega al C.C).
Muestra a la que hay que volver, mirar con otros ojos, revisar, pasear por cada cuadro y por la recreación de su taller de artista a diferentes horas del día. La expo estará hasta el 28 de agosto, de martes a viernes de 8 a 18 horas, y los sábados, domingos y feriados de 15 a 20 hs. Pero, eso sí, en una resolución de conservación muy adecuada, a las salas de exhibición no se puede pasar con mate, (el vapor del agua perjudicaría la pintura) verdadera probable causa de la ausencia del autor.

Santiago Morales